viernes, 17 de mayo de 2013

¿Nacen todos los seres humanos en estado de condenación incluyendo a los elegidos?


Saludos hermano Julio, tengo unas dos inquietudes que me gustaría conocer su respuesta, primero:¿nacen todos los seres humanos en un estado de condenación,si de entre ellos DIOS ha predestinado a algunos para vida eterna? y lo otro es,¿que importancia tiene el versículo de Marcos 1:44,en una exposición de este libro?,gracias por su colaboración,esperare su respuesta bendiciones. (Javier, Facebook)

 
 
Apreciado hermano Javier,

 

Gracias por enviarnos sus preguntas.

Empecemos por la primera pregunta: ¿Nacen todos los seres humanos en estado de condenación, así Dios haya predestinado a algunos entre ellos?

Es una pregunta bastante interesante y forma parte de las ancestrales discusiones entre los infralapsarios y los supralapsarios. Desde los tiempos de la reforma propestante en el siglo XVI los teólogos debatieron ardientemente a favor de una u otra teoría, es decir, el decreto de predestinación precedió o fue después del decreto de la caída; en otras palabras ¿cuándo Dios decretó salvar a unos y condenar a otros lo hizo teniendo en cuenta la caída o no? El Dr. Berkhof resume esta discusión de esta manera: “Según los supralapsarianos, Dios, aún en el decreto de creación y en el de permiso de la caída, tenía su mirada fija sobre cada una de los elegidos, individualmente, de tal manera que no hubo un solo momento en el decreto, en que ellos no conservaran una relación especial con Dios como sus amados. Por otra parte, los infralapsarianos, sostienen que este elemento personal no apareció en el decreto sino hasta después del decreto de creación y del que permitió la caída. En los decretos mismos, el elegido está incluído simplemente en la masa total de la humanidad y no aparece como objeto especial del amor de Dios”[1].

Aunque la mayoría de las iglesias reformadas históricas adoptaron la posición infralapsaria, no se condenó a los que se idenfiquen con la supralapsaria, pues, ambas interpretaciones tienen bastante apoyo bíblico.

Pero, hablando en términos más sencillos, y acudiendo a la Biblia como máxima norma en materia de fe y conducta, podemos afirmar lo siguiente:

Todos los hombres nacen en condición de pecado, bajo la ira de Dios, enemigos de todo lo santo y dignos del infierno:

-       “… todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Ro. 3:9-12).

-       Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potesta del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás(Ef. 2:1-3)

 

Jesús muchas veces afirmó que él vino a salvar a pecadores, “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). La condición en la cual nacen todos, elegidos o reprobados, es de perdición.

 

Por cierto, la doctrina de la redención y la propiciación nos dejan ver que la muerte de Cristo en cruz fue necesaria porque aquellos a los cuales él quería salvar se encontraban en estado de perdición, condenación y ruina espiritual.

 

Todos nacen muertos en delitos y pecados, condenados por la ira de Dios, pero cuando el decreto de elección se hace visible en la vida del elegido, a través de la conversión a Cristo y el arrepentimiento de los pecados, pasamos de “muerte a vida” (Juan 5:24; 1 Jn. 3:14).

 

Ahora, esto no echa por tierra la verdad bíblica que los elegidos son amados por Dios, incluso antes de su conversión, pues, él nos conoce desde antes de la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice en Efesios capítulo 2 que éramos hijos de ira, pero también dice “Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecado” (v. 4). Pablo también afirma que Dios amó a Jacob, antes que hubiese hecho bien o mal (Ro. 9:11, 13). Por lo tanto, los elegidos están puestos en un lugar especial de amor en el corazón de Dios, desde el mismo decreto eterno; pero esto no significa que las personas nacen en estado de salvación, sino que efectivamente serán salvos por Dios, quien les dará el don de la fe y el verdadero arrepentimiento.

 

Ahora, muchos niños elegidos mueren en su tierna infancia, pero aunque ellos no pueden profesar fe en Cristo, la gracia de la elección hecha efectiva a través de la obra de Cristo, opera en el bebé de manera especial regerando su corazón e implantando en él la fe en Jesús.

 

Su servidor en Cristo,

Julio César Benítez


 

Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/



[1] Berkhof, Luis. Teología Sistemática. Página 141

jueves, 16 de mayo de 2013

¿Qué es el neo calvinismo? ¿Cómo identificar el neo calvinismo? ¿Cuáles son los peligros del neo calvinismo?


Hermano Julio quiero si el es posible de ayudarme con información sobre el (neo calvinismo)si es verdad que se esta introduciendo dentro de algunas de las congregaciones reformadas,y cuales son estas, agradezco su atención y colaboración. (Javier – Facebook)





Gracias por enviarnos su interesante pregunta.

En años recientes la palabra “neocalvinismo” ha empezado a sonar con alguna fuerza, especialmente entre los bautistas reformados de Inglaterra y algunos en USA. Es difícil determinar todo lo que incluye el término, pues, para algunos hace referencia al nuevo movimiento de reforma que está extendiéndose por muchas naciones, incluyendo a algunas latinoamericanas como Rep. Dominicana, Colombia, Perú, etc. Es decir, los que en este sentido usan el término neo calvinistas se refieren al reciente despertar que hay en algunas iglesias evangélicas hacia las doctrinas de la gracia y el pensamiento reformado.

Por otro lado, este término hace referencia a algunas tendencias contemporáneas que, según los analistas del calvinismo, están imponiendo algunos de los líderes más connotados entre las iglesias de corte reformado (John Piper, Wyne Grudem, Tim Keller,  entre otros). Estas nuevas tendencias son, entre otras: el cultivo o proyección de la imagen internacional de un pastor o predicador prominente, cierta apertura a un pluralismo evangélico reformado tanto en doctrina como en conducta, flexibilidad en algunos temas fundamentales de la fe reformada (soteriología, escatología, etc), amplitud en la forma de celebrar el culto de adoración, especialmente al adoptar ritmos modernos populares para la música en la adoración; creencia en un continuismo moderado de los dones carismáticos; psicologización de la consejería bíblica, "mundanalización" de los jóvenes vistiendo y usando atuendos en el cuerpo como los incrédulos. 
No sería conforme a la verdad afirmar que los predicadores mencionados entre paréntesis estén de acuerdo con todas estas tendencias, sino que, los analistas del neocalvinismo consideran que ellos están involucrados en una o varias de estas preocupantes tendencias.

