martes, 28 de agosto de 2012

¿Cómo diferenciar a un apóstol verdadero de uno falso? ¿Es bíblico el actual movimiento apostólico?


Buenos días hermano Julio Benitez, mi nombre es Jairon.  Vivo en ciudad de Guatemala América Central.

La noche de hoy lunes andaba buscando en internet  un estudio sobre la enseñanza muy popular hoy en las iglesias sobre Atar y Desatar y encontré su foro Bíblico y Teológico. Me ha sido de  ayuda a entender sobre esa enseñanza equivocada hoy y que sirve de excusa para hacer guerra espiritual y andar buscando y atando a cuanto demonio haya.
Me gustaria que me enviara el ENSAYO  LOS PROFETAS Y LA PROFECIA EN LA BIBLIA.

Hermano tengo una pregunta, en cuanto a lo que se conoce como la NUEVA REFORMA APOSTOLICA y que  está pegando fuerte en muchas iglesias, el pastor ahora es nombrado Apostol y la esposa del pastor Profeta; me gustaria saber si esto tiene algún fundamento biblico? realmente Dios esta restaurando 
El ministerio Apostolico, Profetico y la Paternidad Espiritual???

Gracias por su respuesta y el ensayo hermano Julio Benítez y siga adelante!


Apreciado hermano,

Gracias por enviarnos su pertinente pregunta.


Con gran sorpresa, y mucha preocupación, los evangélicos estamos viendo surgir un popular y atractivo movimiento apostólico y profético. Realmente esto no es nuevo, pues, la historia de la iglesia nos registra otros renacer del movimiento apostólico y profético en épocas tempranas de la cristiandad.
Aún en vida de algunos apóstoles del Cordero (los 12 apóstoles más Pablo), se habían levantado muchos hombres reclamando ser también apóstoles, y lo mismo pasó en los días cuando Juan se encontraba en la isla de Patmos. Las iglesias estaban siendo invadidas por apóstoles que no formaban parte de aquellos autorizados directamente por Cristo.
Ahora, siendo que el mismo Señor Jesús anunció que los falsos pastores, falsos apóstoles, falsos profetas y falsos maestros entrarían al seno de la iglesia; entonces, es deber de la iglesia y de sus líderes, siempre que surgen esta clase de movimientos, revisar si son movimientos del Espíritu Santo o meros caprichos e invenciones de hombres amantes de sí mismos y enemigos de la cruz de Cristo.
Algunos creyentes no se atreven a hacer un análisis crítico de esta clase de movimientos, porque consideran que no es responsabilidad del creyente y que las iglesias más bien deben estar dedicadas a predicar el evangelio de la reconciliación, en vez de estar criticando a los demás.
Aunque es cierto que nuestro principal deber es anunciar el VERDADERO evangelio de la reconciliación, no obstante, siendo que la iglesia es columna y baluarte de la verdad (1 Tim. 3:15), entonces a ella le corresponde analizar cada nuevo movimiento que surja en su seno para determinar si es conforme a la verdad, o si es falso, con el fin de denunciarlo.
Cuando surgió un nuevo movimiento apostólico en tiempos del apóstol Juan, la Iglesia de Éfeso no se quedó quieta, sino que usó el discernimiento espiritual, a través de la Palabra, e indagó a estos nuevos apóstoles, los pusieron a prueba y compararon lo que ellos hacían y enseñaban con las marcas o señales de los verdaderos apóstoles, y luego de este examen minucioso los expulsaron de la iglesia y los denunciaron como falsos apóstoles: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Ap. 2:2).
Una iglesia verdadera no es ingenua, y no se deja engañar por movimientos que tratan de imitar al verdadero accionar que el Espíritu Santo tuvo en tiempos apostólicos. Ahora, nos preguntamos ¿De qué manera la iglesia de Éfeso pudo probar a los que se decían ser apóstoles? ¿Tenemos esa regla hoy día?
Siendo que Dios sabía que la Iglesia iba a correr el peligro de ser víctima de falsos apóstoles, profetas, maestros y pastores, entonces nos dejó principios muy claros para reconocer a los verdaderos profetas, pastores, apóstoles y maestros.
Las cartas de Pablo a Timoteo y Tito nos dan las cualidades de los verdaderos pastores, obispos o ancianos. La carta de Judas nos describe a los falsos maestros. La Biblia entera contrasta a los verdaderos profetas de los falsos (pueden solicitar a mi email el ensayo Los profetas y la profecía en la Biblia, en este escrito revisamos muchos textos bíblicos donde nos indican cómo reconocer a los verdaderos profetas); pero también el Nuevo Testamento nos presenta las señales o cualidades de los verdaderos apóstoles, fue de esta manera que la iglesia de Éfeso se libró de los falsos apóstoles.
Por lo tanto, en este estudio vamos a revisar, a la luz de la Biblia, cómo distinguir entre un verdadero apóstol y uno falso, de esa manera, usted mismo tendrá la capacidad, con la ayuda del Espíritu Santo, para diferenciar a los unos de los otros.

