viernes, 6 de julio de 2018

Qué enseña la Biblia sobre la adivinación


El hermano Miguel pregunta: Mi padre ha sido engañado por un “adivino” que hizo una publicidad por la radio. Mi padre fue donde él y le dijo que él le iba a ayudar a ganar la lotería, pero debe darle 9 millones de pesos colombianos para darle el número ganador, con el cuan podrá obtener muchísimo dinero. Además, este brujo le dijo que sobre nosotros los hijos reposa una maldición y él necesita hacer unos ritos para librarnos de ellos. Pastor Julio ¿qué dice la biblia al respecto? ¿Cómo puedo ayudar a mi padre a salir de ese engaño?

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Saludos fraternales.
Entendemos su preocupación. De entrada Podemos afirmar que su padre está siendo víctima de un estafador.
Vamos a responder mostrando lo que la Biblia enseña sobre los adivinos, esperando que usted pueda tomar de esto algunas herramientas que le permitan ayudar a su padre.
En el Antiguo Testamento la palabra adivinar o adivinación suele traducirse como sortílego, agüero. La idea general de la adivinación es la de intentar percibir acontecimientos distantes en el tiempo o el espacio, los cuales requieren de algún medio especial para alcanzarlo.
El Pentateuco prohibió totalmente la práctica de la adivinación dentro del pueblo del Señor: “No seréis agoreros, ni adivinos” (Lv. 19:26). “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien… practique la adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni echicero, ni encantador, ni adivino, n imago, ni quien consulte a los Muertos. Porque es abonimación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti” (Det. 18:9-12). Dios considera la práctica de la adivinación como algo abominable, despreciable. Practicar esto, o acudir a los adivinos significa atraer la ira de Dios, y por estas practicas Dios ha castigado para siempre a muchos pueblos.

Esa fue una de las causas por las cuales Dios castigó, practicamente con el exterminio, a su propio pueblo elegido, Israel: “Dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios… se dieron a adivinaciones y agüeros, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira. Jehová, por tanto, se airó en gran manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro” (2 Rey. 17:16-18).

Para la práctica de la adivinación se suelen usar distintos medios, todos reprobados por el Señor, como son: la rabdomancia, es decir, arrojar al aire palos o flechas, y según la posición al caer, indicaban algunos presagios (Ez. 21:21). Otro medio es conocido como la hepatoscopía, es decir, el uso del hígado de un animal, y dependiendo de alguna formación o rasgos del mismo, el chamán interpretaba algún presagio. Los terafines, es decir, el uso de imágenes asociadas al espiritismo. La necromancia, es decir, consultar a los Muertos para conocer algo del futuro. La astrología, dependiendo de la posición del sol, la luna y los planetas en relación al zodíaco y el uno con el otro; se obtenían conclusions sobre el future. La hidromancia, que es la adivinación usando el agua u otros líquidos, como el café, el chocolate, etc. y dependiendo de las figuras que se formen en el fondo del tazón, supuestamente indican algún presagio particular. En fin, a través de la historia de la humanidad se ha recurrido a muchos medios con el fin de conocer el futuro.

Pero, el único que conoce el futuro, porque él mismo ha determinado todo lo que ha de ser es Dios. Ningún ser creado en este mundo, ni hombre ni ángel, puede conocer a certeza lo que el futuro será, porque nadie, excepto Dios, lo ha determinado. Hay personas especializadas en pronosticar cosas, como en el caso de las elecciones presidenciales de un país, o el desarrollo de la economía de una region; pero estas predicciones son supuestos basados en algunas variables y constantes; no obstante, no necesariamente las cosas terminan siendo como se pronosticaron; pues, estas variables cambian y están supeditadas a las contingencias de las cosas y a las circunstancias cambiantes de la vida. “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mi, que anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y hare todo lo que quiero” (Is. 46:9-10).

Los adivinos no pueden adivinar el futuro, porque para ello se ha tenido que vivir el futuro, y solo se puede hacer esto si se es eterno. Y el único Eterno es Dios. Él, como ser eterno, ha vivido el pasado, el presente y el futuro. Él sabe con certeza todo lo que será. Nadie más lo conoce.

Ahora, en la Biblia se menciona a algunas personas que tenían espíritu demoníaco de adivinación, pero en estos casos, al estar asociados con la posesión demoníaca, es algo malo, perverso y prohibido en la Biblia. Esto se deja ver en la reacción del apóstol Pablo frente a una muchacha que tenia espíritu pitoniso: “Aconteció que mientras íbamos a la oración nos salió al encuentro una muchacha que tenia espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora” (Hch. 16:16-18).

Primero, observemos que la adivinación era causada por un espíritu del mal. Ellos, a través de la investigación y el conocimiento que tienen pueden hablar, a través de mediums, las cosas que han sido, lo pasado; pero nunca podrán pronosticar fehacientemente lo que será, porque esto solo le corresponde a Dios.

Segundo, observemos que en este caso de real actividad de adivinación, las ganancias eran para los amos, es decir, para los dueños del negocio. Las ganancias nunca serán para los incautos que siguen y escuchan a este tipo de personas. Ellos siempre buscan el lucro y beneficio personal, estafando y engañando a los incautos.

Tercero, aunque los adivinos, brujos, chamanes, mediums, etc., pueden decir cosas verdaderas, relacionadas siempre con el pasado, y pueden usar el nombre de Dios y algunos elementos asociados a la fe Cristiana, no son más que instrumentos de Satanás, los cuales deben ser evitados. Por esa razón el apóstol reprendió el espíritu inmundo de adivinación que obraba en la muchacha.

En resumen, acudir a este tipo de cosas con el fin de conocer algo del pasado o del futuro, es acarrear sobre sí mismos y sobre su familia la maldición de Dios, pues, estas cosas siempre están relacionadas con el satanismo.