Bueno, el tema es difícil de tratar, especialmente porque en este momento hay un despertar generalizado en el mundo evangélico hacia las doctrinas de la gracia. Obviamente, esto trae como consecuencia que cristianos de diferentes trasfondos denominacionales empiecen a identificarse como reformados o calvinistas; por lo tanto, no es extraño hoy día encontrar sacerdotes anglicanos que se identifican como reformados, los cuales conservan las formas litúrgicas elaboradas de la iglesia de Inglaterra. También encontraremos pentecostales que se hacen llamar reformados, es decir, pastores que tienen una forma particular de adorar al Señor, o que hablan en lenguas, pero a la vez tienen los cinco puntos del calvinismo. Lo mismo sucede con otras denominaciones.
Ahora,  todo cristiano de trasfondo reformado debe experimentar gozo al saber que muchas iglesias están abandonando las doctrinas humanistas del arminianismo y están empezando a comprender las verdades gloriosas del evangelio centrado en Cristo y no en el hombre; este es el evangelio al cual denominamos “las doctrinas de la Gracia”.
Pero, surge un asunto que es de gran importancia y que los pastores y teólogos reformados debemos empezar a considerar en serio: ¿Debemos permanecer impasibles frente a la introducción de creencias o prácticas ajenas a nuestra preciosa doctrina y permitir que la fe reformada se convierta en una colcha llena de retazos de diferentes formas y colores, con el fin de que todas las denominaciones con sus trasfondos particulares quepan dentro de lo que llamamos las Iglesias Reformadas, o, por el contrario, debemos procurar establecer una clara diferencia entre lo que es el movimiento histórico de la reforma y las iglesias que aceptan algunas doctrinas calvinistas?
Esto puede sonar jactancioso, orgulloso y exclusivista para algunos, especialmente porque estamos viviendo en mundo pluralista. Pero, creo que una de las cosas que más daño le está haciendo actualmente a la iglesia de Cristo es esa capacidad de mimetizarse que han desarrollado las iglesias actuales en medio de un mundo en constante cambio, es decir, las iglesias de hoy día no quieren quedarse atrás en ninguna de las innovaciones que algunos “predicadores” de talla internacional introducen a través de la televisión, el internet u otros medios.
Pondré un ejemplo de lo que quiero decir: hace algún tiempo visité una ciudad de la costa atlántica colombiana. El domingo quise congregarme en una iglesia bautista, donde pudiera adorar al Señor con mis hermanos, cantando preciosos himnos y escuchando una predicación expositiva centrada en Cristo, pues, eso es lo que ha caracterizado a las iglesias bautistas. Pero, oh, no grata sorpresa, el tiempo de cantos, danzas y espectáculo duró más de una hora, no se entonaron los preciosos himnos que han caracterizado a la liturgia bautista, sino que al ritmo de tambores, guitarras eléctricas, panderos y guiados por un grupo de baile, se entonaron dos o tres canciones cuyas emotivas y lacónicas estrofas se repitieron una, dos, tres, y no se cuántas veces más. Al final de la “predicación”, si pudiera llamarse así, el pastor concluyó con un triste espectáculo de sanaciones, liberaciones y otras cosas características de algunos movimientos extremos carismáticos.
Realmente, en esencia, esta no es una iglesia bautista, sino carismática, que en un tiempo fue bautista. Estas iglesias creen que son bautistas porque forman parte de una denominación que hace mucho tiempo lleva ese nombre, pero no son bautistas, ellos no tienen los distintivos que han caracterizado a este movimiento evangélico. El nombre que la iglesia tiene en la puerta, lastimosamente, ya no indica lo que ellos son, pues, cuando uno va a entrar a una iglesia bautista, espera encontrar un culto muy ordenado, con himnos, predicación expositiva de la Biblia, y otros elementos propios de dicha fe.
Lo mismo me sucedió alguna vez cuando fui a dar una conferencia en la hermosa ciudad colombiana de Bucaramanga. Estaba explicándo a los pastores las similitudes y diferencias doctrinales entre los bautistas y los presbiterianos. Una de las cosas que mencioné fue el tema del bautismo, es decir, que los presbiterianos practican el paidobautismo (infantes), mientras que los bautistas solo bautizan a creyentes, a lo cual, una “anciana” de la iglesia presbiteriana replicó diciendo que ellos no bautizaban niños, sólo jóvenes o adultos y por inmersión. Quedé perplejo ante esta anotación, pues, si ellos no bautizan niños, ni conservan los distintivos de los estándares de Westminster, entonces no son presbiterianos. Debieran cambiar el nombre de la iglesia, pues, ahora son bautistas o carismáticos.
Esta tendencia actual de usar un nombre denominacional que nada tiene que ver con lo que creen o practican es catastrófico, pues, está produnciendo confusión en el pueblo evangélico, e incluso, entre los no creyentes. Si una iglesia cambia su doctrina o práctica, por la razón que sea, también debe cambiar su nombre.
Lo mismo está sucediendo con el actual movimiento reformado. Algunas iglesias que por un tiempo fueron bautistas o presbiterianas reformadas, ahora están meguando en su teología histórica, con el  fin de adaptarse al hombre y la sociedad contemporánea. Por ejemplo, el movimiento carismático dentro de la iglesia evangélica ha sido muy fuerte, y actualmente un alto porcentaje de evangélicos se identifican con esta forma de fe, esto ha conducido a muchos teólogos y predicadores reformados a suavizar su posición “cesacionista” y buscar un espacio para el diálogo ecuménico, tratando de establecer puentes entre estas dos visiones. Estos puentes se están construyendo a través de abandonar la doctrina cesacionista, reemplazóndola por un continuismo moderado, es decir, dar por sentado que hoy día Dios puede estar dando dones milagrosos a ciertas personas en particular, incluso, la capacidad de hablar en nuevas lenguas y dar profecías. Aunque algunos de estos predicadores reformados, en la práctica, no hablan en lenguas, ni creen tener dones de sanación, con su postura ambigua, acolitan o respaldan las prácticas erráticas de algunos carismáticos que tanto daño han causado al pueblo de Dios.
Y creo que en esto muchos estudiosos y hermanos carismáticos estarán de acuerdo conmigo: La presencia de iglesias cesacionistas que frecuentemente denuncian los excesos del movimiento de "pentecostés" es una bendición para el cuerpo de Cristo, pues, ayuda a evitar que una emotividad exacerbada los lleve a errores catastróficos en una falsa depedencia del Espíritu Santo. Es verdad que carismáticos y reformados no están de acuerdo frente al tema de la continuidad o no de los dones, pero gran bendición hay para la iglesia en general con la presencia de los cesacionistas; somos como un freno para los excesos. 
En el campo de la adoración la situación no es mejor. Algunas iglesias que se hacen llamar reformadas han abandonado la sencillez del culto bíblico, tal y como ha sido practicado por nuestras iglesias durante varios siglos, para ser reemplazado por un tiempo en el cual las personas dan rienda suelta a sus emociones, cantando canciones invadidas de cortos mensajes, centrados en la “capacidad” que tiene el adorador para amar a Dios. O, es posible que se canten himnos o cánticos con un buen contenido bíblico, pero acompañados de ritmos musicales e instrumentos que distraen a la congregación de la centralidad en Cristo, para enfocarse en el alto sonido de los instrumentos, el ritmo acelerado de la batería u otros efectos típicos de la música contemporánea que nada tienen que ver con la verdadera adoración.
Ahora, no estoy condenando a las iglesias que practican esta clase de adoración, sólo estoy diciendo que esto no es lo que las iglesias reformadas han hecho en la historia, por lo tanto, si una iglesia practica esta clase de culto, lo más recomendable es que no lleve el apellido "reformado", porque confunde a las personas, confunde a los creyentes y a los incrédulos. 
Las iglesias reformadas históricas tienen una forma particular de adorar al Señor, tienen una doctrina clara y contundente respecto a los dones carismáticos, y además, tienen gran aprecio por la Ley del Señor. La fe reformada considera que los diez mandamientos no son un medio de salvación, pero sí tienen una función importante en la vida cristiana. La Ley de Dios es altamente apreciada por nosotros, pues, ella nos muestra la necedidad que tenemos de Cristo el Salvador, ella frena el pecado en el mundo y ella se convierte en una regla que nos ayuda a medir el amor que tenemos hacia Cristo.
Las iglesias reformadas históricas tenemos un amor y un profundo respeto por el día del Señor. Creemos que la Biblia enseña claramente que los creyentes deben dedicar un día especial para adorar a Dios (sabatt), que es el domingo, nuestro sábado cristiano. Si bien es cierto que a Dios lo debemos adorar todos los días, Dios ha mandado que lo adoremos de manera especial todo un día, al cual la Biblia le llama “santo”, “agradable”. Si una iglesia, así crea en los cinco puntos del calvinismo, no tiene ese amor profundo y respeto por este día santo, entonces no debe llamarse reformada. Puede usar otro nombre, pero no el nombre reformado.
Amamos a todos los hermanos en la fe, y consideramos que las iglesias cristianas que tienen las doctrinas fundamentales de la Biblia, forman parte del cuerpo de Cristo, pero siendo que existe una variedad dentro de ella, es preciso, por amor a la verdad y la pureza de la fe, que cada una use un nombre que la identifique realmente con lo que ella es.
No debemos usar nombres que no nos corresponden. Una iglesia carismática no debe usar el nombre bautista, una iglesia que no bautiza infantes ni tiene un gobierno por ancianos no debe llamarse presbiteriana, una iglesia que no tiene los distintivos históricos de la fe reformada, no debe usar ese nombre, así tenga algunos elementos del calvinismo.

 Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez

Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/

miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Puede un cristiano mentir cuando se trate de un asunto de vida o muerte? ¿No fue la mentira de Rahab un caso parecido?


