viernes, 31 de mayo de 2013

La modestia en el vestido de la mujer cristiana. ¿Cómo debe vestir una mujer cristiana?

En vista de las muchas preguntas que nos llegan respecto a cómo debe vestir la mujer cristiana, si es correcto o no el uso de pantalones, maquillaje, ornamentos, etc., transcribimos a continuación un excelente y biblicocéntrico estudio sobre la modestia cristiana en el vestir.


La Modestia Cristiana
El siguiente sermón fue predicado por el Rev. David Silversides en la Iglesia Reformada Presbiteriana de Loughbrickland, Irlanda del Norte el 22 de febrero de 2009. Se ha transcrito tal y como fue pronunciado. Traducción de Raquel Berrocal.
“Asimismo, que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1ª Timoteo 2:9,10).
El tema es la modestia cristiana en el vestir - ¿Qué enseña la Biblia? Cristo es nuestro Rey y los cristianos han comenzado a reconocerle como tal. Esto significa que toda la vida debe estar sujeta a Su Palabra. Si la Biblia dice algo acerca de la forma de vestir, y así es, entonces nos concierne escuchar y seguirla.

El alcance del tema

Primero, no vamos a tratar cuestiones de gustos. Eso pertenece al reino de la libertad cristiana. Algunas personas son más sensibles que otras al arreglo, la combinación de colores, etc. No es asunto de un ministro de la Palabra de Dios pronunciarse sobre tales asuntos, y además sería bastante ridículo hacerlo.
Segundo, no vamos a tratar, en esta ocasión, cuestiones de género, es decir, cuestiones relativas a la diferenciación entre la forma de vestir masculina y la femenina. No es porque no haya nada que decir, sino porque el tema ya es lo bastante amplio.
Tercero, nos limitaremos al tema de la modestia sexual en el vestir. Este es un asunto de principios morales. El Señor Jesucristo dijo: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27,28). Si un deseo lujurioso como este ya está atentando contra el séptimo mandamiento, vestirse conscientemente de una manera que provoque o aliente tal pecado, también debe ser pecaminoso. Por esta razón, el Catecismo Mayor de Westminster enseña que el séptimo mandamiento requiere “modestia en el vestir” (respuesta 138) y prohíbe “el vestido inmodesto” (respuesta 139).
Cuarto, vamos a fijarnos específicamente en la cuestión de la modestia sexual femenina. Hay una razón para ello. No es que la cuestión de la modestia sexual masculina sea completamente irrelevante para los hombres. Existen modas masculinas que han sido diseñadas para potenciar aspectos de las formas masculinas que los cristianos, por supuesto, deberían evitar. Sin embargo, el problema afecta en mucha mayor medida a la moda femenina. ¿Y por qué? Porque a los hombres, en general, les afecta mucho más lo que perciben con la vista que a las mujeres. A las mujeres, en general, les afecta más una combinación de varios estímulos, no sólo los visuales como a los hombres. El deseo sexual se suscita inmediatamente en los hombres sólo con mirar. “Hice pacto con mis ojos; ¿cómo pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1). Otros pasajes muestran también este énfasis en que los hombres pecan fácilmente al mirar a una mujer. El Catecismo Mayor ofrece como base bíblica en las respuestas a las que ya nos hemos referido, el versículo con el que empezábamos: “Asimismo, que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia” (1ª Timoteo 2:8). Este versículo se refiere específicamente al atuendo femenino. En los versículos anteriores, se trata el papel de los hombres que están en el liderazgo de la iglesia, y después el apóstol se dirige a las mujeres y les dice que deben vestirse con modestia. Luego continúa con otros asuntos de orden y decoro en la iglesia y del gobierno y los oficios de la iglesia en el capítulo 3. Otro texto mencionado por el Catecismo Mayor es Proverbios 7:10, que habla del “atavío de ramera”. Y en Isaías 3:16 es a las mujeres en particular a quienes se reprende por su forma de vestirse además de por su conducta:”Asimismo dice Jehová: Por cuanto las hijas de Sión se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies”.
Quinto, esto no es un ataque contra las mujeres; no es misoginia. Ni refleja falta de respeto hacia las mujeres: más bien lo contrario. Lo que queremos es destacar la dignidad de las mujeres cristianas para que no se vendan barato conformándose a las reglas de este mundo. Puesto que la Escritura se refiere específicamente al atuendo femenino modesto, a la forma modesta de vestir, entonces es correcto que esto se explique.
Sexto, no debemos asumir malas intenciones en alguna hermana en Cristo que se viste de una forma sexualmente falta de modestia. Es un deber cristiano ser caritativo al emitir un juicio y atribuir las mejores razones a lo que otros cristianos hacen. Hay mujeres cristianas que no tienen ni idea del efecto que su manera de vestir produce en los hombres. No debemos asumir otros motivos más que éste sin una buena razón. Ni los jóvenes que se esfuerzan por luchar contra el pecado sexual deben amargarse y asumir malas intenciones de sus hermanas en Cristo.
Séptimo, cualquier fallo de las mujeres cristianas en este tema debe considerarse como, posiblemente, un fallo de los maridos y los padres cristianos. Se supone que los hombres no deben ser peleles, sino líderes y buenos gobernantes de sus hogares. La falta de modestia en las mujeres, si el marido o el padre es creyente, debe suscitar la pregunta de si él le ha dejado claro cómo piensan los hombres al respecto. Aquellos maridos que permiten que sus esposas se vistan de forma indecorosa están siendo, como mínimo, negligentes – quizá se han acostumbrado tanto que se han insensibilizado en cuanto al efecto que el aspecto de sus esposas puede provocar en los demás hombres. Los padres pueden ser sencillamente débiles al no querer explicarles a sus hijas la verdad sobre la forma de vestir o esperar que ellas se salgan de la norma que marcan sus amigas; el resultado es el mínimo común denominador en el vestir. O puede que un padre se haya acostumbrado tanto a pensar en su hija como en su niñita que no es capaz de ver el hecho de que su niñita se ha convertido en una mujer y en un posible objeto de deseo para otros hombres.
Octavo, este tema nunca debe utilizarse como una excusa para pecar por parte de los hombres. Si un hombre desea lujuriosamente a una mujer que no es la suya, está pecando. El Islam es particularmente malvado al cargar toda la responsabilidad por el pecado masculino en las mujeres. El Dr. Patrick Sookhdeo afirma de la perspectiva islámica de las mujeres, que “Son consideradas una fuente de tentación para los hombres y deben ser protegidas de sus propias debilidades” (“Islam: el Desafío a la Iglesia”, 2006, pg. 32). En el Islam, la culpa del pecado sexual se achaca totalmente a las mujeres. La verdad es que toda lujuria sexual masculina es pecado y es un pecado suyo. Sólo se convierte en pecado de la mujer si ella lo provoca con su comportamiento o su forma de vestir. Noveno, la responsabilidad de una mujer es limitada. No se requiere de una mujer que evite toda la lujuria masculina, sólo para asegurar que no es ella quien la está provocando. Los hombres pueden desear sexualmente a las mujeres, no importa cómo ellas se vistan. Aunque fueran vestidas con un saco de pies a cabeza, los hombres seguirían siendo capaces de cometer adulterio en su corazón. El Islam es un testimonio vivo del absurdo de pensar que los límites externos pueden resolver el pecado. También es un testimonio de la incapacidad de la religión falsa para cambiar el corazón. A todos nos sorprendió recientemente leer una noticia en la que unas misioneras que trabajan en un país islámico, donde las mujeres van totalmente cubiertas de pies a cabeza y no dejan nada a la vista excepto los ojos, son constantemente acosadas en el mercado local. Se las toca y se las molesta con intenciones sexuales aunque ni siquiera mantienen la mirada; los hombres siguen pecando aún así. Martín Lutero, antes de su conversión, dijo que quebrantaba más el séptimo mandamiento en la celda de su monasterio que afuera. El pecado puede obrar en el corazón y en la mente sin ningún estímulo visual.
Décimo, nuestro propósito no es hacer que las mujeres se vuelvan excesivamente analíticas y críticas consigo mismas, sino producir una conciencia sana y equilibrada de la necesidad de vestir para la gloria de Dios; reflexionar sobre cómo se visten. Queremos dar unas líneas generales. No buscamos una aproximación obsesiva o una preocupación enfermiza, sino un interés serio en seguir la Palabra de Dios. Este es el alcance de nuestro tema.