- Los apóstoles del Cordero debieron caminar con Cristo en esta tierra desde el bautismo de Juan hasta su ascensión a los cielos y son testigos presenciales de la resurrección. En Hechos capítulo 1 encontramos la elección del reemplazo de Judas Iscariote. Él había formado parte de los 12 apóstoles, pero al final de sus días evidenció que era un falso creyente y cayó del apostolado. Por lo tanto, el apóstol Pedro, siguiendo a las Sagradas Escrituras que hablaban acerca de buscar un reemplazo para Judas, pidió a la iglesia que oraran y buscaran la dirección al respecto.
Se trataba de buscar, entre los hermanos (varones) que formaban parte de la iglesia de Jerusalén, uno que pudiera ser contado entre los doce apóstoles. Pero esta no fue una decisión que podía tomar el apóstol Pedro o los otros apóstoles, sino que Dios mismo, a través de la Iglesia, obraría para designar el nuevo apóstol.
Es interesante notar que no cualquier hombre podía ser contado entre los apóstoles, sino que había unos requisitos:
-       Que haya estado junto a los otros apóstoles durante todo el ministerio de Cristo, desde el bautismo de Juan hasta su ascensión. Es decir, que haya sido testigo presencial de los tres años del ministerio de Cristo (Hch. 1:21-22)
-       Que haya sido testigo presencial de la resurrección de Jesús, es decir, que haya visto al Cristo resucitado (Hch. 1:22).
Hubo dos varones que cumplían con esos requisitos, y de entre ellos, el Señor señaló a  Matías, el cual fue contado entre los apóstoles (Hch. 1:26).
De manera que la Biblia nos da los requisitos para que un hombre pueda ser considerado apóstol: que haya caminado con Cristo en esta tierra y haya sido testigo presencial de su resurrección.
Es por esa razón que cuando Pablo se presenta como apóstol, las iglesias, en un principio, dudaron de su apostolado, pues, él, aparentemente no cumplía con estos requisitos. Pero Pablo, aunque no formó parte de los 12, si era un verdadero apóstol, por lo tanto, veamos cuáles fueron las argumentaciones que él usó para ser reconocido como uno de ellos, y a la misma vez, usted deberá analizar si los que hoy día se dicen ser apóstoles, cumplen con estos requisitos, pues, es muy seguro, que ninguno hoy día cumple con los requisitos establecidos en Hechos 1, pues, debería ser una persona con una edad aproximada de 2.008 años, lo cual es imposible.
Pero es posible que algunos de los que hoy día se hacen llamar apóstoles piensen que, obviamente, no pueden ser considerados de la clase apostólica de los 12, pero sí de la clase a la cual pertenecía el apóstol Pablo. Por lo tanto, revisemos las marcas o señales de la clase apostólica de Pablo.