HNO JULIO SALUDOS,QUIERO PREGUNTARLE SI NOS ES LICITO MENTIR EN OCASIONES,UNA DE ELLAS ES SI HAY PELIGRO DE MUERTE,O PARA SALVAR LE VIDA DE ALGUIEN COMO LO HIZO RAHAB, AGRADEZCO SU RESPUESTA,BENDICIONES. JAVIER (Facebook).

Apreciado hermano Javier, gracias por enviarnos su pregunta.
Es necesario iniciar respondiendo que la ley de Dios prohíbe tajantemente la mentira: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éx. 20:16). La santa Ley de Dios es una manifestación de su carácter, por esa razón él no puede mentir (1 S. 15:29; Tit. 1:2), en consecuencia, siendo que los creyentes somos llamados a ser santos así como él es santo (Lev. 11:45; 1 P. 1:16), la mentira no debe estar en nuestros labios: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despodajo del viejo hombre con sus hechos” (Col. 3:9). Los que practican la mentira no entrarán a la Nueva Jerusalén que Dios tiene preparada para sus santos (Ap. 21:27; 22:15).
La mentira es un pecado horrible porque “esencialmente la mentira es una afirmación de lo que es falso con intención de engañar (Jue. 16:10, 13)[1] Sus fines son malvados: hacer fraude, inculpar injustamente a otros, enseñar la falsa doctrina. Jesús dijo que el padre de la mentira es Satanás (Jn. 8:44).
Ahora, respecto a la mentira de Rahab (Josué 2), como un posible fundamento para justificar las mentiras, en caso de que fuera necesario hacerlo con el fin de salvar la vida, es necesario aclarar lo siguiente: Rahab era una mujer pagana, vivía en medio de un pueblo enceguecido por el pecado. Dios la había escogido para ser una heroína de la fe (Heb. 11:31) y miembro del pueblo santo, pero, en el momento en el cual recibe a los espías, ellá aún estaba en oscuridad. El Señor ya estaba inclinando su corazón para amar al pueblo de Israel, pero aún no era una creyente. De manera que ella, en su deseo de ayudar al pueblo santo, mintió. Ahora, la pregunta que algunos se hacen es: ¿Por qué Dios usó la mentira de una mujer para proteger a los espías? Bueno, Dios no se complace en el pecado ni en las mentiras, pero, nuestro Dios, en el ejercicio de su Soberanía puede, y en efecto lo hace, usar las acciones pecaminosas de los hombres para sus propios fines. Por ejemplo, Dios usó la envidia de los hermanos de José para enviarlo a Egipto y luego proteger a la familia que se convertiría en el pueblo de Israel (Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Gén. 50:20). De la misma manera Dios usó algunas acciones pecaminosas de los hombres para cumplir sus santos propósitos. Pero esto no significa que Dios se gozó en las acciones malas, o que él las apruebe, de ninguna manera. Todos ellos sufrieron las consecuencias de sus maldades, aunque Dios las usó para el bienestar de su pueblo.
De manera que la mentira no es aprobada por Dios, aún ni en el caso de Rahab.
Pero, algunos teólogos y hermanos, con sinceridad se hacen estas preguntas:
¿Deberá mentir un creyente cuando un asesino está buscando a su hijo o a otra persona que ha buscando refugio en su casa, y le preguntan si la persona está allí? ¿Qué maldad, fraude, injusticia, perjuicio hay en ello?
Creo que si un día nos enfrentamos con una situación tan difícil el Señor nos ayudará a decir o hacer lo que procure Su gloria, la santidad y el bienestar de nosotros y del prójimo, así como el juicio de los malvados.
 
Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez
 
Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/


[1] Bruce, F.F. Nuevo Diccionario Bíblico Certeza. Página 876

jueves, 15 de noviembre de 2012

¿Es correcto tener un noviazgo con una persona que no sea reformada?

Buenas noches , me gustaría hacerle una pregunta, si una pareja de novios lleva 3 años de noviazgo pero uno de ellos comienza a conocer la doctrina reformada y el otro continua en el movimiento carismático o pentecostal, ¿es adecuado que ellos continúen con su relación  aun sabiendo que habrá diferencias en su área espiritual ? muchas gracias, espero su respuesta.. 

Mónica



Saludos cordiales.
Gracias por enviarnos su pregunta.

Para iniciar, es necesario observar la idea del noviazgo. Sabemos que la biblia no habla al respecto y que es muy probable que la persona en esa pareja que está conociendo la fe reformada deba comenzar por reformar su idea del noviazgo también; seria bueno que ese miembro de la pareja analice estos asuntos: ¿Como se han conducido esos novios hasta hoy?, ¿Hay cosas no bíblicamente permitidas en ese noviazgo? Quizás haya que preguntarse porqué han permanecido como novios por 3 años. Creemos que es  un tiempo largo para un noviazgo, solo por circunstancias providenciales se prolongaría ese tiempo en el que un par de hermanos que están interesados el uno en el otro y se están conociendo prolongan ese período, porque si la santa providencia no está dando vía libre para pasar al matrimonio es porque esa relación no debe avanzar, quizás deban esperar en el Señor.
 
Luego de mirar ese aspecto fundamental y detectar que todo está en orden y las perspectivas bíblicas (reformadas) del matrimonio le permite a esos dos hermanos continuar, entonces creo que si es posible para esa pareja continuar adelante, el único impedimento que ordena la escritura para la constitución de una pareja al creyente es la incredulidad de la otra persona con la que se va a entrar en relación.
 
Sin embargo a pesar de que creo que sí pueden seguir, deben hacerlo con mucha prudencia puesto que la parte que se está reformando está viviendo grandes transformaciones y seria muy prudente esperar a que esas convicciones que Dios está trayendo a la vida del que se está reformando lleguen a un punto de estabilidad con base en el cual se puedan tomar decisiones tan importantes como el matrimonio, y una vez se lleguen a esas convicciones definitivas ambos deben hablar sobre sus diferencias y establecer acuerdos fundamentales con base a ellas; por ejemplo, si es la mujer la que se está reformando y llega a reformarse en plenitud, ¿ Estaría dispuesta a sujetarse a su esposo en cuanto a ser miembro con él de una iglesia carismática?, ¿Estaría dispuesta a casarse con un hombre que le va a enseñar a sus hijos en el devocional familiar que la salvación se puede perder, que va a invitar a sus hijos a que hablen en lenguas y a que busquen la guía del Espíritu Santo por medio de profecías, que la va a invitar a "hacer guerra espiritual" cuando les venga la adversidad? Ella debe sopesar muy bien estas circunstancias antes de decir "acepto casarme contigo", ¿Es capaz de soportar todo eso?
 
Francamente hablando creo que para una pareja así la única posibilidad viable es que el otro llegue también  a ser reformado, aunque técnicamente hablando ambos pueden seguir siendo novios y pueden incluso casarse, pero ¿Hay sabiduría en tal cosa?, creo que no.
 
Dios bendiga a tales hermanos y la obra que comenzó en ellos la perfeccione hasta el día de Jesucristo.

Sergio Ruiz
Pastor



martes, 16 de octubre de 2012

Las Librerías Cristianas ¿Negocio? ¿Ministerio? ¿Qué debe primar?


Las librerías cristianas: ¿Negocio? ¿Ministerio? ¿Qué debe primar?