Es por eso que la Palabra del Señor advierte fuertemente diciendo: “Pero los cobardes e incrédulos, los fornicarios y echiceros, los idólatras y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre” (Ap. 22:15). Los hechiceros, los adivinos, los magos, y todos los que practican la adivinación, así como los que los consultan están bajo la ira del Señor, y si no se arrepienten de esa gran maldad, el infierno será su destino eterno.
Pero no solo el infierno de fuego y azufre, sino el infierno de ser explotados por los vividores y engañados de este mundo.

viernes, 22 de junio de 2018

El velo en la mujer creyente por causa de los ángeles


Dio le continué bendiciendo...

Las dudas que tengo son la siguientes;
1-¿Están obligadas la mujer cristiana a usar el VELO para ministrar por que es señal de autoridad como lo dice en la 1ra carta a los corintios, es parte de la doctrina de cristo?
2- ¿Qué significa "por causa de los ángeles" a que ángeles se refiere o está hablando del Pastor?
3-¿Por qué se le atribuye el nombre de ángel al pastor en algunas enseñanzas? Como por ejemplo el mensaje a las 7 iglesias en Apocalípsis.

Gracias... Y perdone mi falta de conocimiento. 




Saludos fraternales.

Gracias por enviarnos sus preguntas.

¿Están obligadas las mujeres cristianas a usar el velo para ministrar en el culto de adoración? ¿En qué sentido es señal de autoridad? ¿Usar el velo es parte de la doctrina de Cristo?

Para responder esta pregunta, empezaremos leyendo la enseñanza que Pablo da al respecto en 1 Corintios capítulo 11:3-16:

3. Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.
4. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.
5. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.
6. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra.
7. Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.
8. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,
9. y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.
10. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.
11. Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón;
12. porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.
13. Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?
14. La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?
15. Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.
16. Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

En el capítulo 11 Pablo da instrucciones a la Iglesia de Corinto sobre el orden que se debe tener en el culto solemne a Dios. Instruye sobre el uso de los dones en el culto, sobre la celebración de la Cena del Señor y sobre la forma de orar en el mismo.
Pablo desea que la iglesia se consistente, tanto en el culto como en la vida diaria, de los principios de autoridad y sejeción que Dios ha dado a la raza humana. El hombre es cabeza, la mujer guarda sujeción.
Al parecer, la iglesia de Corinto estaba sobrepasando los límites del orden y la solemnidad, así como los de los roles dados por Dios al hombre y a la mujer.
Pablo quiere que los Corintos usen su razón renovada por el Espíritu para que analicen, y lleguen ellos mismos a conclusiones bíblicas, respecto a cuál es la mejor forma de adorar a Dios.
Por eso hace la pregunta retórica: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza? La respuesta obvia es un contundente No. Pablo considera que el contenido del culto adoración es muy importante, pero también lo es la forma como las mujeres y los hombres se conducen en el mismo.  “Cuando uno asiste y participa en un culto, dedicado a adorar a Dios, uno debe hacerlo con decoro. Cuando adoramos al Señor nos acercamos a un Dios que mora en la santidad. Los ángeles cubren sus rostros en la presencia de Dios y dicen: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Is. 6:2, 3). Por eso, Pablo pregunta si es propio que una mujer ore a Dios con la cabeza descubierta. Se esperaba que ella siguiera las prácticas culturales de la época, esto es, que viniese a la iglesia vestida apropiadamente y que así participara del culto”[1].
¿Por qué Pablo ordena que la mujer no esté en el culto con la cabeza descubierta? Porque ella debe mantener su honor y dignidad femenina. En la cultura corintia esto se hacía llevando la cabeza cubierta. En esa época las damas honorables cubrían sus cabezas con velos para diferenciarse de los hombres. “Dios creó una diferencia distintiva entre hombres y mujeres, y desea que su pueblo muestre esta diferencia mediante una vestimenta apropiada. Si una mujer rehúsa seguir estos códigos, niega a propósito la diferencia que Dios ha establecido”[2].
Es por eso que Pablo, en los versos 14 y 15 apela a la naturaleza “para demostrar que las diferencias entre hombres y mujeres está basada en un orden natural que se origina en la creación. En otras palabras, Pablo afirma que las mujeres no tienen derecho a abandonar las normas culturales por el hecho de que son libres en Jesucristo. Más bien, Pablo quiere que vivan en armonía con el orden de la creación y que se mantengan dentro de las costumbres de su tiempo”[3].
Es por eso que él dice, cuando Dios nos creó, hizo a la mujer con la virtud de que su cabellera creciera más rápida y largamente que la de los hombres, y que esto se viera muy bien en la mayoría de culturas. Dentro del judaísmo, el helenismo, la cultura romana, y muchas otras; lo usual era que los hombres usaran el cabello corto, y las mujeres se lo dejaran crecer. “Epicteto fue un filósofo estoico que enseñó a mediados del primer siglo. Aún él habla de la diferencia que hay entre hombres y mujeres respecto al pelo. Concluye: “Por tanto, debemos preservar las señales que Dios nos ha dado. No debemos echarlas a la basura. Hasta donde dependa de nosotros, no debemos confundir los sexos que se diferencian de este modo”. Hasta este escritor pagano reconoce la diferencia que Dios creó y que hizo parte del orden de la creación”[4].
Los hombres judíos acostumbraban cortarse el cabello. Solo había unas contadas excepciones para ello. Como en el caso de algunos votos narareos, o por duelo. De lo contrario, se consideraba una deshonra para el varón.
Por el contrario, el cabello largo era la gloria de la mujer. Aunque Pablo no indica cuál es el largo de la cabellera que la mujer debe usar, ni indica qué clase de peinados debe llevar, si sienta el principio de que el cabello de la mujer debe ser más largo que el de los hombres. Ella debe tener un distintivo particular en el largo de su cabello que la diferencie de los varones. Su cabello largo es el gozo de su esposo.
Ahora, además del cabello largo, Pablo agrega que las mujeres deben usar un velo, como era costumbre en dicha cultura, como símbolo de que honran a sus esposos y le son sujetas.
Ahora, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Usan las mujeres de hoy día un velo o sombrero como señal de sujeción y honra hacia sus esposos en nuestra cultura occidental? Definitivamente no. Usar un velo hoy día, cuando en nuestra cultura no es costumbre, puede ser motivo de distracción en el culto de adoración. Pero, si hay un principio general que puede extraerse de estas instrucciones paulinas y es el siguiente: “Que la mujer sea distintivamente femenina en la forma en que se viste y usa el cabello, para que así pueda cumplir con el papel que Dios le dio desde la creación. Quiere que en su feminidad sea sumisa a su esposo. La belleza única de la mujer se manifiesta en forma gloriosa en la forma en que su cabello y su cuidado por las costumbres femeninas manifiestan su femineidad distintiva”[5].
Pablo concluye su instrucción sobre el velo como señal de sujeción en el culto, advirtiendo a aquellos miembros de la iglesia que suelen usar el lema de la libertad cristiana para no sujetarse a los principios y mandatos divinos. Pablo dice que él no le dedicará tiempo a los contenciosos, los cuales tienen por costumbre discutir todas las cosas, así sean mandatos bíblicos. Además, Pablo, y el resto de los apóstoles, respetan la norma de que todos asistan al culto vestidos apropiadamente para la adoración solemne.
Por último, ¿qué significa por causa de los ángeles? Debemos recordar que dentro de los miles de ángeles que Dios creó, un grupo se separó de la obediencia al Señor, mientras que los demás se mantuvieron fieles y sujetos a su creador.
Estos ángeles fieles son protectores y siervos de los santos. Ellos se complacen en contemplar la gloria de la gracia del Señor al salvar a pecadores y unirlos en un solo cuerpo, como enseña Pablo en la carta a los Efesios. Sería muy ofensivo para estos ángeles santos el hecho de ver que las mujeres en el culto de adoración no se mantienen fieles a su rol de sujeción, al no vestirse apropiadamente para ese momento tan solemne. Ellos estuvieron presentes cuando Dios creó al hombre y a la mujer, y conocen del rol y orden que Dios les asignó, al hombre el ser cabeza y a la mujer la sujeción, de manera que experimentarían una gran ofensa al ver cómo se viola ese orden dentro del pueblo del Señor.