La dificultad del tema

Se trata de un tema embarazoso. Es difícil de escuchar y aún más difícil resulta hablar sobre él. Por eso se ignora muy frecuentemente en círculos cristianos. Todo el mundo finge que no existe ningún problema. Es como si hubiera un enorme elefante en la sala que es imposible no ver, pero nadie se atreve a mencionar. Tanto es así que los creyentes son muy conscientes del problema, pero nadie quiere ser el que diga algo al respecto. Los pastores suelen mantener silencio, naturalmente. Aquellos que hablan de ello son considerados como extremistas o como si tuvieran algún problema personal con el tema en particular. Y confesamos que incluso nosotros mismos no nos hemos aventurado a profundizar en el asunto. Durante los últimos 20 años, sólo lo hemos mencionado de pasada, rara vez, durante las predicaciones. Llevamos 11 años organizando las reuniones mensuales que celebramos después del culto, y ese es el tiempo que hemos tardado en acercarnos al tema. Así que lo hacemos ahora, después de haberlo anunciado previamente, lo cual ayuda bastante. Ayuda al pastor a no posponerlo o dejarlo para otro día aunque, seguramente, nos encantaría hacerlo. La verdad es que la gran mayoría de los hombres luchan contra el pecado en la esfera sexual y encuentran que la forma indecente de vestir se lo hace mucho más difícil. Al menos el 95% de los hombres lo reconocerían, a menos que sean unos mentirosos, y es necesario tratar el tema por esa razón. Si nunca se aborda, la situación no mejorará y puede que incluso empeore en el futuro.
En una reunión relativamente pequeña, hablar sobre el tema se vuelve aún más incómodo. Por eso haremos lo que normalmente no hacemos, y diremos que esta charla está siendo grabada. Lo hacemos no porque lo que se diga no sea aplicable a quienes están presentes, sino porque puede ser que cada detalle de lo que se diga no se pueda aplicar a todos los que están aquí presentes. No os quedéis ahí sentados pensando: “Me pregunto a quién se estará refiriendo ahora”. Si algo se puede aplicar a ti mismo, recíbelo en tu corazón. Si no, puede que sea de ayuda a otra persona que lo pueda escuchar en otro momento. Pero todos necesitamos conocer la enseñanza bíblica y no sólo individualmente. Las mujeres cristianas también, sí, pero también los padres y las madres. Los padres deben estar alerta. Es necesario que ellos instruyan a sus familias, a sus hijas, para que tengan una visión correcta de este asunto.
Entonces está claro que existe una dificultad en definir la modestia, incluso en encontrar un punto de partida. ¿Por dónde empezamos? Hay tantas variables que podríamos pensar que es imposible encontrar por dónde coger el tema. Sin embargo, se encuentra en las Escrituras como un requisito para las mujeres cristianas, así que debe poder tratarse, sólo que las variables lo hacen difícil. Los hombres varían en lo que les afecta a cada uno, no mucho quizá, pero varían. Tanto físicamente como mentalmente. Sin duda que aquellos que se han criado en un hogar cristiano y han sido bendecidos por el Espíritu de Dios muy pronto en su vida, y que han llenado sus mentes de cosas buenas antes de que los patrones de pensamiento pecaminoso se hayan abierto paso, tienen un buen comienzo. También existe una desensibilización a la que nos acostumbramos. Una moda que sea altamente provocativa e impactante al principio puede volverse menos chocante con el paso del tiempo. ¡Fijaos cuántas variables!
¿Qué vamos a hacer? ¿Es posible trazar unas líneas básicas para definir qué es vestir con modestia? 1ª Timoteo 1:9 dice que las mujeres deben vestir con “ropa decorosa”, con ropa apropiada, “con pudor”. La idea es la de una reserva adecuada, con recato, sobriedad, moderación o autocontrol. La segunda parte del versículo se refiere al descaro, a las ganas de llamar la atención, porque está tratando el tema de la adoración pública y la atención, el centro, debe estar puesto en Dios. Por tanto una mujer no debe vestirse de una manera que provoque que todas las miradas se centren en ella. Aunque la segunda mitad del versículo se dedique a la ostentación, la primera mitad incluye, y se dirige específicamente, a la cuestión de la modestia sexual. La batalla contra el pecado nunca cesa en este mundo, ni siquiera cuando venimos a la iglesia. Pero la iglesia de Dios debería ser un lugar donde los hombres cristianos, aunque todavía tengan que luchar contra el pecado porque siguen siendo pecadores, no sean provocados a pecar por sus propias hermanas en Cristo. El punto de partida debe ser el propósito bíblico del vestido.