Indudablemente, el ministerio de la literatura cristiana en los siglos más recientes ha sido una gran bendición para la Iglesia, y en especial, para el avance del Reino de Dios en el mundo. Gracias a las editoriales, grandes distribuidores y librerías locales tenemos hoy día la facilidad de acceder a libros de invaluable ayuda para nosotros.
Obviamente, para que esta gran producción y distribución de libros a  todos los rincones del planeta pueda mantenerse, se requiere una buena administración, la cual implica asignar un costo a cada libro que cubra los costos de edición, producción y distribución. Hay personal que se dedica tiempo completo a esta labor y ellos tienen familias que sostener, de manera que, lo normal, es que los libros se vendan a un precio que cubra todos esos gastos. Aunque las empresas dedicadas a la literatura cristiana deben ser sin ánimo de lucro, esto no significa que tendrán ánimo de pérdida, pues, de lo contrario, las editoriales no podrían imprimir libros, ni las librerías podrían distribuirlos.
No obstante, muchos pastores, profesores de seminarios y hermanos de iglesias cristianas conservadoras o históricas, estamos muy preocupados porque lo que debe ser un ministerio para la evangelización a través de la página impresa, poco a poco está siendo absorbido por el espíritu mercantilista de la época.
Reflejo de esta triste realidad es la política que ahora gobierna a los grandes distribuidores de libros cristianos, en la cual, no sólo se distribuyen libros evangélicos, es decir, con un contenido doctrinal acorde a los principios que históricamente han sido aceptados por todos los evangélicos (Luteranos, calvinistas, arminianos, pentecostales trinitarios y carismáticos, entre otros); sino que también, y a veces con más fuerza, se distribuyen libros que promueven el espiritismo, la nueva era y un falso evangelio.
Entendemos que las editoriales o librerías no van a producir o distribuir libros que nadie los compra, pues, esto significaría su fin; pero, tampoco se trata de vender cualquier libro que aparezca en el actual confuso escenario neo-carismático.
Es cierto que la mayoría de distribuidores de libros cristianos en Colombia y Latinoamérica son interdenominacionales, lo cual significa que no sólo van a vender libros de autores calvinistas, sino también arminianos. No sólo venderán libros de autores cesacionistas sino también de autores carismáticos. Pero hay un fundamento doctrinal común que identifica a todos los evangélicos, lo cual debe ser una regla a la hora de imprimir o distribuir un libro, pues, no todo lo que hoy día se llama cristiano realmente lo es.
Siendo que los libros tienen una facultad especial de impactar a sus lectores, entonces, las librerías cristianas deben ser muy cuidadosas a la hora de comercializar un libro, pues, no sólo pueden estar llevando bendición, sino maldición o confusión, en caso de tratarse de un libro con contenido doctrinal herético.
En las últimas décadas ha surgido un peligroso y anti-bílico movimiento de falsos apóstoles, falsos profetas y falsos pastores, que exaltan las siguientes falsas doctrinas:
-          Una guerra espiritual que se parece más al espiritismo que al cristianismo. Esto está conduciendo a las personas a ser animistas, supersticiosas, paranoicas, entre otros.
-          Un evangelio falso centrado en la prosperidad material, el cual no provee para el perdón de los pecados, la santidad o la negación de uno mismo; sino para la avaricia, la codicia y el materialismo descarado.
-          La nueva era, a través de conceptos emanados de interpretaciones erradas y manipuladas de las Sagradas Escrituras, en los cuales se promueve la deificación del ser humano, la glorificación del humanismo y el reducir a Dios a un mero sirviente que está dispuesto a hacer lo que sus amos le ordenen. En este orden de ideas se encuentra la falsa teología de la super-fe, dilo y recíbelo, la declaración de poder, entre otros.
Todas estas doctrinas están causando mucho daño al pueblo de Dios, están tergiversando el evangelio y están conduciendo a millones de almas a la condenación eterna.
La pregunta que le hacemos a las editoriales, distribuidores y librerías cristianas es: ¿Por qué y para qué distribuyen literatura escrita por autores que son cuestionados en su doctrina y práctica eclesiástica? ¿Leen ustedes esos libros? ¿Han sido edificados por ellos? Si ustedes no leerían a autores como Benny Hinn, Guillermo Maldonado, Cash Luna, Kenneth Hagin, entre otros ¿Por qué promueven que otras personas los lean?
Los libreros cristianos tienen una responsabilidad muy grande delante de Dios, y tendrán que dar cuentas por lo que hacen. El librero cristiano es un misionero, es como un profeta que lleva el evangelio al pueblo necesitado, pero si a través de algunos libros se promueve un falso evangelio ¿creen que serán sin culpa delante de Dios?
No podemos reducir la distribución de literatura cristiana a simplemente un negocio en el cual hay que vender los libros que la gente quiere, pues, no siempre lo que la mayoría quiere es lo que Dios quiere.
Lamentamos mucho que librerías que iniciaron como verdaderas agencias misioneras, a través de la difusión de sana literatura evangélica, ahora estén promoviendo un falso evangelio a través de algunos libros que distribuyen.
Es hora de recapacitar, de volver al camino, de arrepentirse y hacer las cosas de manera que Dios sea glorificado.
Con tristeza vemos cómo en las vitrinas de las librerías cristianas se promociona un libro de profundo contenido bíblico como es el comentario bíblico de Matthew Henry, al lado de numerosos libros que promueven el espiritismo por Guillermo Maldonado y su esposa. O, encontrar a un inspirador libro como El progreso del Peregrino de Juan Bunyan, al lado de un libro que promueve la Nueva Era: Cómo desatar su fe, de Kenneth Hagin.
Cuando un creyente, o un incoverso visitan una librería cristiana, ellos tienen la confianza de que los libros vendidos son sanos, bíblicos, de edificación. Pero no es así, una buena parte de los libros promocionados no edifican, no presentan el evangelio bíblico, confunden y conducen al infierno.

  


lunes, 1 de octubre de 2012

¿Quién es el hombre fuerte? ¿Podemos atar al hombre fuerte?


Estimado pastor:

Gracias por su ayuda.
Mi pregunta es: ¿quien es el hombre fuerte y si se podra atar al hombre fuerte?
Esta inquietud nace por que en mi congregacion el pastor continuamante habla de formar un grupo para subir a la montaña más alta y atar al hombre fuerte.
Por su ayuda mil gracias.


Bendiciones






Descargue estudios bíblicos y sermones en pdf, mp3 o video ingresando a www.caractercristiano.org

Saludos fraternales.