¿Por qué en Apocalípsis se le atribuye el título de ángel al pastor?

El término ángel, en griego, significa, mensajero. En ese sentido, no sólo a los seres etéreis o espirituales que habitan cerca del trono del Señor se les dá esa designación, sino también a algunos hombres que fungieron como mensajeros, obispos o pastores.
Es absurdo pensar que en el mensaje a las siete iglesias, Jesús se esté dirigiendo a seres celestiales, pues, es difícil comprender en qué sentido ellos serían responsables de los pecados de las iglesias. Pero también es difícil pensar que Jesús se dirija a un pastor en singular, cuando la Biblia nos enseña que la voluntad de Cristo es el gobierno de la Iglesia a través de una pluralidad de ancianos. De manera que no es fácil llegar a determinar con precisión a qué se refiere el Señor con el ángel de la iglesia. Es probable que se refiera al cuerpo gobernante como un todo.


[1] Hendriksen, William. 1 Corintios. Página 414
[2] Hendriksen, William. 1 Corintios. Página 414
[3] Hendriksen, William. 1 Corintios. Página 414
[4] Hendriksen, William. 1 Corintios. Páginas 414, 415
[5] Hendriksen, William. 1 Corintios. Página 416

Es posible que un creyente termine imitando a sus padres en pecados terribles


Me da gusto saludarle pastor.
Sepa que he orado por usted y su vida, así como por su ministerio. Ruego a Dios que cada día le provea más de la sabiduría divina tan necesaria y vital en estos tiempos dentro del liderazgo.
Quiero hacerle una pregunta de manera muy especial y me gustaría que fuese anónima, si es que usted la publica en su blog. Es por respeto a la persona que tiene la inquietud acerca de lo que le preguntaré.

Cada creyente, por naturaleza, tiene cierta tendencia hacia el pecado. Es claro que algunas personas tienen una tendencia mayor a mentir así como otras a robar, así como otras a… ¿Esas tendencias hacia determinado pecado (siendo creyente) se basa en mis raíces parentales? Es otras palabras, ¿yo tengo la herencia de mi padre que fue una persona terriblemente pecadora y por ende yo tengo la tendencia al mismo pecado o formas de pecar?

Pregunto esto porque en estos días escuché a un querido hermano pastor que predicando decía que su padre era un criminal y que por ende, él temía ser de igual manera, un criminal. ¿Es esto posible siendo una nueva creación en Cristo?




Apreciado Héctor, saludos fraternales.