El propósito bíblico del vestido

Aquí es donde debemos empezar al tratar de definir lo que es esta modestia que se requiere en el aspecto sexual. Aunque no pretendemos agotar la riqueza de este aspecto, podremos hacernos una idea si empezamos por el principio. ¿Por qué nos vestimos? En invierno es en parte para mantener el calor del cuerpo, pero ésa no es la única razón, ¿verdad? Porque incluso cuando hace calor, o mucho calor, todavía nos vestimos. ¿Por qué? Refiriéndose al hombre antes de su caída, leemos en el libro del Génesis: “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Génesis 2:25). Después de que Adán hubiera pecado, se nos dice “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales” (Gn. 3:7), y después “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (v. 21). Dejando aparte otras consideraciones, es evidente que el propósito de las túnicas era cubrirse, aunque todavía estaban sólo Adán y Eva. El sentido del pecado trajo consigo el sentido de que la vida no podía continuar como antes; que el pecado significaba que había una necesidad de cubrir la desnudez. Por eso el naturismo, como se le llama, o el nudismo es una negación de la caída del hombre. Existe entre personas que no creen que el hombre sea una criatura caída. El propósito principal de vestirse, por tanto, es cubrir la desnudez.
Dejemos claros un par de puntos antes de resumir lo que podemos aprender de este principio bíblico sobre el propósito principal del vestido. Primero, la belleza femenina ha sido dada por Dios y debe ser reconocida sin ninguna vergüenza. La misma Escritura nos habla de la belleza de Sara, de Raquel y de las hijas de Job. No hay duda de que ellas se vestían con gran modestia, pero eran reconocidas y se referían a ellas como mujeres hermosas. Y aunque esa belleza puede convertirse en un motivo de orgullo en una mujer, la belleza en sí misma es algo dado por Dios, y no es automáticamente un pecado que los hombres reconozcan esa hermosura. La Biblia, la Palabra de Dios, lo hace. Segundo, la Escritura no condena la ropa bonita. Nunca exige deliberadamente un carácter triste o monótono en el vestido.
Sin embargo, podemos decir que si el vestido no cumple su función básica de cubrir, entonces esa forma de vestir, aunque esté de moda, debe ser rechazada. Buscando el aspecto práctico, seremos más explícitos, sin caer en el mal gusto, pero la misma Escritura es a veces muy cortante y directa, y a veces es necesario. De otro modo, todo se dejaría en unos términos tan vagos que todo el mundo diría “Sí, está bien”, pero no aprendería nada y nuestra reunión sería una agradable pérdida de tiempo. Pero no seremos más explícitos de lo que creemos que el tema lo requiere. Es necesario que sepamos de qué estamos hablando. Y podemos considerar tres elementos que hacen que ciertos modos de vestir sean claramente contrarios a la modestia.

Elementos que constituyen inmodestia y ejemplos concretos.

Primero, un nivel de exposición inadecuado. Esto es obvio. Aquí podemos tomar ilustraciones de varios estilos de moda que han aparecido. La minifalda apareció en los años 60 y la mujer que la inventó, Mary Quaint, afirmó: “Fue con el propósito de hacer el sexo más disponible por la tarde. La ropa mini es el símbolo de esas chicas que quieren seducir al hombre”. ¿Podría estar más claro? La minifalda fue diseñada para ser inmodesta y para tentar a los hombres. En Isaías 47:2,3 tenemos un retrato de Babilonia descrita como una mujer que se exhibe. “Toma el molino y muele harina: descubre tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos. Será tu vergüenza descubierta, y tu deshonra será vista; haré retribución, y no se librará hombre alguno”. En el versículo 2 la imagen es que Babilonia, que estaba acostumbrada a una vida de lujo como una reina, de repente se convierte en una criada que tiene que cruzar los ríos para llegar al molino y para ello tiene que levantarse la falda y dejar a la vista los muslos. El versículo 3 parece llevar más lejos la misma imagen de alguien que ha caído en la desgracia, en la vergüenza y la desnudez. Pero al menos el versículo 2 indica que dejar los muslos al aire era una desgracia, una exposición de lo que normalmente va cubierto, aunque en este caso fuese por la necesidad de cruzar el río, mientras que las usuarias de la minifalda lo hacen enteramente por elección personal. Y cualquier hombre os dirá que la minifalda, que fue diseñada para fomentar la lujuria, hace exactamente eso.
La Biblia siempre se refiere a los senos femeninos dentro del contexto de la fidelidad del marido a su esposa: “Como cierva amada y graciosa gacela, sus senos te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre” (Proverbios 5:19). Descubrir el pecho sólo se contempla como legítimo entre marido y mujer, y siempre como algo que debe cubrirse en presencia de otros hombres. Podemos concluir razonablemente que el cuerpo de una mujer desde el pecho hasta los muslos debe estar, en circunstancias normales, completamente cubierto en presencia de hombres, a excepción de su marido si está casada. Así pues, los senos, el vientre y los muslos no son para la exposición pública y deberían ir cubiertos con la ropa adecuada tanto si una mujer está de pie, sentada o incluso si tuviera que agacharse a recoger algo del suelo.
En segundo lugar, es necesario decidir lo que debe cubrirse. No es cuestión de cuántos centímetros se dejan al aire, sino más bien de dónde está la zona que dejamos a la vista. Un poco de escote, un poco de vientre o caderas (por delante o por detrás), una abertura en la falda que deja ver un poco del muslo, expone un poco de lo que debería ir siempre cubierto. No vale decir que, bueno, sólo se ve un poco. Estas partes del cuerpo deberían cubrirse. La exposición limitada es un medio de seducción para los hombres. Si no me crees, pregúntale a tu marido, padre o hermano creyente. Si es honesto, te lo dirá. La industria de la moda está buscando constantemente maneras de maximizar el atractivo sexual mediante una sutil y selectiva exposición de lo que debería estar siempre cubierto.
En tercer lugar, a veces se cubre la piel pero no las formas. Cubrir simplemente la piel pero marcar de manera evidente los contornos de las curvas del cuerpo no es modesto. Las técnicas textiles han progresado mucho. Siendo el hombre pecador por naturaleza, es natural que invente novedades malas o que use para el mal los buenos inventos. Así, por ejemplo, los vaqueros que técnicamente cubren el cuerpo pero no las formas del cuerpo más que si estuvieran pintados sobre la piel, no son modestos incluso aunque no se vea ni un centímetro de carne, porque no ocultan la forma aunque tapen la superficie. Lo mismo puede aplicarse a los tops y faldas ajustados al cuerpo. Los hombres honestos lo confirmarán.