- El apóstol, de la clase de Pablo, no es ordenado como tal por otro apóstol, sino directamente por Cristo: En muchos textos Pablo reclama ser apóstol, no por voluntad humana, es decir, no por decisión de algún otro apóstol o de un pastor, sino por Cristo mismo: “Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios…” (1 Cor. 1:1); “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gál. 1:11-12). Los verdaderos apóstoles no son nombrados por otras personas, sino que Jesucristo mismo es quien lo hace. Sobre los ancianos o pastores, y los diáconos, se impone las manos para su ordenación, más esto no se hace sobre los apóstoles, porque éstos no son nombrados por ningún hombre, sino por Cristo mismo. Ni siquiera los apóstoles del Cordero tenían la autoridad para nombrar a otros apóstoles, lo único que ellos podían ordenar era ancianos o pastores en las iglesias: “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hch. 14:23). El apóstol Pablo envió a su comisionado apostólico Timoteo a una iglesia para que corrigiera lo deficiente, y una de las cosas que debía hacer era, no ordenar apóstoles, sino ancianos: “Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé” (Tito 1:5). No es verdad que Dios destinó al ministerio apostólico para que permaneciera para siempre, ni tampoco es verdad que las iglesias locales deben tener “Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Ef. 5:12), pues, de ser así, entonces los apóstoles hubiesen ordenado apóstoles, profetas, pastores en todas las iglesias, pero no fue así. Ellos sólo ordenaron ancianos, que es el ministerio que continuaría a perpetuidad. Para un estudio más profundo del fundamento apostólico de la iglesia y en qué consiste esto, puede escribirme solicitando el material “El fundamento apostólico de la Iglesia”.

- El apóstol de la clase de Pablo, también vio a Cristo resucitado. 
Pablo, defendiendo su apostolado, pone como prueba de ello el haber visto al Cristo resucitado: “¿No soy apóstol? ¿No he visto al Señor Jesucristo” (1 Cor. 9:1). Aunque Pablo no caminó con Cristo en las tierras de Palestina, y no podía ser reconocido como apóstol, en el sentido estricto de los 12, pues, este era un requisito para ello; no obstante, Pablo dice que el Señor lo nombró como apóstol a los gentiles y con el fin de cumplir con los requisitos para ser apóstol, el Señor le anunció de manera directa todo el evangelio que había enseñado a los apóstoles y también se le apareció en persona: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1 Cor. 15:3-8).
El mismo Señor Jesucristo le enseñó el Evangelio a Pablo (Lean Gálatas cap. 1 y 2) y se le apareció en persona, y lo llamó al apostolado, por lo tanto, él dice: “yo soy apóstol, tengo una de las marcas que se requieren para ello”. La pregunta que nos debemos hacer ahora es ¿Será que algunas de las personas que se hacen llamar apóstoles cumplen con esta condición? “Definitivamente es el último apóstol que Dios llamó” (Kistemaker).[1]
Ahora, es posible que algunas de las personas que hoy día se hacen llamar apóstoles digan que efectivamente a ellos también se les apareció el Señor resucitado, aunque esto es muy improbable, por no decir: imposible, vamos a creerles. Pero esta no es la única marca o señal para reclamar el oficio del apostolado, pues, la Biblia presenta otras. Miremos cuáles son las otras marcas y que esto nos permita identificar a los verdaderos apóstoles, y desechar a los falsos.

- El apóstol tiene la capacidad, por el Espíritu de Dios, de hacer señales milagrosas. En la gran comisión que Cristo dio a los discípulos, prometió algo, que se dirigía de una manera especial a los apóstoles. Marcos resalta que estas palabras fueron dichas, no a todos los discípulos, sino solamente a los once, es decir, los apóstoles: “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura… Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Mr. 16:14-16, 18).
Que estas señales iban a ser hechas de manera especial por los apóstoles queda claro en el relato que nos hace Lucas en el libro de los Hechos 5:12 “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo”.
Pablo, nuevamente defendiendo su apostado entre los hermanos de Corinto, afirma que efectivamente en él se han visto las señales apostólicas: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros” (2 Cor. 12:12). De manera que para comprobar si un hombre es verdadero apóstol, entonces debemos verificar que a través de él el Señor haya hecho estas señales milagrosas. Ahora, es posible que algunos hoy día digan que sí, que ellos han hecho estas señales poderosas. No obstante, esto tampoco es garantía de que efectivamente sean un apóstol verdadero, pues, la Biblia también nos advierte de muchos que, por el poder del diablo harán milagros: “También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia en presencia de la bestia…” (Ap. 13:13-14). Jesús mismo advirtió de muchos falsos profetas que se levantarán en el mundo (muchos dentro del pueblo cristiano), los cuales tendrán la capacidad de hacer señales portentosas: “Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aún a los escogidos” (Mt. 24:24). Gracias al Señor que guarda a sus escogidos del engaño de los falsos apóstoles, y a los que han estado bajo sus garras los libra para conducirlos a iglesias bíblicas.
Entonces, si no necesariamente los verdaderos apóstoles son los únicos que hacen señales, entonces, ¿qué otra señal o distintivo tienen los verdaderos?