Gracias por enviarnos su pregunta. Lamentamos mucho la demora en responder, pero, hemos recibido tantas que, en ocasiones, puede pasar hasta un año para sentarnos a responderlas, a la luz de las Sagradas Escrituras.
Respecto a su pregunta, podemos decir lo siguiente:
Primero, la Biblia nos muestra, tanto por precepto como por ejemplo, que los hijos imitan a los padres, especialmente, en sus pecados.
Los hijos heredan la naturaleza pecaminosa de sus padres, la cual se recibió de Adán. Por eso, luego de la caída en el pecado, cuando Adán tuvo un hijo, ya no dice que fue engendrado a la imagen y semejanza de Dios, sino de Adán: “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set” (Gén. 5:3). Cuando Adán pecó, en él pecaron todos los hombres, y en consencuencia, todos los hombres nacen con una naturaleza pecaminosa, inclinada siempre al mal: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5:12). No solo se trata de la muerte física, sino de la muerte espiritual. Todos los hijos de Adán nos volvimos inútiles para hacer lo bueno según Dios, para obedecer sus leyes santas: “Como está escrito: No hay justo, ni aún uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulco abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Ro. 3:10-18).
Desde el principio mismo el ser humano, niños, jóvenes y ancianos, manifestó la inclinación natural que tiene hacia el pecado: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos, era de continuo solamente el mal” (Gén. 6:5).
El hombre, entonces, hacía el mal por la inclinación natural que llevaba dentro, es decir, por la naturaleza pecaminosa que recibía de sus padres, estando aún en el vientre (Se apartaron los impíos desde la matriz ( Sal. 58:3); He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre (Sal. 52:5). Además, para complicar más el asunto, los hombres no solo hacen el mal por la inclinación natural, sino por el aprendizaje o la imitación.
Un caso claro es el de Isaac, quien vio a su padre Abraham acudir dos veces al pecado de la mentira para librarse de un problema imaginario, en el cual se suponía que los habitantes de cierta región lo iban a matar a causa de su esposa, quien era muy hermosa (Gén. 12:13; Gén. 20:2). Aunque Isaac aún no había nacido, de seguro que conoció lo que hizo su padre, de manera que, cuando tuvo que enfrentarse con una situación imaginaria parecida, acudió al mismo pecado de la mentira: “Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer, pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto” (Gén. 26:7).
Cuando vemos la historia de Israel, especialmente en sus momentos de vida espiritual más oscuros, encontramos que la mayoría de los hijos imitaron a sus padres en el pecado de la idolatría.
La realidad del ser humano es que los hijos terminan imitando a sus padres, especialmente en sus actos pecaminosos. Un padre borracho, fumador y mal hablado, será imitado por sus hijos en esta misma clase de pecados. Un padre estafador, mentiroso y perezoso, engendrará hijos que lo imitarán en estas maldades. Un padre inmoral, fornicario y adúltero, engendrará hijos que lo imitarán en estas perversiones. Ya entendemos porqué en Latinoamérica ha sido tan difícil erradicar la corrupción, pues, los hijos aprendieron de sus padres estas mañas, y las vuelven su práctica diaria en todos los aspectos de la vida.
Ahora, esto no significa que los hijos obligatoriamente deban terminar haciendo las mismas maldades de sus padres. Algunos hijos han roto con esa herencia de imitación y han cambiado el paradigma establecido. No obstante, lo más usual es que los hijos terminen imitando el pecado de sus padres.
Ahora, la buena nueva es que Cristo, a través del Evangelio transforma para siempre al hombre, dándole una nueva dida, infundiendo en él un nuevo principio de santidad y amor por la Ley santa del Señor; cambiando el chip antiguo de la inclinación hacia el pecado, y dándoles el Espíritu Santo, quien les lleva a andar en novedad de vida, en santidad, amor y rectitud. Por eso el apóstol Pablo pudo decir: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Cor. 5:17). Es decir, si el padre fue un estafador, borracho, mal hablado o fornicario, el hijo, ahora en Crsito, ha roto con esa cultura de maldad, y en él ha empezado a obrar un nuevo principio de santidad que lo lleva a imitar a su padre, Dios, y no al diablo.
El apóstol Pablo le dijo a los creyentes de Corinto que ellos habían sido “fornicarios… idólatras… adúlteros… afeminados… homosexuales… ladrones… avaros… borrachos… maldicientes… y estafadores… mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor. 6:10-11). Cuando el Espíritu Santo obra en el corazón de la persona, y le da el nuevo nacimiento y la conversión, empieza una ruptura con el pecado, pues, ahora el propósito del Espíritu en él es conformarlo a la imagen de Cristo: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despodajo del viejo hombre, con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9-10).
La exposición constante a la Palabra de Dios, la oración sin cesar, el uso de los medios de Gracia, la asistencia a una iglesia bíblica donde se predique expositivamente y el consejo sabio de los pastores; serán instrumentos para la nueva criatura en Cristo crezca en santidad, abandonando los pecados que se habían constituido en práctica habitual de su alma, ya sea por la inclinación natural de su corazón o por el aprendizaje por imitación de sus padres o familiares.
Los cristianos somos exhortados a imitar a nuestro nuevo padre: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Ef. 5:1).
Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez

Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/

domingo, 11 de marzo de 2018

SE DEBE GUARDAR EL DÍA DE REPOSO



¿SE DEBE GUARDAR EL DÍA DE REPOSO?
PREGUNTA:
Se ha optado por desarrollar un artículo acerca de guardar el día de reposo por el número considerable de preguntas que le han llegado al pastor Julio Benítez acerca de este tema, ¿Se debe guardar el día de reposo? ¿Cómo se debe guardar? Y ¿Por qué no se guarda el sábado sino el domingo?
RESPUESTA:
Respuesta por el hermano Cristian Cárdenas