Objeciones

No hemos entrado en muchos detalles, pero hemos intentado dar algunas líneas generales que creemos que la Escritura apoya y que la mayoría de los hombres honestos confirman. Pero debemos fijarnos en posibles objeciones.
Primera objeción: ¿No corremos el riesgo de parecer raros y pasados de moda? Esta manera de razonar a veces amenaza con el fantasma de una imagen neo-puritana de la iglesia; el supuesto riesgo es que estemos tratando de imponer una forma de vestir más propia del siglo XVII. ¿Cuál es la respuesta? En principio, que vestir con modestia no requiere ir hecho una antigualla: no se opone al buen gusto ni a la elegancia en el vestir. Pero existe una diferencia entre tener un aspecto elegante o bonito y tener un aspecto sexualmente provocativo. No es lo mismo. La distinción se ha difuminado tanto que muchas jovencitas, especialmente no cristianas, ya ni siquiera son conscientes de que existe una diferencia. Y así, se visten de forma indecente casi todo el tiempo, y cuando surge alguna ocasión especial – incluso un funeral – se ponen su mejor versión de la misma clase de prendas inmodestas que llevan el resto del tiempo. Ni siquiera la dignidad y solemnidad de un funeral altera la falta de modestia básica, porque se ha convertido en algo que surge con normalidad. Sin embargo, existe una distinción entre alguien bien arreglado e incluso con ropa muy bonita, por un lado, y alguien enfundado en un modelo sexualmente provocativo, por otro lado. Existe una diferencia, y es esencial.
Una segunda respuesta a esta objeción es que ir contra corriente, ser raro cuando la Escritura lo requiere, es un deber. “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan” (1ª Pedro 4:4). Lo que se afirma aquí del comportamiento del creyente se aplica también al vestido. Cuando la norma es pecaminosa, nosotros tenemos que ser anormales, es decir, salirnos de la norma. Realmente es tan sencillo como eso. Mejor ser un poco raros y modestos que muy modernos pero indecentes. Mejor parecer poco corriente que ser normalmente pecaminoso. Deberíamos seguir a los puritanos en su preocupación por la modestia en el vestir porque sigue siendo una exigencia bíblica en el siglo XXI igual que lo era en el siglo XVII.
Sin embargo, a modo de ayuda, si es que ayuda en algo, dejadme decir que el grado hasta el cual nos salimos de lo que hace todo el mundo hoy es bastante menor que lo era en los años 60 y 70, al menos en Inglaterra, donde nosotros vivíamos en aquella época y quizá aquí en Irlanda del Norte también. En aquellos días, prácticamente todas y cada una de las mujeres llevaban minifalda. Era una práctica casi universal y no llevarla era visto como algo verdaderamente raro. A los cristianos se les presentaba un dilema: ser indecentes o ser raros. La indecencia era el uniforme. La minifalda se impuso tanto que resultaba extraordinariamente difícil para los cristianos encontrar ropa que fuera decente, aun buscándola. La preocupación por la modestia no ha aumentado, pero hoy hay mucha menos uniformidad que entonces. Ahora, incluso las mujeres incrédulas, por cualquier razón, a veces se visten con pudor. Los creyentes pueden quedarse al margen porque así lo hacen siempre, pero al menos puedes llevar una falda lo suficientemente larga sin parecer un ser insólito. No era así en el pasado.
Pero el consejo de la Biblia no es advertirnos contra una rareza excesiva por nuestra parte. No estamos defendiendo que debemos ser raros innecesariamente, pero las Escrituras no es que estén repletas precisamente de advertencias como “¡Tened cuidado de no ser demasiado extraños!” Eso no es lo que encontramos. Más bien al contrario. “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestra mente” (Romanos 12:2). En cualquier caso, ¿dónde están todos esos modelitos del siglo XVII? No existen, o si los hay, todavía no los hemos visto. El riesgo de resultar poco corriente no tiene importancia comparado con el riesgo de la indecencia - ¡ni la más mínima importancia! E incluso si nuestra “rareza” fuera innecesaria, eso no sería catastrófico para la iglesia, pero la sensualidad, la impureza, la obscenidad – eso sí. Es como si alguien se dedicara a colocar los cojines del sofá cuando la casa está ardiendo. Sin embargo hay pastores que siempre sacan las mismas advertencias, tontas y absurdas, sobre el riesgo de excedernos en nuestra peculiaridad respecto al mundo, de vivir en un agujero en el tiempo, como si esa fuera la gran amenaza. Y al hacerlo, distraen del peligro real. En realidad están fomentando la falta de modestia porque tienden a poner nerviosas a las mujeres por si parece que estuvieran sacadas del siglo XVII y por si alguien piensa que parecen raras, tanto que acaban cediendo a la indecencia.
El testimonio de la iglesia no se arruinará porque las mujeres cristianas sean diferentes, sino porque las mujeres cristianas se vistan como si fueran a ir a una discoteca. Si el mundo respeta algo de la iglesia, es la coherencia. Y esta amenaza de parecer puritanos del siglo XVII desanima a las mujeres fieles que están intentando vestir con modestia bíblica y entristece los corazones que Dios no ha entristecido. Los pastores deberían reservar toda su artillería para el enemigo real, el peligro real, y atenerse a la Palabra de Dios. Entonces se olvidarían de este riesgo imaginario y predicarían contra la falta de modestia como hacen las Escrituras.
Segunda objeción: Una mujer soltera podría decir “¿Cómo encontraré un marido si no me pongo atractiva? Tengo que tener mi mejor aspecto”.
Respuesta: En primer lugar, vestir con modestia no significa vestir ropa fea o triste. La modestia y el buen gusto siempre serán “tu mejor aspecto”. En segundo lugar, la atención masculina que captes por vestirte de forma indecente no valdrá ni un céntimo. Y cualquier marido que pudieras conseguir por esos medios no sería un marido que te haría bien. Un hombre lascivo antes de casarse seguirá siéndolo después de la boda. El matrimonio ayuda a los hombres a buscar la santidad; no cura a los hombres que no son santos. El atractivo sexual tiene su importancia dentro del matrimonio, pero un hombre piadoso lo mantendrá en su justa medida. No sentirá la necesidad de verte vestida de forma indecente para decidir si serías una buena esposa en todos los aspectos, incluido el aspecto físico.
En tercer lugar, vestir de forma inmodesta desanimará a los hombres de Dios que pudieran estar pensando en esa mujer. Se preguntarán si realmente sigues a Cristo en serio y si todavía te gustaría seguir vistiéndote así cuando os casárais. Así que no hay ninguna ventaja para la mujer cristiana en la falta de modestia. Ninguna.

Conclusión

El propósito de esta charla ha sido aplicar lo que dicen las Escrituras en este aspecto particular de la conducta cristiana. No tenemos ninguna intención de convertirnos en un policía dentro de la congregación o de ejercer un control férreo como si esto fuera una secta, ni hemos agotado en detalle todo el tema. Pero esperamos haber dicho bastante para indicar las líneas más importantes a tener en cuenta a la hora de evitar la falta de modestia tan corriente en una sociedad que desprecia a Dios y a la que no podrían importarle menos las reglas bíblicas; una sociedad que piensa que puede jugar con el pecado sin que nadie salga herido. Esto último es una gran mentira. Pero esta es la arrogancia del hombre del siglo XXI en esta parte del mundo; pensar que puede jugar con el pecado y que todo el mundo jugará ateniéndose a las reglas pactadas – esto no funciona. No funciona ahora y nunca funcionará. Como contraste, hemos aportado algunas ideas sobre cosas que debemos evitar al vestir, por amor al Salvador. El objetivo no es poner a nadie en evidencia, sino que todos sepamos – no sólo nuestras mujeres, sino también los padres y los maridos – cómo poner en orden esta parte de la vida de una manera que honre al Salvador.
Esperamos que ahora, si no fue así antes, todos entendamos que la forma de vestir es también un área de sumisión a Cristo. Las mujeres cristianas necesitan un patrón de modestia claro en su mente. Necesitan ser conscientes de que no pueden permitirse seguir sin pensárselo cualquier moda que este mundo les proponga; deben considerar la gloria de Dios a la hora de decidir cómo vestir. Eso es lo que necesitamos, ¿no es cierto? Reconocemos que muchas mujeres creyentes ni siquiera piensan en el tema, y eso es gran parte del problema. No atribuimos malas intenciones a menos que no haya otra alternativa, pero ahora que sabemos, ahora que conocemos, podemos empezar a distinguir entre lo que es bonito y elegante y lo que es sexualmente provocativo. Lo primero está bien. Lo segundo no. Amad al Señor, amad al Salvador. Adornad el Evangelio de Dios nuestro Salvador en todas las cosas, incluyendo la forma de vestir. El Señor Jesucristo sufrió y murió para redimir a su pueblo de toda iniquidad. ¿No le honraremos nosotros en todas las cosas, hombres y mujeres, y en particular en esta área del vestido, que es especialmente aplicable a las mujeres? ¿No honraréis al Señor Jesucristo y amaréis a Aquel que os amó primero? “Aborreced lo malo, vosotros que amáis al Señor”. Volveos de lo que no está bien. Adheríos a los patrones bíblicos. Deleitaos en la ley de Dios según el hombre interior y también en la práctica exterior, y glorificad a nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Amén.

martes, 21 de mayo de 2013

¿Qué actitud debemos tomar los creyentes, pastores e iglesias reformadas frente a los predicadores Neo-calvinistas?