Gracias por enviarnos su pregunta. Revisemos el texto bíblico donde Jesús habla del hombre fuerte, y dejémos que la Palabra del Señor nos diga a qué se refería Cristo con esa declaración.
Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa” (Mt. 12:28-29).
Para interpretar correctamente este pasaje, conforme al Espíritu Santo, es necesario mirar el contexto. Al comienzo del capítulo 12, Mateo muestra la confrontación constante entre Jesús y los fariseos. Estos falsos religiosos buscaban toda oportunidad para rechazar a Jesús. Aunque ellos estaban viendo los milagros de Cristo, los cuales confirmaban que él era el Mesías esperado, no obstante, ellos prefirieron no ver lo que estaban viendo, y rechazaron de manera consciente al Salvador.
Los fariseos se preocuparon mucho cuando vieron que sus hermanos, los judíos, estaban empezando a preguntarse si Jesús sería verdaderamente el Mesías, el Hijo de Dios: “Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Y toda la genta estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? (v. 22-23).
Ellos no querían creer que este humilde carpintero de Nazaret fuese el Hijo de David, por eso, prefirieron creer que Jesús echaba fuera los demonios, y daba salud a las personas, por el poder del diablo: “Más los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios” (v. 24). Los fariseos consideraban que Jesús mismo era Beelzebú, que él mismo era el diablo: “El carácter completamente vergonzoso de la acusación se hace más claro por el hecho de que considera a Beelzebul no como un espíritu malo que ejerce influencia siniestra sobre Jesús desde afuera; no, se considera como que Satanás está en el alma de Jesús. Se dice que éste tiene un espíritu inmundo (Mr. 3:30; cf. Jn. 8:48); que en realidad él mismo era Beelzebul (Mt. 10:25).”[1]
Jesús responde a la incredulidad de los fariseos mostrándoles lo absurda, contradictoria, imperdonable y perversa acusación: “Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad y casa divida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? (v. 25-26). Si él fuera Satanás entonces sería un tonto, pues, está haciendo daño a su propio reino.
Luego, Jesús pone en un dilema a los fariseos al preguntarles: “si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces” (v. 27). Si los fariseos respondían que sus hijos echaban fueran los demonios (habían exorcistas entre los judíos) por Beelzebú, entonces ellos mismos se daban una puñalada al desprestigiar a sus propios maestros; pero si decían que lo hacían por el poder de Dios, entonces, ellos vindicaban a Jesús, quien también echaba fuera los demonios.
Ahora, indudablemente los fariseos creían que sus maestros echaban fuera los demonios por el poder de Dios, y les tocaba reconocer que Jesús también lo hacía por el mismo poder. De manera que Jesús les dice que vean lo que deben ver: “Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (v. 28).
El reino de Dios, o el reino de los cielos, es la manifestación gloriosa de la Gracia divina que hace débil a Satanás y su reino de rebeldía, de manera que muchos pueden ser alcanzados por el poder de Dios para librarlos de las garras de este destructor enemigo. Con Jesús vino el reino de Dios a la tierra y, desde ese momento, la fortaleza de Satanás ha sido vulnerada y el evangelio puede llegar a muchas personas que eran esclavas del diablo: “Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y (Jesús) les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lc. 10:17-18). El reino de Dios, que es Cristo mismo, trae liberación al pecador que cree en él.
Pero para que el evangelio o reino de Dios traiga liberación al pecador, primero es necesario que el opresor, el hombre, fuerte, aquel que mantenía en esclavitud a la humanidad sea atado o amarrado. “Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa (v. 29). Satanás vino para hurtar, matar y destruir (Jn. 10:10), él tenía bajo su poder alienador al género humano caído (2 Cor. 4:4). La mayor parte del mundo conocido estaba bajo el poder del paganismo, la idolatría y el ocultismo. Satanás tenía bajo opresión a casi todas las naciones.
Para que el evangelio salvador pudiera llegar a cada una de estas naciones y pueblos esclavizados por el poder del maligno, el hombre fuerte, era necesario que un hombre más fuerte viniera y lo atara. Ahora, nos debemos preguntar: ¿Quién es el hombre más fuerte que puede atar al hombre fuerte? CRISTO y sólo Cristo. Lucas, en su evangelio, narrando el mismo acontecimiento, da más claridad sobre esto: “Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín” (Lc. 11:21-22).
Satanás es el hombre fuerte, que tenía un reinado en este mundo de pecado y gobernaba sobre los suyos con tranquilidad, pero cuando vino Cristo, el hombre más fuerte (porque es su creador), entonces ató al hombre fuerte, golpeó severamente sus fortalezas y abrió el camino para que su ejército (los cristianos) entráramos en los campos del diablo (la gente inconversa) y saquearemos esas almas, trayéndolas a la luz del Evangelio liberador.
Sólo Jesús podía atar a Satanás, pues, ninguno de nosotros es más fuerte, ni siquiera igual de fuerte que Satanás. Jesús, con su venida  la tierra, su obra, su muerte y resurrección, cumplió la profecía que Dios hizo en Génesis: “ésta (Jesús) te herirá en la cabeza, y tú (Satanás) le herirás en el calcañar” (Gen. 3:15). Jesús hirió la cabeza de la serpiente, y ahora los cristianos podemos entrar a la casa del hombre fuerte para arrebatar las almas que tenían cautivas.
Jesús no nos mandó a atar al hombre fuerte, porque ya está atado. Ahora podemos llevar el evangelio a todo lugar y creerán en él los que Dios haya predestinado para salvación.
La práctica de subir a un lugar alto para “atar” a los gobernantes espirituales no es bíblica, es una invención de este siglo y está relacionado con el ocultismo. La práctica de dar siete vueltas alrededor de las ciudades con el fin de derribar los muros de incredulidad o echar fuera las potestades demoníacas no es bíblica; insisto, se parece más a la brujería que al cristianismo.
No se trata de una declaración temeraria o emotiva, no, la Biblia en ningún lugar enseña, ni por ejemplo ni por precepto, que las iglesias se suban a lugares altos a atar potestates, no necesitamos hacer eso porque JESÚS, el hombre MÁS FUERTE, ya ató a Satanás. Lo único que tenemos que hacer los creyentes es orar para que la Palabra de Dios impacte los corazones. Cuando el apóstol Pablo se dirigía a llevar al evangelio a zonas atestadas por el paganismo, la idolatría y el ocultismo, él no le pidió a los creyentes que oraran para reprender o atar a Satanás, sino para que “la palabra del Señor corra y sea glorificada” (2 Tes. 3:1).
Cuando los apóstoles empezaron a sufrir la persecución de los judíos (algunos de los apóstoles habían sido llevados a la cárcel)  y esto estaba obstaculizando la evangelización de Judea, ellos no se subieron a las colinas más altas a atar a Satanás, sino que oraron al Dios Soberano de la siguiente manera: “Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay… ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (Hch. 4:24, 29-30). ¿Saben? Jesús había dicho, a través de Juan, que Satanás era quien iba a echar a los creyentes a la cárcel: “No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí el diablo echará a alguno de vosotros en la cárcel” (Ap. 2:10). Pero los apóstoles, aunque sabían que Satanás estaba detrás de esto, no empezaron a reprenderlo, ¿Por qué? Porque esta no es la misión de la iglesia, pues, Cristo ya lo hizo. Él lo derrotó, él lo ató y ahora nosotros tenemos la responsabilidad de llevar el evangelio a todos los lugares, a todas las naciones, y todos los que Dios quiera salvar se convertirán, no importan si son idólatras, brujos, hechiceros o lo que sean, el PODER DE DIOS en Cristo Jesús los liberará de las garras del maligno y ellos podrán creer en Cristo.
Algunas personas se confunden cuando encuentran que Cristo les dice a los discípulos: "He aquí, os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará" (Lc. 10:19). Llegan a la conclusión de que el Señor nos autorizó a hacer guerra espiritual atando a los espíritus, pero eso no es lo que quiere decir el pasaje. Para entender su significado tenemos que ver cómo lo aplicaron los apóstoles: Ellos fueron por todos los lugares predicando el evangelio de salvación, sanando a los enfermos y llevando liberación a los cautivos del diablo mediante el poder de la palabra predicada. El libro de Apocalipsis es muy claro en decirnos la forma cómo los cristianos hollamos, pisoteamos y derrotamos cada día a Satanás: "Y ellos le han vencido por medio de la sangre del cordero y de la Palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte" (Ap. 12:11). Los cristianos vencemos a Satanás cada día por medio del vivir en santidad, de negarnos a nosotros mismos con el fin de vivir para Cristo, de ser limpiados con la sangre de Cristo y proclamar el evangelio.

Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez
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[1] Hendriksen, William. Mateo. Página 550

¿Tienen el pastor o un profeta el poder para lanzar juicios contra otros?


Pastor Julio:


Buenas tardes. Le escribo con un poco de pesar y tristeza por que hoy escuché lo que se podria llamar una herejia por parte del Pastor de la iglesia, hacia una líder.

Resulta que durante la predicación, el pastor comenzó a profetizar y en una de sus profecías voltea a mirar hacia una de las líderes y le dice: “Dios te dice que desde hoy en adelante tu le puedes levantar juicio a quien tu quieras, él te da el poder de decidir a quien Dios le da o le quita, tu puedes levantarle juicio a quien tu creas que le está haciendo daño al ungido o a la iglesia.”


Y ahora esta líder dice: “Cuidado con el que se meta conmigo, le puedo levantar un juicio.”


Desde luego, lo poco que he estudiado, si lo he digerido bien,  personalmente no creo que ni el pastor ni la lider tengan poder para levantarle juicios por parte de Dios a nadie; no es que yo no crea en esto, pero se ha desatado una moda de profetizar y de apóstoles dándole poderes a todo mundo que lo que primero vino a mi mente fue Deuteronomio18: 19-22, desde luego yo sé que si Dios quisiera nos borraria a todos de la faz de la tierra pero no por gusto de una persona .



Amablemente solicito de su ayuda. Mil gracias por todo



Bendiciones.

 

 

Apreciado hermano.

 

Con toda razón usted experimenta esta gran preocupación, no es para menos, pues, indudablemente este “pastor” no conoce al Señor, y es contrario al Espíritu de Dios. Él está asumiento una autoridad que no le pertenece.

Aunque la predicación del evangelio también será de juicio para el que no cree (Mr. 16:16; Jn. 3:18; no obstante, este juicio no se hará ahora, sino en el gran día que Dios ha preparado para ello (Jn. 5:29; mientras tanto, la iglesia debe anunciar el evangelio, invitando a los hombres al verdadero arrepentimiento y a la reconciliación con Dios. Este no es el tiempo de la condenación, sino el de la salvación: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3:17).