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El propósito de este artículo no es decir algo nuevo o presentar una nueva perspectiva sobre el día de reposo, la intención de este escrito es brindar aquél acercamiento bíblico e histórico que ha permanecido desde la iglesia primitiva, Padres de la iglesia a través de los siglos, y también los grandes reformadores e iglesias históricas confesionales actuales, quienes preocupadas porque su adoración a Dios sea regulada por la Escritura, comprobaron diligentemente la enseñanza del día de reposo como el día en que Dios quiere que su iglesia se reúna para adorarle. Igualmente se invita al lector a hacer una lectura crítica y examinar con las escrituras lo que se diga en este artículo.
La enseñanza del día de reposo debe ser vista desde dos perspectivas, primero en su sentido protológico[1] (origen y principio del mandamiento), y segundo, en su sentido escatológico (su propósito final). Luego se tocará el tema de la migración histórica del día de reposo al primer día de la semana, y por último la forma de guardarlo.
SENTIDO PROTOLÓGICO: UN MANDATO PRE-CAÍDA
Cuando se hace un estudio de la Cristología protológica, los teólogos buscan entender a la obra de Cristo desde la perspectiva de la creación. El estudio del día de reposo reclama ser estudiado en su sentido protológico, es decir, desde su creación en Génesis 2. Dios “reposó el día séptimo de toda la obra que hizo” (Gn 2:2b), Dios literalmente acabó/finalizó todo lo que había hecho y cesó de todo lo que hizo en la creación (Gn 2:2). La palabra hebrea que se usa en el texto es el verbo shabat שׁבת que significa “cesar”[2], y de este verbo proviene el sustantivo «shabbat» שַׁבָּת de donde viene la palabra “sábado”. El verbo “cesar” deja por fuera toda idea de que Dios estaba cansado, pues Él “no desfallece, ni se fatiga con cansancio” (Is. 40:28). Dios cesó de su obra después de seis días. A. W. Pink habla con respecto a esto diciendo: “si Dios hubiera detenido todo trabajo en aquel primer séptimo día en la historia humana, hubiera significado la destrucción total de toda la creación. La obra providencial de Dios no podía detenerse”[3], desde el primer séptimo día ya no habría creación sino la procreación de los seres vivientes por providencia de Dios, Él sustentando su creación (He. 1:3). Dios enseña con sus mismos actos a que el hombre cese un día a la semana, aquel hombre que fue creado a su imagen y semejanza debía imitar sus mismos actos. Este sería un mandato existente desde los primeros días de la creación, una institución de carácter divino y escatológico.
Dios no solo cesó en el séptimo día, también lo bendijo y lo santificó (Gn 2:3) y la razón que se da no es por ser el séptimo día más especial que los demás, sino porque fue en ese día en el que cesó de su obra creadora. Al Dios bendecir este día está bendiciendo también a aquel que lo guarda, el hombre sería bendecido de una forma especial en aquél día. Además, es interesante notar que Dios estaba santificando un día en el tiempo, ese día era santo sobre todos los demás. El hecho de que Dios haya santificado algo antes de que hubiera impureza por el pecado muestra la solemnidad con la que se debe guardar el día de reposo, Dios elevó este día por encima de los demás, lo cotidiano lo volvió solemne y lo común lo volvió sagrado.
Lo cotidiano lo volvió solemne y lo común lo volvió sagrado
El carácter ontológico del día de reposo muestra que no está fundamentado en la ley mosaica sino en el aspecto protológico en el génesis de la creación. Es por esto que en las tablas de la Ley dadas a Moisés, donde se resume la esencia moral de la ley de Dios, el cuarto mandamiento no es algo nuevo. Al pueblo se le dice “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” (Éx 20:8), pues el pueblo sabía que había un día más santo que los demás, en el que debían de cesar de sus actividades para dedicarlo a cosas santas. Lo confirma el hecho de que aun antes de que Yahvé le haya dado el decálogo a Moisés les ordena recoger Maná el sexto día para guardar el séptimo día como día de reposo (Éx 16:29, 30).
El cuarto mandamiento es especialmente el más extenso de toda la ley moral, el pueblo debe acordarse de este día para santificarlo. Para aquellos que ven el cuarto mandamiento de naturaleza ceremonial o que tuvo su cumplimiento con la venida del Señor, y que por lo tanto ya no se debe guardar, debe quedar claro que el día de reposo es una institución dada en la creación y recordada en el decálogo, y que la ley fue dada por Dios para su perpetuo cumplimiento, no solo nueve mandamientos sino los diez.
Tanto Jesús como los Apóstoles confirman la vigencia de la ley moral. Cristo cumplió toda la ley, él no vino a abrogar la ley sino a cumplirla (Mt 5:16). Él manda a que se cumpla de forma completa la ley moral, no solo algunos mandamientos, sino todos. El Nuevo Testamento es unánime en la vigencia de la ley moral y deja claro que esta no nos justifica delante de Dios. El Apóstol Juan asocia el pecado directamente con la infracción de la ley (1 Jn 3:4), un verdadero cristiano, un hijo de Dios, por su nueva naturaleza es llevado a cumplir la ley, no practica el pecado (1 Jn 3:9). Santiago llama transgresor de la ley a aquel que falla en alguno de estos mandamientos (St 2:11). La vigencia de la ley moral permanece y debe ser cumplida por todo hombre, incluido guardar el día de reposo. La naturaleza ontológica del cuarto mandamiento dado en la creación, aun antes de la caída, exige su perpetuo cumplimiento. No obstante, la ley moral tuvo una aplicación específica durante pacto de la ley mosaica, la aplicación práctica de la Ley mosaica en el pueblo judío estaba acompañada de elementos ceremoniales y tipológicos que prefiguraban la obra de Cristo, y como se verá más adelante la esencia de la ley moral permanece, pero su aplicación despojada ya de todo elemento ceremonial cambia por su correspondiente cumplimiento en la manifestación del Hijo de Dios.
Los judíos con el transcurso de los años interpretaron cómo se debía guardar y practicar el cuarto mandamiento, un ejemplo se puede ver en el Talmud, que es la recopilación de la tradición oral del pueblo judío sobre la Torá (primeros 5 libros de la Biblia). En el Talmud se presentan 39 categorías de actividades prohibidas en el Día de reposo[4].  Contra estas prácticas se enfrenta Jesús en el relato de los evangelios, y es Él quien exalta el día de reposo despojándolo de todas las prácticas impuestas por los judíos a lo largo de los años.