- Los verdaderos apóstoles no son gravosos a las iglesias, no coaccionan a  las personas a dar dinero para sus ministerios, ni usan astucias para recibir donaciones, antes, por el contrario, se entregan por completo a la iglesia. Pablo tuvo que defender mucho su apostolado, pues, las iglesias no lo querían reconocer porque él no formaba parte de los doce, pero, Pablo demuestra a través de ciertas señales que sí es un apóstol. Y otra señal o evidencia apostólica es el desapego a lo económico, la actitud de no ser carga económica a la iglesia que se ministra. Dice el apóstol: “Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos, por cuanto os he predicado el evangelio de Dios de balde?” (2 Cor. 11:7).
Aunque muchas iglesias colaboraron económicamente con el ministerio de Pablo, no obstante, él no andaba pidiendo dinero a las iglesias para sí mismo, y las ocasiones en las que pidió dinero no fue para él, sino para ayudar a los creyentes pobres. Mientras Pablo no cobraba ni forzaba a las personas a dar dinero para su ministerio, los falsos apóstoles sí lo hacían, ellos se especializaban en esclavizar a las personas, en devorarlas, en quitarles los bienes materiales a los hermanos, por eso Pablo les reclama irónicamente a los corintios: “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da bofetadas” (2 Cor. 11:20). Lastimosamente muchas personas religiosas no tienen la capacidad de discernir entre lo falso y los verdadero, y aunque los falsos apóstoles les esclavizan y los explotan económicamente, prefieren continuar bajo el engaño, creyendo que son verdaderos siervos del Señor, pero realmente no lo son. Escuchemos lo que Pablo dice de ellos: “Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (2 Cor. 11:13-14).
El verdadero apóstol no es codicioso del dinero, ni con lisonjas, engaños o palabras bonitas trata de recibir bienes materiales. Aunque las iglesias deben sostener a los apóstoles, no obstante ellos no tienen un espíritu materialista y confían en el Señor: “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia; Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres, ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstol de Cristo. Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes (1 Tes. 2:5-10).
Cuando el apóstol Pablo se despedía de los ancianos de Éfeso, les advirtió que luego de su muerte, y la muerte de los verdaderos apóstoles, a las iglesias entrarían falsos ministros que no tendrían misericordia del rebaño, sino que los explotarían y engañarían con el fin de satisfacer sus deseos de poder y avaricia, actuando de manera contraria a los apóstoles, los cuales podían decir de todo corazón: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido” (Hch. 20:33-34).

- Los verdaderos apóstoles son misioneros o enviados para llevar el evangelio a lugares donde no es conocido, por lo tanto, sus señales más distintivas son los sufrimientos y necesidades que deben pasar por su labor evangelizadora. La Palabra griega para apóstol es apostolos, el cual se deriva del verbo apostelló. Su significado básico es enviado o mensajero. En ese sentido, todos los apóstoles (los 12), Pablo, y otros misioneros en el Nuevo Testamento son llamados apóstoles. Estos misioneros debían llevar la predicación de la cruz a todas las naciones y lenguas. Hoy día tenemos misioneros o enviados, los cuales van a muchos lugares de este mundo donde el evangelio no ha sido predicado. Si nosotros habláramos el griego koiné, diríamos que ellos son apóstoles. En ese sentido, todos los misioneros son apóstoles, más no Apóstoles en el sentido de la dignidad y autoridad de los que presenciaron la resurrección de Cristo, los cuales se convirtieron en el fundamento de la iglesia y cuyo ministerio no se requería más. Ahora, los verdaderos apóstoles (enviados) se caracterizan por lo siguiente: “No damos ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos…” (2 Cor. 6:3-5).
Mientras algunos miembros de iglesias, como las de Corinto, se jactaban ser ricos materialmente en Cristo, los apóstoles hacían lo contrario, pues, ellos, se entregaban en cuerpo y alma a la misión: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros! Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros… hasta ahora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos, padecemos persecución, y la soportamos” (1 Cor. 4:8-12).