¿Qué actitud debemos tomar los creyentes, pastores e iglesias reformadas frente a los predicadores Neo-calvinistas? ¿Debemos separarnos por completo de ellos?



Apreciado hermano, gracias por enviarnos su pregunta.

Una característica sobresaliente de todas las iglesias y pastores bíblicos es el celo por la verdad doctrinal, por la fidelidad a la Palabra y la preservación de la fe que ha sido una vez y para siempre dada a los santos.
Esta es una marca distintiva del verdadero cristianismo. La falsa cristiandad no tiene interés genuino por la preservación de la doctrina apostólica, pues, ellos son pluralistas y amantes de todo lo que les causa agrado; la verdad Escritural no siempre es de agrado para el ser humano.
Es deber de todo pastor exponer la verdad bíblica con fidelidad, defender la sana doctrina, disuadir a los que están desviándose, y denunciar a los falsos profetas. La Biblia nos manda a alejarnos de todos aquellos que promueven falsas doctrinas y que engañan con su error.
No obstante, también es deber de los pastores mantener la unidad del cuerpo de Cristo, ayudándose los unos a los otros para crecer juntos en el Señor y santificar a la iglesia universal. El apóstol Pablo no abandonó a la Iglesia de Corinto por su carismatismo desenfrenado o por sus excesos en la santa cena; no, como miembro del cuerpo de Cristo reconoció que esta débil congregación necesitaba el apoyo de otros pastores que les mostraran los errores en que se encontraban y les guiaran a santificarse.
Un error común en el que solemos caer los pastores y hermanos que nos preocupamos seriamente por la preservación de la doctrina y práctica bíblica de la iglesia es alejarnos de aquellos hermanos o congregaciones que tienen debilidades en algunas doctrinas o prácticas. Es decir, si ellos no son como nosotros, entonces los hacemos a un lado y nos erguimos como la casta pura de la iglesia verdadera. Bueno, esta actitud nada tiene que ver con Cristo, con los apóstoles del Cordero, ni con la verdadera fe; por el contrario, esta actitud orgullosa se parece más a la de los grupos o sectas religiosas fundamentalistas, como el partido de los Fariseos; los cuales tenían un celo profundo por la ortodoxia de su doctrina y la fidelidad a Moisés; más su corazón era frío, falto de amor, inmisericordes, sólo interesados en ellos mismos.
Por lo tanto, frente al tema del neo-calvinismo, debemos aplicar el mismo sentido de defensa de la fe, pero acompañado de un espíritu cristiano de amor y ayuda. Vamos a refutar y estar pendiente de cualquier intromisión o introducción de doctrinas o prácticas que desvíen la pura ortodoxia de nuestra preciosa fe; pero a la misma vez vamos a reconocer que Dios ha dado dones a la iglesia, los cuales no siempre andan conforme a lo que consideramos en la total pureza de la fe. Incluso, si nos expusiéramos a que otros revisen nuestra doctrina y práctica, encontraríamos que algunos reformados nos miran con sospecha. Les pondré un ejemplo:

Algunos que condenan el neocalvinismo de John Piper (por su continuismo en el tema de los dones milagrosos) y condenarían a todo reformado que participara con él en una conferencia, no tendrían problemas en asociarse con Paul Washer, quien también es condenado por algunos analistas del neocalvinismo, debido a su supuesta aprobación al hip-hop y otros ritmos callejeros como instrumentos de evangelización; pero estos que condenarían a cualquier reformado que se asociara al ministerio de Paul Washer por neocalvinista, no tendrían problemas en tomar los materiales o compartir con los pastores y hermanos del “National Center for Family-Integrated Churches” (los del video “Divided”), aunque también son acusados por los estudiosos del neocalvinismo, debido a que en sus conferencias anuales, según algunos analistas del tema, supuestamente han contado con la participación de expositores carismáticos.
En fin, creo que puede haber un asunto de doble moral, fariseísmo y ortodoxia fría anti-cristiana, cuando nos volvemos casadores de brujas y expertos en el ministerio de la descalificación.
Podemos condenar a otros reformados porque invitan a un predicador acusado de neocalvinismo, cuando nosotros hacemos lo mismo. Es un pecado de fariseismo cuestionar a otros por asociarse con pastores acusados de neocalvinismo, cuando nosotros también invitamos a pastores en la misma condición,  peor aún, es cuando despreciamos a algunos hermanos porque son neocalvinistas, pero abrimos las puertas de nuestras iglesias a pastores o hermanos claramente neocalvinistas solo porque hacen donaciones económicas para algunos proyectos o proveen libros cristianos.
Creo que entre el ministerio de la descalificación fría y excesiva (hipercríticos) y el de los fariseos hay poca diferencia. Y estoy convencido que a ambos los condena Cristo.
Debemos ser muy cuidadosos a la hora de luchar por la ortodoxia de la fe, pues, aunque este es un deber de todo verdadero creyente y de toda iglesia bíblica, sino se hace en el espíritu correcto, pordemos, en nombre de la ortodoxia “crucificar de nuevo al Señor”, es decir, ser tan externamente amantes de la ortodoxia que ni el mismo Jesús pasaría la prueba de nuestras exigencias.
Con estoy no estoy diciendo que debemos ser descuidados en la preservación de la fe que fue dada una vez a los santos, pues, Judas en su carta nos ordena a luchar ardientemente para preservarla; pero una cosa son los falsos profetas que se introducen encubiertamente a la iglesia, y otra, son las distintas posiciones que se tienen dentro del cuerpo de Cristo respecto a algunas doctrinas.
Ese espíritu de descalificación que está surgiendo en algunos círculos reformados no es para bien de la iglesia, sino para deshonra del nombre de Cristo, pues, si excesivamente somos escrupulosos en desechar a todo aquel que no se ajuste hasta en las insignificantes minucias de lo que nosotros pensamos debe ser un reformado, prácticamente nos tocaría desechar todo lo que el Señor ha construido en la iglesia en los últimos 20 siglos.
Pero, aunque suene muy bíblico o muy reformado ser tan extricto, realmente esto no es conforme al espíritu de la reforma, pues, el mismo Calvino supo establecer la diferencia entre un falso profeta, y un maestro bíblico que puede tener ideas distintas en temas no fundamentales. Calvino se valió mucho de San Agustín, pero el gran reformado no estaba de acuerdo con muchas de las creencias y prácticas del ilustre teólogo de Hipona, así como nosotros tampoco estaríamos de acuerdo en el día de hoy. Los reformadores no tuvieron problemas en aprovechar los aportes que hombres piadosos hicieron en la historia de la iglesia para documentar la doctrina bíblica, aunque no siempre podemos decir de ellos que eran reformados.
Por lo tanto, no es conforme al espíritu de la verdadera reforma condenar a pastores o maestros calvinistas solo porque en una u otra doctrina no hablan conforme se ha hablado históricamente en la fe reformada, obviamente, siempre y cuando esta diferencia no sea en doctrinas substanciales.
Cristo ha dado dones a la iglesia, y estos son para la edificación del cuerpo de Cristo. Nosotros como iglesia del Señor debemos aprender a edificarnos con los distintos dones que él ha dado, a pesar de las debilidades que algunos hombres tengan; aclaro, no estoy diciendo que a pesar de que una persona lleve una vida de pecado, o que crea herejías, nosotros vamos a edificarnos con ella; no, pero sí estoy diciendo que hay muchos hombres piadosos, que exponen las Escrituras y viven conforme a ella, los cuales son instrumentos para bendecir a la Iglesia. No es conforme a la fe cristiana desechar a estos hombres, solo porque difieren de nosotros en asuntos no fundamentales.
¿Qué hubiésemos hecho los reformados de hoy día con una iglesia como la de Corinto? ¿La hubiésemos reconocido como iglesia de Cristo, tal como hizo Pablo? O, por el contrario ¿La hubiésemos repudiado como una iglesia falsa? ¿Qué actitud hubiésemos tomado los reformados con respecto a varias de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis? ¿Las hubiésemos considerado iglesias de Cristo, así como él lo hizo? Insisto, no estoy diciendo que debemos ser flexibles con la falsa doctrina, no estoy afirmando el falso amor que algunos pluralistas proponen hoy a través del cual se acepta cualquier cosa en la iglesia; no, debemos luchar vigorosamente por la preservación de la doctrina bíblica, pero que este celo no nos lleve a ser fariseos ortodoxos.
Muchos de los pastores o maestros que hoy día son catalogados como neo-calvinistas son hombres piadosos, amantes de Cristo, celosos de la Palabra de Dios; ¿cómo vamos a rechazar por completo el aporte que ellos puedan darnos para crecer como cuerpo de Cristo? Los santos de todos los tiempos han aprendido a “examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Tes. 5:21).
Insisto, porque tenemos la tendencia pecaminosa a interpretar las palabras a un extremo tal para que suenen malas, no estoy afirmando que vamos a escuchar los “sermones” de Benny Him con el fin de extraer algo positivo de allí; no, a los falsos profetas no los tenemos que escuchar; pero hay hermanos que no son falsos profetas, que son usados por Dios y exponen las Escrituras con celo y pasión.
¿Cuántos de nosotros no hemos sido edificados por los escritos de Juan C. Ryle? Pero con él no compartiríamos su adhesión a un sistema de gobierno episcopal, o a un sistema de culto anglicano. ¿No hemos sido edificados con las lecturas de libros escritos por los autores puritanos? Pero muchos de ellos creían en cosas que la mayoría de nosotros no aprobaría.
¿Cuántos de nosotros no hemos sido conducidos a renovar nuestro amor a Cristo, la oración, y el gozo cristiano leyendo algunos libros de John Piper? Pero con él no compartimos el tema del continuismo en los dones milagrosos ni la introducción de ritmos modernos en el culto de adoración.
¿Cuántos no hemos sido motivados a predicar expositivamente escuchando los sermones de John MaCarthur? Pero con él no compartimos su moderado dispensacionalismo.
¿Cuántos no hemos sido influenciados para anunciar la verdad sin temores y confrontar el pecado de nuestra generación escuchando los sermones de Paul Washer? Pero de seguro, la mayoría de reformados, tanto presbiterianos como bautistas, no compartimos muchos otros temas con este predicador.
Podría mencionar a muchos más. La iglesia de Cristo es un cuerpo universal, donde no sólo estará la iglesia educada de Éfeso, aunque con un amor un poco frío; sino también la iglesia entusiasta de Corinto, aunque con mucho amor y poca profundidad doctrinal. Esto no significa que las iglesias deben quedarse en el estado de flaqueza en el que se encuentran, pues, Pablo exhortó a los corintios a abandonar su amor simple y trabajar en serio por crecer en la fe; y Cristo exhortó a los efesios a recuperar su primer amor. Esto es lo que debemos hacer todos los creyentes, en vez de descalificarnos, ayudarnos, exhortarnos, amarnos los unos a los otros.
Cuánta bendición hay en las relaciones fraternas, y cuánta ayuda se puede brindar.
En nuestra iglesia local, en Medellín, hemos experimentado esta preciosa verdad. Mensualmnente nos reunimos los pastores  de la iglesia con otros pastores que también están conociendo la reforma, oramos juntos, compartimos temas; y en esta fraternidad las iglesias han sido bendecidas, pues, todos estamos caminando hacia una reforma completa, no sólo en doctrina sino en práctica. La fraternidad ha sido un instrumento para que iglesias que aún conservaban cosas no conforme a nuestra fe reformada, las vayan ajustando a los principios bíblicos.
Calvino solía usar dos palabras: “Ciencia y piedad”. Estos dos elementos son fundamentales para enfrentar la introducción de doctrinas o prácticas ajenas a nuestra preciosa fe bíblica e histórica. Con ciencia haremos frente a todo lo que no sea conforme a nuestra preciosa fe, y con amor ayudaremos a los que están en proceso de reforma para que poco a poco abandonen lo extraño y adopten lo bíblico.

Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez

Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/

sábado, 18 de mayo de 2013

¿Qué quiere decir que algunas personas son Predestinadas? ¿Qué significa la doctrina de la Predestinación?


Bendiciones para usted, Pastor Benitez
Primeramente quiero darle gracias, por el tiempo que se toma para poder contestar nuestras preguntas, y al mismo tiempo podamos crecer mas en el conocimiento de las SANTAS ESCRITURAS.....
DIOS LE BENDIGA GRANDEMENTE!!!!
Mis preguntas, e inquietudes son las siguientes: Hay un artículo en el cual usted menciona lo siguiente:
(Ahora podemos llevar el evangelio a todo lugar y creeráan en él los que DIOS haya predestinado para salvación )
Quisiera que porfavor me ayude, me oriente, y me explique que quiere decir CON  LOS QUE  DIOS HAYA PREDESTINADO?
Muchisimas Gracias nuevamente por su tiempo, Y disculpmeme Pastor Benitez, si no me p ude expresar adecuadamente.
DIOS LE BENDIGA, YLE GUARDE....
Atentamente
Su Servidora...Maria Elena




Apreciada María Elena,

Gracias por enviarnos su pregunta.