SENTIDO ESCATOLÓGICO: EL DESCANSO EN CRISTO
La segunda parte de este artículo mostrará el mandamiento del día de reposo desde su perspectiva escatológica, el propósito final del mandamiento y su anuncio de la obra de Cristo.
Empezando desde Génesis, se puede notar el hecho de que Moisés al relatar la creación, en los primeros seis días, usa el estribillo “Y fue la tarde y fue la mañana” (Gén 1:8), elemento ausente en el relato del séptimo día, pues ese día bendecido y santificado por el mismo Dios, estaba apuntando a un descanso escatológico, el Señor del día de reposo daría descanso del pecado al hombre caído, y daría un descanso final mayor y eterno en el mismo Señor. Este descanso fue prometido a Moisés en Éxodo 33:14, sin embargo, el pueblo de Israel no entró a ese descanso por su desobediencia, pues este descanso sería dado en Cristo a su iglesia con su muerte y resurrección. En las palabras del mismo Señor Jesús se escucha que: Él es quien hará descansar a los que se acerquen a Él cansados del yugo de la ley (Mt 11:28). En la epístola a los Hebreos se habla de aquél reposo escatológico, el reposo de Dios (Heb 4:10) aquél en el que Cristo entró al morir para traer con su resurrección la redención y el descanso a su pueblo, su iglesia. Dice el Dr. Joel Beeke que “El día de reposo es un signo de la promesa de redención, tanto en su cumplimiento presente como en la consumación que aún está por llegar”[5].  Aquella consumación de ese descanso escatológico es anunciada al apóstol Juan en el apocalipsis, “Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apo 14:13). “Y cuando venga el Señor, sus hijos entrarán en ese reposo, y Dios será todo en todos” (1 Cor 15:28).