En una oportunidad los apóstoles fueron a una aldea samaritana con el fin de preparar posada para Cristo, pero la gente de la aldea no quiso, entonces los apóstoles se llenaron de indignación, y es posible que hayan pensado. ¿Qué se creaía esta gente que se atreven a despreciar al maestro? Y ellos pidieron a Jesús que les permitiera rogar al cielo para que cayera fuego del cielo y los consumiera: “¿Quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Pero, ¿qué les dijo Jesús?: “Si, mis discípulos, les autorizo para que lancen maldición sobre estos perversos que se han levantado contra el ungido”. No, esa no fue la respuesta, porque Jesús y el evangelio, en este tiempo presente, tienen como propósito la salvación de los hombres, no su condenación: “Entonces, volviéndose él, los reprendió, diciendo: vosotros no sabéis de qué espíritu sois, porque el hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.” (Lc. 9:52-56).

Los apóstoles de Cristo, y los verdaderos pastores, están en el mismo espíritu, por eso Pablo pudo decir: “18. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19. que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” (2 Cor. 5:18-20).

Ahora, esto no significa que los pastores, y la iglesia, no pueden juzgar el pecado dentro de sus filas. La iglesia es santa y debe preservarse como tal. Para ello Dios nos manda a predicar todo el consejo de Dios, el cual contiene serias advertencias para todos aquellos que se atreven a andar practicando el pecado. Toda la Biblia abunda en exhortaciones y advertencias. Los pastores y predicadores deben denunciar el pecado en sus predicaciones, siempre invitando al arrepentimiento y advirtiendo las terribles consecuencias que vendrán sobre los que no se arrepienten. El fin de hacer esto es traer a las personas a salvación.

Pero ninguna persona en particular, ni siquiera los pastores, pueden juzgar, condenar y levantar juicio contra una persona; sino que la Iglesia local, compuesta por sus ancianos, diáconos y miembros, luego de seguir un proceso justo, puede poner en disciplina o expulsar a una persona de sus filas. Jesús autorizó a la Iglesia para que disciplinara a sus miembros (Mt. 18:15-20), y también Pablo le ordena a una iglesia local para que se reúnan, juzguen y expulsen a un adúltero que estaba ofendiendo el nombre de Cristo y estaba mancillando la santidad de la iglesia con su mala conducta escandalosa (1 Cor. 5:1-11).

No obstante, la disciplina eclesiástica no tiene como fin maldecir o condenar, sino, restaurar al pecador (Gál. 6:1).

El don de la profecía no fue dado a la iglesia para levantar juicio de maldición contra otros, sino para “edificación, exhortación y consolación” (1 Cor. 14:3). Si alguien pretende usar un supuesto don de profecía para amenzar a las otras personas, entonces el tal no tiene al Espíritu de Cristo sino al demonio, el cual vino para: matar, hurtar y destuir.

Si una persona se cree apóstol, con el fin de ejercer una autoridad tirana sobre los demás, buscando que nadie cuestione sus malas acciones y amedrentando al resto con sus vanos poderes, el tal obra por un poder contrario al de los verdaderos apóstoles, los cuales dijeron: “Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad (apostólica), la cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción” (2 Cor. 10:8).

El falso concepto del “ungido” e “intocable” ha invadido a las iglesias evangélicas con el fin de someter en miedo y temor a los indoctos feligreses que son víctimas de abusos de falsos pastores y seudoapóstoles. El fin de esta falsa doctrina, que tergiversa las palabras de un texto bíblico, es oprimir, esclavizar, robar y manipular a las congregaciones. Pero estos no son ungidos sino falsos pastores, amantes de su vientre, amantes del poder, la vanagloria y el dinero.

Los pastores pueden ser, incluso, disciplinados por las iglesias, cuando estos caen en pecados escandalosos. El apóstol Pablo, instruyendo sobre las responsabilidades de los ancianos o pastores (u obispos) y del deber de las iglesias para con ellos, dice: “Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos” (1 Tim. 5:19). Los pastores o líderes de las iglesias pueden ser disciplinados por la asamblea de miembros si hay una justa causal. No es verdad que la maldición de Dios caerá contra aquellos que, con justa razón, cuestionen la moral o el mal comportamniento de sus líderes.

 

Su servidor en Cristo,

Julio César Benítez


 

Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/

martes, 28 de agosto de 2012

¿Cómo diferenciar a un apóstol verdadero de uno falso? ¿Es bíblico el actual movimiento apostólico?


Buenos días hermano Julio Benitez, mi nombre es Jairon.  Vivo en ciudad de Guatemala América Central.

La noche de hoy lunes andaba buscando en internet  un estudio sobre la enseñanza muy popular hoy en las iglesias sobre Atar y Desatar y encontré su foro Bíblico y Teológico. Me ha sido de  ayuda a entender sobre esa enseñanza equivocada hoy y que sirve de excusa para hacer guerra espiritual y andar buscando y atando a cuanto demonio haya.
Me gustaria que me enviara el ENSAYO  LOS PROFETAS Y LA PROFECIA EN LA BIBLIA.

Hermano tengo una pregunta, en cuanto a lo que se conoce como la NUEVA REFORMA APOSTOLICA y que  está pegando fuerte en muchas iglesias, el pastor ahora es nombrado Apostol y la esposa del pastor Profeta; me gustaria saber si esto tiene algún fundamento biblico? realmente Dios esta restaurando 
El ministerio Apostolico, Profetico y la Paternidad Espiritual???

Gracias por su respuesta y el ensayo hermano Julio Benítez y siga adelante!


Apreciado hermano,

Gracias por enviarnos su pertinente pregunta.


Con gran sorpresa, y mucha preocupación, los evangélicos estamos viendo surgir un popular y atractivo movimiento apostólico y profético. Realmente esto no es nuevo, pues, la historia de la iglesia nos registra otros renacer del movimiento apostólico y profético en épocas tempranas de la cristiandad.
Aún en vida de algunos apóstoles del Cordero (los 12 apóstoles más Pablo), se habían levantado muchos hombres reclamando ser también apóstoles, y lo mismo pasó en los días cuando Juan se encontraba en la isla de Patmos. Las iglesias estaban siendo invadidas por apóstoles que no formaban parte de aquellos autorizados directamente por Cristo.
Ahora, siendo que el mismo Señor Jesús anunció que los falsos pastores, falsos apóstoles, falsos profetas y falsos maestros entrarían al seno de la iglesia; entonces, es deber de la iglesia y de sus líderes, siempre que surgen esta clase de movimientos, revisar si son movimientos del Espíritu Santo o meros caprichos e invenciones de hombres amantes de sí mismos y enemigos de la cruz de Cristo.
Algunos creyentes no se atreven a hacer un análisis crítico de esta clase de movimientos, porque consideran que no es responsabilidad del creyente y que las iglesias más bien deben estar dedicadas a predicar el evangelio de la reconciliación, en vez de estar criticando a los demás.
Aunque es cierto que nuestro principal deber es anunciar el VERDADERO evangelio de la reconciliación, no obstante, siendo que la iglesia es columna y baluarte de la verdad (1 Tim. 3:15), entonces a ella le corresponde analizar cada nuevo movimiento que surja en su seno para determinar si es conforme a la verdad, o si es falso, con el fin de denunciarlo.
Cuando surgió un nuevo movimiento apostólico en tiempos del apóstol Juan, la Iglesia de Éfeso no se quedó quieta, sino que usó el discernimiento espiritual, a través de la Palabra, e indagó a estos nuevos apóstoles, los pusieron a prueba y compararon lo que ellos hacían y enseñaban con las marcas o señales de los verdaderos apóstoles, y luego de este examen minucioso los expulsaron de la iglesia y los denunciaron como falsos apóstoles: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Ap. 2:2).
Una iglesia verdadera no es ingenua, y no se deja engañar por movimientos que tratan de imitar al verdadero accionar que el Espíritu Santo tuvo en tiempos apostólicos. Ahora, nos preguntamos ¿De qué manera la iglesia de Éfeso pudo probar a los que se decían ser apóstoles? ¿Tenemos esa regla hoy día?
Siendo que Dios sabía que la Iglesia iba a correr el peligro de ser víctima de falsos apóstoles, profetas, maestros y pastores, entonces nos dejó principios muy claros para reconocer a los verdaderos profetas, pastores, apóstoles y maestros.
Las cartas de Pablo a Timoteo y Tito nos dan las cualidades de los verdaderos pastores, obispos o ancianos. La carta de Judas nos describe a los falsos maestros. La Biblia entera contrasta a los verdaderos profetas de los falsos (pueden solicitar a mi email el ensayo Los profetas y la profecía en la Biblia, en este escrito revisamos muchos textos bíblicos donde nos indican cómo reconocer a los verdaderos profetas); pero también el Nuevo Testamento nos presenta las señales o cualidades de los verdaderos apóstoles, fue de esta manera que la iglesia de Éfeso se libró de los falsos apóstoles.
Por lo tanto, en este estudio vamos a revisar, a la luz de la Biblia, cómo distinguir entre un verdadero apóstol y uno falso, de esa manera, usted mismo tendrá la capacidad, con la ayuda del Espíritu Santo, para diferenciar a los unos de los otros.