- Los verdaderos apóstoles no reciben siembras económicas a cambio de milagros o transmisión de la unción. Ellos no estaban interesados en el dinero de las iglesias, aunque si recibían donaciones para sus misiones. Mas, ninguno de ellos engañó a los demás pidiéndoles dinero para que ellos pudieran transmitir la unción, la sanidad o la bendición de Dios. Los apóstoles verdaderos, no sólo evitaban pedir dinero de una manera inapropiada para un siervo de Dios, sino que impedían que les hicieran siembras económicas para recibir un milagro o bienestar económico a cambio (las veces que el apóstol Pablo pidió dinero y animó a darlo con liberalidad, no fue para él, sino para los hermanos más pobres).
Los verdaderos apóstoles siguen las instrucciones de su Señor, y él fue muy claro cuando comisionó a los doce: "Y yendo, predicad, diciendo: El Reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia" (Mt. 10:7-8). En una ocasión un creyente de la iglesia de Samaria aprovechó la visita apostólica de Pedro, y al ver que éste tenía una poderosa unción, decidió hacerle una siembra a cambio de que orara por él dándole esta misma unción: “Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba al Espíritu Santo” (Hch. 8:18-19). Claramente esto era una siembra o, como le llaman hoy día, “un pacto”. Pero ¿cómo respondió un verdadero apóstol?: “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hch. 8:20).
Para saber si una persona que se hace llamar apóstol es uno verdadero, es necesario mirar, además de lo anterior, su actitud hacia el dinero y los bienes materiales. Si es una persona codiciosa, que quiere vivir en mucha comodidad, andar en los mejores autos, hospedarse en los mejores hoteles, vestir la mejor ropa, comer en los mejores restaurantes; es muy probable que ese sea un falso apóstol, obrero fraudulento, mercader de la fe. Huye de él, como el que huye de una serpiente venenosa. No te fijes en fu calidad de expresión, o en su personalidad carismática, en los supuestos milagros que hace: no es un verdadero apóstol.

- Los verdaderos apóstoles no dedican el tiempo a predicar de dinero, sino a Cristo y su cruz. Este es el único mensaje que ellos quieren transmitir, porque son apóstoles de Cristo. El apóstol Pablo dedicó dos capítulos de la 2 carta a los Corintios para hablar respecto a las ofrendas que se le daban a los pobres, y trató algo sobre el mismo tema en la carta a los filipenses, y en algunas otras pocas ocasiones animó a los creyentes a ofrendar con liberalidad para socorrer a los pobres. También en algunas pocas ocasiones agradeció a las iglesias por las donaciones que hicieron para sus viajes misioneros; más él no se la pasaba predicando sobre el tema de las ofrendas, ni de las siembras, pues, siendo un apóstol o enviado de Cristo, su máximo interés era que la gente conociera a Cristo y su cruz: “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Cor. 1:23); “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado (1 Cor. 2:2). Si un día alguien pretende tener el ministerio apostólico, entonces, debe imitar a los verdaderos apóstoles, no a los falsos, debe escuchar la exhortación del apóstol Pablo: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros (los apóstoles). Porque por ahí andan muchos (falsos apóstoles y falsos ministros del evangelio), de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza, que sólo piensan en lo terrenal” (Fil. 3:17-19).

Creo que hemos ahondado en el asunto, y, según lo que la Palabra nos ha enseñado, ya tenemos las bases para evaluar si los predicadores que hoy día se hacen llamar apóstoles realmente lo son, o no son más que falsos profetas, que engañan y conducen las almas al infierno, llevándolas a confiar en las cosas materiales, pero negando el verdadero evangelio que conduce a la salvación.


Su servidor en Cristo,

Julio César Benítez



Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/


2 comentarios:

Anónimo dijo...

amado ministro le hago una referencia de la Palabra de Dios en Hechos Cap. 3: 13 en adelante le podemos referir que El Espiritu Snato fue el que envio a Pablo y a Bernabé al ministerio Apostólico, despues que hombres llenos del poder del Espiritu Santo les impusieran las manos y los enviaran a la obra del Espíritu Santo.

Anónimo dijo...

Soli deo gloria