DEL SHABBAT AL DOMINGO: NUEVA CREACIÓN Y VERDADERA REDENCIÓN
Muchos, al sustentar el primer día de la semana como el nuevo día de reposo apelan a la tradición histórica de la iglesia sin argumentar bíblicamente el porqué de este cambio, pero la tradición en sí misma no llega a ser convincente si no se analiza el fundamento de la tradición, el porqué de ella. Debe haber claridad doctrinal y un fundamento bíblico del día de reposo.
Con lo presentado anteriormente, acerca del carácter protológico y escatológico del día de reposo, la migración histórica de la celebración del día de reposo se hace mucho más clara. Su carácter protológico está directamente relacionado con la creación, este mandamiento pertenece al principio de todo, una institución tan antigua como el mandato del matrimonio, y tan primicial como la propia creación; su carácter escatológico anuncia un descanso final y eterno en el Señor Jesús. Teniendo en cuenta esto, se puede observar en el Pentateuco que al pueblo de Israel se le dieron dos razones por las que debía guardar el día de reposo: la creación y la redención. La primera se encuentra en Éxodo 20:11, donde se afirma que se debe guardar el día de reposo en razón de que Dios había creado al mundo y había cesado el séptimo día. Y la segunda se encuentra en Deuteronomio 5:15, allí la razón alude a que Dios los había libertado y redimido de la esclavitud con gran poder. El pueblo celebraba estos dos portentosos eventos en el día de reposo, los cuales apuntaban directamente a la obra de Cristo en el nuevo pacto.
El señor Jesús se proclama Señor del día de reposo y lo reclama como suyo (Mt 12:8), y en su muerte y resurrección hace una nueva creación y redención que es la que ahora celebra su pueblo, su iglesia en el día de reposo.
El apóstol Pablo anuncia esta nueva creación en la segunda carta a los Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, ahora somos nuevas criaturas en Cristo, libres de la naturaleza pecaminosa. A los Gálatas también habla de aquella nueva creación “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Ga 6:15). Cristo no solo efectuó una nueva creación, sino, también una verdadera, completa y perfecta redención, Él anuncia a los discípulos que se creían libres de esclavitud que “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn 8:36). El Señor traería verdadera libertad del pecado con su sangre, así habla el salmista a Israel diciendo “Y él redimirá a Israel de todos sus pecados” (Sal 130:8). Pablo habla de la obra redentora de Cristo diciendo “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Ef 1:7). De manera factual el Hijo de Dios hizo una nueva creación y redimió a su pueblo una vez y para siempre en su resurrección, el Hijo de Dios trajo reposo a su pueblo en su resurrección, ya no un sábado sino el primer día de la semana.
La esencia moral del mandamiento no cambió, seguía siendo un día después de seis, su pueblo seguía reuniéndose para santificar su día, ahora celebrarían la nueva creación hecha en Cristo, no celebrarían aquella liberación de Egipto, sino aquella a la cual apuntaba esa esclavitud, el cautiverio del pecado. En Génesis 2 se ve a Dios cesar de su obra creadora, de la misma forma, en el Nuevo Testamento se muestra que Jesús cesa de hacer su nueva creación y su obra perfecta de redención el primer día de la semana, el día de su resurrección. Este se convirtió en el nuevo día de reposo para el pueblo del nuevo pacto.
Juan y Lucas en sus evangelios hacen énfasis especial al resaltar el primer día de la semana como el día de la Resurrección de Jesús (Lc 24:1; Jn 20:1), y Jesús espera siete días para aparecerse el siguiente primer día de la semana a sus discípulos (Jn 20:19; Lc 24:13), y Juan hace el énfasis en que a los ocho días cuando los discípulos estaban nuevamente reunidos, Jesús se muestra de nuevo y sopla en ellos al Espíritu santo (Jn 20:24). El libro de los Hechos menciona que los discípulos de Jesús estaban reunidos en el día del Pentecostés (Hch 2:1), este era el primer día de la semana, y el Espíritu de Dios se derramó sobre ellos con gran poder. Luego se muestra cómo los discípulos de Pablo estaban reunidos el primer día de la semana para partir el pan, que es el santo sacramento, y escuchaban la predicación de Pablo (Hch 20:6, 7). En la primera carta a los Corintios se observa cómo Pablo pide que se recoja ofrendas para llevar a Jerusalén el primer día de la semana según lo que cada uno haya prosperado (1 Co. 16:1-2). Así, el primer día de la semana se convirtió para la iglesia primitiva en un día santo, de común reunión por la razón de la resurrección del Señor Jesús. El apóstol Juan confirma la migración del día de reposo llamando al primer día de la semana “El día del Señor” (Ap 1:10).
Esta migración es un suceso que se ve en el Nuevo Testamento después de la muerte del Señor Jesús; sin embargo, algunos creyentes sostienen que el cambio del Shabbat al primer día de la semana se debe a un decreto oficial del emperador Constantino I desde marzo del año 321 d.C. Además, estos mismos creyentes temen guardar el día de reposo el primer día de la semana porque el Imperio Romano celebraba en ese día culto al dios Sol. No obstante es necesario hacer ciertas aclaraciones: los judíos llamaban el primer día de la semana «Yom rishón », יום ראשון que significa, simplemente, “primer día”, y, como se mencionó antes, Juan llama por un nombre sagrado al primer día de la semana «kyriaké heméra», κυριακῇ ἡμέρᾳ, que significa “día del Señor” (Ap 1:10). Si bien es cierto que para el antiguo Imperio Romano el primer día de la semana judía era llamado «Solis dies» en dedicación al dios sol, Constantino I adoptó para su Imperio la celebración cristiana del día de reposo que se celebraba ya desde la era apostólica en el primer día de la semana. Con el tiempo el primer día de la semana del Imperio Romano dejó de llamarse «Solis dies», cambiándose por el nombre que permanece hasta el día de hoy «dominĭcus dies» que significa “día del rey”, el cual es la traducción latina de la frase griega «Kyriaké heméra« que significa “día del Señor”.
Es así como tal creencia en que la migración del día de reposo se debe a la adopción de una tradición pagana, es desmitificada, dado que, como se pudo demostrar antes, desde la iglesia primitiva el día de reposo no se celebraba en el Shabbat sino en el primer día de la semana que llamaban el día del Señor, porque fue el día en que el Señor Jesús resucitó, no porque Constantino lo haya cambiado, al contrario, Constantino reconoció esta práctica de los cristianos y la adoptó como ley para su imperio.
Este cambio ha sido testificado a lo largo de la historia por la iglesia evangélica, histórica y reformada. Para no extender este artículo, se nombrarán los textos históricos y padres de la iglesia que hablaron defendiendo el día del señor como el nuevo día de reposo.
Patrística:
(Carta de Bernabé 15:6-8). 74 DC
Padres Ante-Nicenos Vol. 7, Pág. 423. 90 DC
 Ignacio, Epístola a los Magnesios, Cáp. 9.
Padres ante-nicenos, Vol. 1, Pág. 62-63. 107DC
 La Epístola de Bernabé, 100 DC, Padres Ante-Nicenos, Vol.. 1, Pág. 147.
Primera apología de Justino, Cap. 68.
Apología de Tertuliano, Cap.16, 200DC.
Cipriano (Epístola 58, Sec 4) 250DC.
Época de la reforma
Confesión de Westminster, Confesión de Londres, muchas otras.
Calvino, Institución de la religión cristiana II, VIII. 28-34. Lutero, Richard Baxter, Jonathan Edwards, Johannes G. Vos, y muchos autores más.
Autores reformados más recientes como A. A. Hodge, quien habla sobre este cambio diciendo que este “se efectuó por autoridad de los apóstoles y, por ende, por la autoridad de Cristo”.[6] El testimonio histórico es unánime y firme ante la observancia del día de reposo, ahora, ¿cómo se debe guardar este día?
ALGUNAS APLICACIONES PRÁCTICAS
            El día santo del Señor en el que hoy su pueblo se reúne en común adoración, ya no es una carga como era para los judíos, sino una bendición. Es el día en que el señor trae descanso y regocijo al alma por haberla hecho hacer de nuevo y  por haberla libertado de la esclavitud del pecado, este día solemne, santificado aun antes de la caída, es la esperanza de un reposo venidero y escatológico para el que espera con ansias la venida del Señor. Estas verdades han sido plasmadas por los reformadores en las diferentes confesiones de fe históricas, las cuales preservan hoy las iglesias históricas, reformadas y confesionales. La confesión de fe de Londres de 1689, aborda en su artículo 22 el tema del día de reposo y cómo debe ser guardado, y lo explica mucho mejor de lo que se podría decir en este artículo. No obstante, queremos hacer algunas breves aplicaciones prácticas.
            En algunas situaciones específicas el cristiano se ve obligado a hacer actividades  que no pertenecen a este día, creyentes que se ven obligados a trabajar en el día del Señor por una gran necesidad, o por la necesidad de otros en casos como médicos, policías, transportadores, negocios como droguerías y cualquier otro tipo de trabajo en el que se supla una necesidad humana. El pastor Sergio Ruiz habla de estos casos diciendo que:
 “No vemos el día del Señor como un tirano para el hombre sino como una gran bendición para él, y creemos que en asuntos de necesidad nuestra o del otro ser humano, el hombre puede trabajar en el día del Señor y hacer otras cosas que normalmente no debe hacer”.[7]
            El creyente es responsable de prepararse no solo a él, sino también a su familia para tener su mente y alma dispuesta para guardar el día del Señor con total solemnidad, sabiendo que ese día fue santificado y bendecido por Dios sobre los demás días. En este día el creyente celebra las verdades del evangelio y rinde adoración a su creador y redentor.
Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado. Isaías 58:13-14 (RVR 1960).

           


[1] Del griego protos (primero) y lógos (saber).
[2] Cuando se mencione una palabra en otro idioma se dará la palabra transliterada al español (como se lee), seguido por su forma en el idioma original, y luego su traducción.
[3] A. W. Pink, The holy Sabbath, (Pensacola, Florida: Chapel library, 2007), 6.
[4] Talmud, VII, Mishná, 2.
[5] Joel Beeke, La espiritualidad puritana y reformada: Un estudio teológico y práctico tomado de nuestra herencia puritana y reformada, trans. Juan Sánchez Llamas y Armando Valdez, Primera Edición. (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2008), 94-96.
[6] A. A. Hodge, Del día de reposo al día del señor, en “El día del reposo”, Portavoz de la Gracia, vol. 21 (Pensacola: Chapel Library, 2017), 31.
[7] Dr. Sergio Ruiz, Pastor de la iglesia bautista La gracia de Dios (Medellín – Colombia). Texto tomado de una enseñanza sobre el día de reposo.

viernes, 10 de noviembre de 2017

¿Resucitó Jesús en carne?