- Los apóstoles del Cordero debieron caminar con Cristo en esta tierra desde el bautismo de Juan hasta su ascensión a los cielos y son testigos presenciales de la resurrección. En Hechos capítulo 1 encontramos la elección del reemplazo de Judas Iscariote. Él había formado parte de los 12 apóstoles, pero al final de sus días evidenció que era un falso creyente y cayó del apostolado. Por lo tanto, el apóstol Pedro, siguiendo a las Sagradas Escrituras que hablaban acerca de buscar un reemplazo para Judas, pidió a la iglesia que oraran y buscaran la dirección al respecto.
Se trataba de buscar, entre los hermanos (varones) que formaban parte de la iglesia de Jerusalén, uno que pudiera ser contado entre los doce apóstoles. Pero esta no fue una decisión que podía tomar el apóstol Pedro o los otros apóstoles, sino que Dios mismo, a través de la Iglesia, obraría para designar el nuevo apóstol.
Es interesante notar que no cualquier hombre podía ser contado entre los apóstoles, sino que había unos requisitos:
-       Que haya estado junto a los otros apóstoles durante todo el ministerio de Cristo, desde el bautismo de Juan hasta su ascensión. Es decir, que haya sido testigo presencial de los tres años del ministerio de Cristo (Hch. 1:21-22)
-       Que haya sido testigo presencial de la resurrección de Jesús, es decir, que haya visto al Cristo resucitado (Hch. 1:22).
Hubo dos varones que cumplían con esos requisitos, y de entre ellos, el Señor señaló a  Matías, el cual fue contado entre los apóstoles (Hch. 1:26).
De manera que la Biblia nos da los requisitos para que un hombre pueda ser considerado apóstol: que haya caminado con Cristo en esta tierra y haya sido testigo presencial de su resurrección.
Es por esa razón que cuando Pablo se presenta como apóstol, las iglesias, en un principio, dudaron de su apostolado, pues, él, aparentemente no cumplía con estos requisitos. Pero Pablo, aunque no formó parte de los 12, si era un verdadero apóstol, por lo tanto, veamos cuáles fueron las argumentaciones que él usó para ser reconocido como uno de ellos, y a la misma vez, usted deberá analizar si los que hoy día se dicen ser apóstoles, cumplen con estos requisitos, pues, es muy seguro, que ninguno hoy día cumple con los requisitos establecidos en Hechos 1, pues, debería ser una persona con una edad aproximada de 2.008 años, lo cual es imposible.
Pero es posible que algunos de los que hoy día se hacen llamar apóstoles piensen que, obviamente, no pueden ser considerados de la clase apostólica de los 12, pero sí de la clase a la cual pertenecía el apóstol Pablo. Por lo tanto, revisemos las marcas o señales de la clase apostólica de Pablo.

- El apóstol, de la clase de Pablo, no es ordenado como tal por otro apóstol, sino directamente por Cristo: En muchos textos Pablo reclama ser apóstol, no por voluntad humana, es decir, no por decisión de algún otro apóstol o de un pastor, sino por Cristo mismo: “Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios…” (1 Cor. 1:1); “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gál. 1:11-12). Los verdaderos apóstoles no son nombrados por otras personas, sino que Jesucristo mismo es quien lo hace. Sobre los ancianos o pastores, y los diáconos, se impone las manos para su ordenación, más esto no se hace sobre los apóstoles, porque éstos no son nombrados por ningún hombre, sino por Cristo mismo. Ni siquiera los apóstoles del Cordero tenían la autoridad para nombrar a otros apóstoles, lo único que ellos podían ordenar era ancianos o pastores en las iglesias: “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hch. 14:23). El apóstol Pablo envió a su comisionado apostólico Timoteo a una iglesia para que corrigiera lo deficiente, y una de las cosas que debía hacer era, no ordenar apóstoles, sino ancianos: “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé” (Tito 1:5). No es verdad que Dios destinó al ministerio apostólico para que permaneciera para siempre, ni tampoco es verdad que las iglesias locales deben tener “Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Ef. 5:12), pues, de ser así, entonces los apóstoles hubiesen ordenado apóstoles, profetas, pastores en todas las iglesias, pero no fue así. Ellos sólo ordenaron ancianos, que es el ministerio que continuaría a perpetuidad. Para un estudio más profundo del fundamento apostólico de la iglesia y en qué consiste esto, puede escribirme solicitando el material “El fundamento apostólico de la Iglesia”.

- El apóstol de la clase de Pablo, también vio a Cristo resucitado. 
Pablo, defendiendo su apostolado, pone como prueba de ello el haber visto al Cristo resucitado: “¿No soy apóstol? ¿No he visto al Señor Jesucristo” (1 Cor. 9:1). Aunque Pablo no caminó con Cristo en las tierras de Palestina, y no podía ser reconocido como apóstol, en el sentido estricto de los 12, pues, este era un requisito para ello; no obstante, Pablo dice que el Señor lo nombró como apóstol a los gentiles y con el fin de cumplir con los requisitos para ser apóstol, el Señor le anunció de manera directa todo el evangelio que había enseñado a los apóstoles y también se le apareció en persona: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1 Cor. 15:3-8).
El mismo Señor Jesucristo le enseñó el Evangelio a Pablo (Lean Gálatas cap. 1 y 2) y se le apareció en persona, y lo llamó al apostolado, por lo tanto, él dice: “yo soy apóstol, tengo una de las marcas que se requieren para ello”. La pregunta que nos debemos hacer ahora es ¿Será que algunas de las personas que se hacen llamar apóstoles cumplen con esta condición? “Definitivamente es el último apóstol que Dios llamó” (Kistemaker).[1]
Ahora, es posible que algunas de las personas que hoy día se hacen llamar apóstoles digan que efectivamente a ellos también se les apareció el Señor resucitado, aunque esto es muy improbable, por no decir: imposible, vamos a creerles. Pero esta no es la única marca o señal para reclamar el oficio del apostolado, pues, la Biblia presenta otras. Miremos cuáles son las otras marcas y que esto nos permita identificar a los verdaderos apóstoles, y desechar a los falsos.

- El apóstol tiene la capacidad, por el Espíritu de Dios, de hacer señales milagrosas. En la gran comisión que Cristo dio a los discípulos, prometió algo, que se dirigía de una manera especial a los apóstoles. Marcos resalta que estas palabras fueron dichas, no a todos los discípulos, sino solamente a los once, es decir, los apóstoles: “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura… Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Mr. 16:14-16, 18).
Que estas señales iban a ser hechas de manera especial por los apóstoles queda claro en el relato que nos hace Lucas en el libro de los Hechos 5:12 “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo”.
Pablo, nuevamente defendiendo su apostado entre los hermanos de Corinto, afirma que efectivamente en él se han visto las señales apostólicas: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros” (2 Cor. 12:12). De manera que para comprobar si un hombre es verdadero apóstol, entonces debemos verificar que a través de él el Señor haya hecho estas señales milagrosas. Ahora, es posible que algunos hoy día digan que sí, que ellos han hecho estas señales poderosas. No obstante, esto tampoco es garantía de que efectivamente sean un apóstol verdadero, pues, la Biblia también nos advierte de muchos que, por el poder del diablo harán milagros: “También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia en presencia de la bestia…” (Ap. 13:13-14). Jesús mismo advirtió de muchos falsos profetas que se levantarán en el mundo (muchos dentro del pueblo cristiano), los cuales tendrán la capacidad de hacer señales portentosas: “Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aún a los escogidos” (Mt. 24:24). Gracias al Señor que guarda a sus escogidos del engaño de los falsos apóstoles, y a los que han estado bajo sus garras los libra para conducirlos a iglesias bíblicas.
Entonces, si no necesariamente los verdaderos apóstoles son los únicos que hacen señales, entonces, ¿qué otra señal o distintivo tienen los verdaderos?