Respuesta por el hermano Cristian Cárdenas

¿RESUCITÓ JESÚS EN CARNE?
PREGUNTA:
Pastor ¿cómo está usted? De casualidad no tiene algún enlace de un video que hable sobre que Jesús, cuando resucitó, no tenía huecos en las manos y pies y costado como muchos dicen por malas interpretaciones de Juan 20...


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RESPUESTA:
Estimado hermano,
Cordial saludo y gracias por enviarnos su pregunta.
Muchas cosas se han enseñado a lo largo de la historia sobre el estado de resurrección de Jesús, por lo tanto, este artículo se desarrollará apegándose a la evidencia Escritural y a las interpretaciones de la ortodoxia. La intención de este artículo no es discutir sobre si Cristo resucitó o no, esta es una verdad absoluta del cristianismo (1 Col. 15:14), tampoco se hablará del proceso de resurrección sino del estado de resurrección o también llamado estado de exaltación.
La evidencia escritural muestra el estado de resurrección del Cristo con características especiales, como por ejemplo no fue reconocido por María Magdalena[1] (Jn 20:15), los discípulos de camino a Emaús lo reconocieron sólo hasta el partimiento del pan, el evangelio de Juan muestra el relato de la pesca en la que Jesús se hace visible, sus discípulos vuelven al negocio de la pesca, la escena es semejante a la relatada en Lucas 5 donde la pesca es abundante por el mandato de Jesús, al recordar ellos su llamamiento donde Jesús va a su encuentro, reconocen que el que les ordenó pescar aquella vez es el mismo que ahora les ordena, luego ellos bajan a la orilla a comer con él. Una evidencia más de su estado de resurrección lo relata Lucas, donde Jesús se muestra como humano (Lc 24:39), no una apariencia como muchos erróneamente pretenden enseñar, sino como alguien con piel y huesos, y que también se alimenta.
De acuerdo a estas evidencias se puede notar del estado de resurrección de Jesús que no es el mismo estado de aquellos que fueron resucitados antes que él, como el hijo de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:17-24), la hija de Jairo (Mateo 9:18-26), Lázaro (Juan 11:38-44) y otros ejemplos más en los que la apariencia física es igual, y más importante, siguieron viviendo bajo la naturaleza pecaminosa. Jesús se aparece a los discípulos de manera preternatural[2] (Lc. 24:36), sus más cercanos no lograron reconocerlo, pero aun así es de carne y hueso, Jesús es el epíteto de la resurrección de los cristianos, del estado de glorificación libre de la naturaleza pecaminosa, y es de esta resurrección de la que habla Pablo, por lo tanto la descripción que hace Pablo del cuerpo de los resucitados en 1 Corintios 15 no es la que vivió Lázaro quien tenía que seguir ¡pagando impuesto! y luego volver a morir, lo que describe el apóstol es el estado de resurrección de Cristo y los que seremos resucitados en gloria como él afirma en Filipenses 3:21, donde se describe como un cuerpo glorioso.
Pablo habla del estado de la resurrección en su primera carta a los corintios 15:36-47, y su argumentación inicia poniendo la muerte, destrucción del cuerpo como conditio sine qua non para la resurrección, y continua hablando de unas analogías somáticas, cuerpos celestiales (σώματα ἐπουράνια) y cuerpos terrenales (σώματα ἐπίγεια), cuerpos naturales (σῶμα ψυχικόν) y cuerpos espirituales (σῶμα πνευματικόν) (1 Cor 15:40). Pablo presenta características diferentes para cada cuerpo, la gloria de un cuerpo diferente a la gloria del otro cuerpo, un cuerpo en corrupción es transformado en un cuerpo incorruptible, un cuerpo natural es cambiado a un cuerpo espiritual, cabe aclarar que espiritual no significa inmaterial o etéreo, sino adaptado al espíritu, un instrumento perfecto del espíritu.[3] El soma psijikón (cuerpo natural) es un cuerpo material, físico, natural, que se siembra en corrupción y deshonra, el cuerpo que no heredará el reino de Dios, mientras que el soma pneumatikón (cuerpo espiritual) resucitará en incorrupción, gloria y poder (1 Cor. 42, 43). Por otro lado Pablo habla de que los cristianos seremos transformados (πάντες δὲ ἀλλαγησόμεθα) (1 Cor 15:51), el soma pneumatikón (cuerpo espiritual) será vestido de incorrupción e inmortalidad, hecho para vivir en la eternidad y para siempre. Calvino comenta de esto diciendo que “Realmente no hay en la Escritura artículo de fe más claro y nítido que éste: que resucitaremos con la misma carne que tenemos.”[4] Una carne transformada en un estado de gloria como nuestro señor.
Para concluir, se puede afirmar, sin temor, que la evidencia escritural de que el cuerpo resucitado de nuestro señor Jesús poseía características físicas, las cuales describe Lucas, y también un cuerpo adaptado al espíritu, a la eternidad, con una apariencia restaurada que los discípulos tardaron en reconocer, vestido de inmortalidad (1 Co 15:53), que comió y bebió con sus discípulos (Hch 10:41). La relevancia de esta verdad para el cristiano es que Jesús es la primicia de la resurrección, en él seremos vivificados, seremos transformados en cuerpos incorruptibles, libres del remanente de pecado, con una imagen restaurada. Esta esperanza nos anima a estar firmes y permanecer.
... Sorbida es la muerte en victoria.55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
1 Corintios 15:54-58 RV 1960



[2] Charles Hodge, Teología sistemática (Viladecavalls: Clie, 2010) 672.
[3] Luis Berkhof, Teología sistemática (Gran Rapids: T.E.L.L, 1949) 411.
[4] Institución, 3, XXV, 7.