- Los verdaderos apóstoles no son gravosos a las iglesias, no coaccionan a  las personas a dar dinero para sus ministerios, ni usan astucias para recibir donaciones, antes, por el contrario, se entregan por completo a la iglesia. Pablo tuvo que defender mucho su apostolado, pues, las iglesias no lo querían reconocer porque él no formaba parte de los doce, pero, Pablo demuestra a través de ciertas señales que sí es un apóstol. Y otra señal o evidencia apostólica es el desapego a lo económico, la actitud de no ser carga económica a la iglesia que se ministra. Dice el apóstol: “Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos, por cuanto os he predicado el evangelio de Dios de balde?” (2 Cor. 11:7).
Aunque muchas iglesias colaboraron económicamente con el ministerio de Pablo, no obstante, él no andaba pidiendo dinero a las iglesias para sí mismo, y las ocasiones en las que pidió dinero no fue para él, sino para ayudar a los creyentes pobres. Mientras Pablo no cobraba ni forzaba a las personas a dar dinero para su ministerio, los falsos apóstoles sí lo hacían, ellos se especializaban en esclavizar a las personas, en devorarlas, en quitarles los bienes materiales a los hermanos, por eso Pablo les reclama irónicamente a los corintios: “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da bofetadas” (2 Cor. 11:20). Lastimosamente muchas personas religiosas no tienen la capacidad de discernir entre lo falso y los verdadero, y aunque los falsos apóstoles les esclavizan y los explotan económicamente, prefieren continuar bajo el engaño, creyendo que son verdaderos siervos del Señor, pero realmente no lo son. Escuchemos lo que Pablo dice de ellos: “Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (2 Cor. 11:13-14).
El verdadero apóstol no es codicioso del dinero, ni con lisonjas, engaños o palabras bonitas trata de recibir bienes materiales. Aunque las iglesias deben sostener a los apóstoles, no obstante ellos no tienen un espíritu materialista y confían en el Señor: “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres, ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstol de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes (1 Tes. 2:5-10).
Cuando el apóstol Pablo se despedía de los ancianos de Éfeso, les advirtió que luego de su muerte, y la muerte de los verdaderos apóstoles, a las iglesias entrarían falsos ministros que no tendrían misericordia del rebaño, sino que los explotarían y engañarían con el fin de satisfacer sus deseos de poder y avaricia, actuando de manera contraria a los apóstoles, los cuales podían decir de todo corazón: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido” (Hch. 20:33-34).

- Los verdaderos apóstoles son misioneros o enviados para llevar el evangelio a lugares donde no es conocido, por lo tanto, sus señales más distintivas son los sufrimientos y necesidades que deben pasar por su labor evangelizadora. La Palabra griega para apóstol es apostolos, el cual se deriva del verbo apostelló. Su significado básico es enviado o mensajero. En ese sentido, todos los apóstoles (los 12), Pablo, y otros misioneros en el Nuevo Testamento son llamados apóstoles. Estos misioneros debían llevar la predicación de la cruz a todas las naciones y lenguas. Hoy día tenemos misioneros o enviados, los cuales van a muchos lugares de este mundo donde el evangelio no ha sido predicado. Si nosotros habláramos el griego koiné, diríamos que ellos son apóstoles. En ese sentido, todos los misioneros son apóstoles, más no Apóstoles en el sentido de la dignidad y autoridad de los que presenciaron la resurrección de Cristo, los cuales se convirtieron en el fundamento de la iglesia y cuyo ministerio no se requería más. Ahora, los verdaderos apóstoles (enviados) se caracterizan por lo siguiente: “No damos ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos…” (2 Cor. 6:3-5).
Mientras algunos miembros de iglesias, como las de Corinto, se jactaban ser ricos materialmente en Cristo, los apóstoles hacían lo contrario, pues, ellos, se entregaban en cuerpo y alma a la misión: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros! Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros… hasta ahora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos, padecemos persecución, y la soportamos” (1 Cor. 4:8-12).

- Los verdaderos apóstoles no reciben siembras económicas a cambio de milagros o transmisión de la unción. Ellos no estaban interesados en el dinero de las iglesias, aunque si recibían donaciones para sus misiones. Mas, ninguno de ellos engañó a los demás pidiéndoles dinero para que ellos pudieran transmitir la unción, la sanidad o la bendición de Dios. Los apóstoles verdaderos, no sólo evitaban pedir dinero de una manera inapropiada para un siervo de Dios, sino que impedían que les hicieran siembras económicas para recibir un milagro o bienestar económico a cambio (las veces que el apóstol Pablo pidió dinero y animó a darlo con liberalidad, no fue para él, sino para los hermanos más pobres).
Los verdaderos apóstoles siguen las instrucciones de su Señor, y él fue muy claro cuando comisionó a los doce: "Y yendo, predicad, diciendo: El Reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia" (Mt. 10:7-8). En una ocasión un creyente de la iglesia de Samaria aprovechó la visita apostólica de Pedro, y al ver que éste tenía una poderosa unción, decidió hacerle una siembra a cambio de que orara por él dándole esta misma unción: “Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba al Espíritu Santo” (Hch. 8:18-19). Claramente esto era una siembra o, como le llaman hoy día, “un pacto”. Pero ¿cómo respondió un verdadero apóstol?: “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hch. 8:20).
Para saber si una persona que se hace llamar apóstol es uno verdadero, es necesario mirar, además de lo anterior, su actitud hacia el dinero y los bienes materiales. Si es una persona codiciosa, que quiere vivir en mucha comodidad, andar en los mejores autos, hospedarse en los mejores hoteles, vestir la mejor ropa, comer en los mejores restaurantes; es muy probable que ese sea un falso apóstol, obrero fraudulento, mercader de la fe. Huye de él, como el que huye de una serpiente venenosa. No te fijes en fu calidad de expresión, o en su personalidad carismática, en los supuestos milagros que hace: no es un verdadero apóstol.

- Los verdaderos apóstoles no dedican el tiempo a predicar de dinero, sino a Cristo y su cruz. Este es el único mensaje que ellos quieren transmitir, porque son apóstoles de Cristo. El apóstol Pablo dedicó dos capítulos de la 2 carta a los Corintios para hablar respecto a las ofrendas que se le daban a los pobres, y trató algo sobre el mismo tema en la carta a los filipenses, y en algunas otras pocas ocasiones animó a los creyentes a ofrendar con liberalidad para socorrer a los pobres. También en algunas pocas ocasiones agradeció a las iglesias por las donaciones que hicieron para sus viajes misioneros; más él no se la pasaba predicando sobre el tema de las ofrendas, ni de las siembras, pues, siendo un apóstol o enviado de Cristo, su máximo interés era que la gente conociera a Cristo y su cruz: “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Cor. 1:23); “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado (1 Cor. 2:2). Si un día alguien pretende tener el ministerio apostólico, entonces, debe imitar a los verdaderos apóstoles, no a los falsos, debe escuchar la exhortación del apóstol Pablo: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros (los apóstoles). Porque por ahí andan muchos (falsos apóstoles y falsos ministros del evangelio), de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza, que sólo piensan en lo terrenal” (Fil. 3:17-19).

Creo que hemos ahondado en el asunto, y, según lo que la Palabra nos ha enseñado, ya tenemos las bases para evaluar si los predicadores que hoy día se hacen llamar apóstoles realmente lo son, o no son más que falsos profetas, que engañan y conducen las almas al infierno, llevándolas a confiar en las cosas materiales, pero negando el verdadero evangelio que conduce a la salvación.


Su servidor en Cristo,

Julio César Benítez



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