En la biblia se nos dice que todos los hombres nacen alejados de Dios, entregados al pecado y no hay nadie que por sí mismo busque a Dios:

Romanos 3:10. Como está escrito: 
No hay justo, ni aun uno;
11. No hay quien entienda. 
No hay quien busque a Dios.
12. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; 
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Jesús mismo afirmó que nadie puede venir a él si el Padre no le trae, pues, todos los seres humanos carecemos de la capacidad innata de creer en Cristo:

Juan 6:44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
Juan 6:64. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.
65. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

Ahora, si sólo el poder de Dios puede atraer a las personas a Cristo, conduciéndolas al arrepentimiento y a la salvación, la pregunta que nos hacemos es: ¿Porqué Dios no atrae a todos los hombres al arrepentimiento y hacia Cristo? Los que son atraídos por el Padre a Cristo ¿Con base en qué son atraídos?
Como ya hemos visto en Romanos 3, la razón por la cual son atraídos a Cristo no es por la bondad o justicia personal, pues, no hay uno sólo que sea justo o bueno. Tampoco son atraídos por el Padre porque él haya visto en ellos la disposición de creer en Cristo o buscarlo a él, pues, Pablo también nos dice que no hay quien busque a Dios. Entonces ¿cuál es la causa por la cual unos son atraídos a Cristo por el Padre y otros no lo son? La única respuesta que podemos dar es la que la Biblia da:

Efesios 1:3. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4. según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,
5. en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,
6. para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,
7. en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,
8. que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,
9. dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo,
10. de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.
11. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,
12. a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.


Si, aunque la doctrina de la predestinación no nos gusta, y preferiríamos borrar esa enseñanza de la Biblia, la verdad es que las Sagradas Escrituras las enseñan desde el principio y hasta el fin. Dios escogió a Abraham para mostrarse ante él como el único Dios verdadero, pero no se le manifestó de esa manera especial a los pueblos paganos, vecinos de Abraham. Dios escogió a la nación de Israel para que fuera receptora de la verdad revelada, pero dejó en oscuridad a las naciones del resto del planeta. Dios envió ángeles que pregonaran ante los pastores que había nacido el rey del mundo, pero no se le manifestó de esa manera a Herodes.
¿Porqué a unos sí y a otros no? La única respuesta que la Biblia da es el Soberano consejo y la soberana voluntad del santo Dios. Él diseñó un plan perfecto para salvar a un pueblo para sí, redimiéndoles a través del sacrificio de Cristo y dándoles el don de la fe (Ef. 2:8), y concediéndoles el arrepentimiento (Hch. 11:18).
El apóstol Pablo explica de manera contundente, y nada agradable para nosotros, la doctrina de la predestinación al afirmar que de algunos Dios tiene misericordia y a otros los endurece:

Romanos 9:18. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

Y Pablo presenta algunos ejemplos en el Antiguo Testamento que confirman esta verdad: Dios escogió a Jacob para ser receptor de su amor electivo, pero aborreció a Esaú. Dios amó a Israel y le dio el arrepentimiento, pero endureció el corazón del Faraón. La pregunta es: ¿Porqué unos sí y otros no? Pablo responde con palabras fuertes:

Romanos 9:13. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
14. ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.
15. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.
16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

¿De quiénes se compadece Dios y los lleva a Cristo? De aquellos a los cuales ha amado desde la eternidad porque los escogió para salvación. ¿Con base en qué Dios escogió a unos y abandonó a los otros en su incredulidad? Pablo responde:

Romanos 9:11. (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),
12. se le dijo: El mayor servirá al menor.
16. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

Pero, podemos estar pernsando ¿Qué injusto es Dios? ¿Cómo va a escoger a unos para atraerlos a Cristo y a los otros los abandonará en el endurecimiento de sus corazones? Nuevamente el apóstol Pablo responderá con palabras nada agradables para nuestros humanistas oídos:

Romanos 9:19. Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad?
20. Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?
21. ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?
22. ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción,
23. y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria,


Ahora, si bien es cierto que Dios ha elegido a algunos para salvación y a los otros los abandonó en su pecado e incredulidad para que reciban el justo juicio de sus pecados, esto no significa que el hombre no es responsable de arrepentirse y venir a Cristo, pues, “Dios manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30). Jesús dijo: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados” (Mt. 11:28). Jesús comisionó a la iglesia diciendo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:19).
Por lo tanto, la doctrina de la predestinación no nos puede conducir a las siguientes erróneas conclusiones que algunos humanistas extraen:

-       Si Dios ha escogido a algunos para salvación ¿significa esto que no debemos predicar el evangelio a todas las personas, sino sólo a los elegidos? No, es nuestro deber predicar a todos los hombres, en todo lugar, pues, nosotros no conocemos quiénes son los elegidos, solo Dios lo sabe.
-       Si Dios ha escogido a algunos para salvación y a los otros los abandonó en su incredulidad, entonces no debemos predicar el evangelio porque los elegidos vendrán efectivamente a Cristo. No, porque Dios ha determinado que el medio común a través del cual los elegidos creerán es la predicación del evangelio, por lo tanto, debemos predicarlo a todas las personas.
-       Si Dios ha abandonado a algunos en su incredulidad porque no es escogido, entonces no debemos predicarles el evangelio, porque de todas maneras no creerán. No, porque nosotros no sabemos quiénes son elegidos y quiénes son reprobados. Nuestro deber es proclamar el evangelio, y hacerlo con tal convicción como si todos pudieran creer.

Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez

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¿Cuál es la diferencia entre el gobierno de la iglesia presbiteriana y las iglesias bautistas reformadas?


Dios lo guarde pastor, me gustaría saber la diferencia entre la iglesia bautista reformada a una presbiteriana especialmente en el gobierno de la iglesia. 

Un abrazo.

DIEGO 




Apreciado Diego,

Gracias por enviarnos su pregunta. Pedimos disculpa por la demora en responder, lastimosamente tenemos poco personal para atender los asuntos del ministerio y a diario recibimos muchos mensajes y preguntas.
Respecto a su pregunta ¿Cuál es la diferencia en el sistema de gobierno de las iglesias presbiterianas reformadas y las iglesias bautistas reformadas? Con mucho gusto trataremos de aclarar su inquietud.
Tanto las iglesias presbiterianas (históricas y reformadas) como las bautistas reformadas comparten un alto porcentaje de la misma fe, toda vez que se identifican con la misma confesión de fe (la confesión de Londres de 1689 es una copia de la confesión de Westminster con modificaciones en la eclesiología). Tal vez somos las únicas denominaciones que comparten en un 99% la misma doctrina.
Ahora, las diferencias más profundas que existen entre estos dos grupos de cristianos se relacionan con el tema de la teología del pacto, los sujetos y modo del bautismo y el gobierno de la iglesia.
Respecto al gobierno de la iglesia, ambos grupos de iglesias están de acuerdo en que las comunidades locales sean gobernadas por un cuerpo de ancianos, además de la colaboración de los diáconos. Pero, aunque ambos están de acuerdo en el gobierno a través de ancianos, hay algunas diferencias en el sistema de gobierno:

Respecto a los ancianos, las iglesias presbiterianas establecen una diferencia entre los ancianos docentes y los ancianos gobernantes. Los primeros son los pastores, y los segundos se ocupan del gobierno de la iglesia junto con los pastores o ancianos docentes. Ellos hacen esta diferencia basados, entre otros pasajes, en 1 Timoteo 5:17 “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”. Según su interpretación, los presbiterianos llegan a la conclusión que en la iglesia hay ancianos que se dedican a la predicación (pastores) y otros que básicamente se ocupan de gobernar (gobernantes), los cuales no necesariamente son pastores. Las iglesias bautistas reformadas afirman también que no todos los ancianos se ocupan tiempo completo de la predicación, sino que algunos entre ellos, conforme a los dones que Dios ha dado, se dedicarán a esta labor, pero, esto no significa que el resto de ancianos no sean pastores, o no tengan el don de predicar; pues, cuando la Biblia establece los requisitos para ser anciano, obispo o pastor, establece que sea “apto para enseñar” (1 Tim. 3:2). De manera que entre los bautistas reformados todos los ancianos son pastores y deben tener el llamado ministerial así  como el don de la enseñanza.

Respecto al presbiterio. Para los bautistas reformados el presbiterio está conformado por los ancianos o pastores de una iglesia local, pero para los presbiterianos este cuerpo está conformado por los representantes de los ancianos de diferentes iglesias locales de una región o nación. Es decir, los bautistas reformados no conforman denominaciones con un gobierno central, sino que cada iglesia local es autónoma, gobernada por Cristo a través de los ancianos ordenados. Esto no significa que en las iglesias presbiterianas reformadas (como las misiones de la PCA en algunas naciones Latinoamericanas) las iglesias locales no tengan cierta autonomía, pero, debido a su sistema de gobierno intereclesiástico, las decisiones del presbiterio afectan a todas las iglesias locales.

Respecto al sínodo. Las iglesias presbiterianas reformadas conforman gobiernos centrales para toda una nación a través de representantes enviados de cada presbiterio regional, cuyas decisiones también afectan a las iglesias locales. A este organismo central se le llama Sínodo. En el caso de los bautistas reformados, pueden conformar asociaciones de iglesias, pero nunca serán de un carácter denominacional donde se tomen decisiones que afecten a las iglesias locales. Los bautistas reformados no establecen jerarquías de gobierno, pues, cada iglesia local es autónoma, soberamente gobernada por Cristo a través de su Palabra (fundamento apostólico), guiada por un cuerpo de ancianos reconocidos y ordenados por la misma iglesia local.

Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez

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viernes, 17 de mayo de 2013

¿Nacen todos los seres humanos en estado de condenación incluyendo a los elegidos?


Saludos hermano Julio, tengo unas dos inquietudes que me gustaría conocer su respuesta, primero:¿nacen todos los seres humanos en un estado de condenación,si de entre ellos DIOS ha predestinado a algunos para vida eterna? y lo otro es,¿que importancia tiene el versículo de Marcos 1:44,en una exposición de este libro?,gracias por su colaboración,esperare su respuesta bendiciones. (Javier, Facebook)

 
 
Apreciado hermano Javier,

 

Gracias por enviarnos sus preguntas.

Empecemos por la primera pregunta: ¿Nacen todos los seres humanos en estado de condenación, así Dios haya predestinado a algunos entre ellos?

Es una pregunta bastante interesante y forma parte de las ancestrales discusiones entre los infralapsarios y los supralapsarios. Desde los tiempos de la reforma propestante en el siglo XVI los teólogos debatieron ardientemente a favor de una u otra teoría, es decir, el decreto de predestinación precedió o fue después del decreto de la caída; en otras palabras ¿cuándo Dios decretó salvar a unos y condenar a otros lo hizo teniendo en cuenta la caída o no? El Dr. Berkhof resume esta discusión de esta manera: “Según los supralapsarianos, Dios, aún en el decreto de creación y en el de permiso de la caída, tenía su mirada fija sobre cada una de los elegidos, individualmente, de tal manera que no hubo un solo momento en el decreto, en que ellos no conservaran una relación especial con Dios como sus amados. Por otra parte, los infralapsarianos, sostienen que este elemento personal no apareció en el decreto sino hasta después del decreto de creación y del que permitió la caída. En los decretos mismos, el elegido está incluído simplemente en la masa total de la humanidad y no aparece como objeto especial del amor de Dios”[1].

Aunque la mayoría de las iglesias reformadas históricas adoptaron la posición infralapsaria, no se condenó a los que se idenfiquen con la supralapsaria, pues, ambas interpretaciones tienen bastante apoyo bíblico.

Pero, hablando en términos más sencillos, y acudiendo a la Biblia como máxima norma en materia de fe y conducta, podemos afirmar lo siguiente:

Todos los hombres nacen en condición de pecado, bajo la ira de Dios, enemigos de todo lo santo y dignos del infierno:

-       “… todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Ro. 3:9-12).

-       Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potesta del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás(Ef. 2:1-3)

 

Jesús muchas veces afirmó que él vino a salvar a pecadores, “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). La condición en la cual nacen todos, elegidos o reprobados, es de perdición.

 

Por cierto, la doctrina de la redención y la propiciación nos dejan ver que la muerte de Cristo en cruz fue necesaria porque aquellos a los cuales él quería salvar se encontraban en estado de perdición, condenación y ruina espiritual.

 

Todos nacen muertos en delitos y pecados, condenados por la ira de Dios, pero cuando el decreto de elección se hace visible en la vida del elegido, a través de la conversión a Cristo y el arrepentimiento de los pecados, pasamos de “muerte a vida” (Juan 5:24; 1 Jn. 3:14).

 

Ahora, esto no echa por tierra la verdad bíblica que los elegidos son amados por Dios, incluso antes de su conversión, pues, él nos conoce desde antes de la fundación del mundo. El apóstol Pablo dice en Efesios capítulo 2 que éramos hijos de ira, pero también dice “Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecado” (v. 4). Pablo también afirma que Dios amó a Jacob, antes que hubiese hecho bien o mal (Ro. 9:11, 13). Por lo tanto, los elegidos están puestos en un lugar especial de amor en el corazón de Dios, desde el mismo decreto eterno; pero esto no significa que las personas nacen en estado de salvación, sino que efectivamente serán salvos por Dios, quien les dará el don de la fe y el verdadero arrepentimiento.

 

Ahora, muchos niños elegidos mueren en su tierna infancia, pero aunque ellos no pueden profesar fe en Cristo, la gracia de la elección hecha efectiva a través de la obra de Cristo, opera en el bebé de manera especial regerando su corazón e implantando en él la fe en Jesús.

 

Su servidor en Cristo,

Julio César Benítez


 

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[1] Berkhof, Luis. Teología Sistemática. Página 141

miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Puede un cristiano mentir cuando se trate de un asunto de vida o muerte? ¿No fue la mentira de Rahab un caso parecido?


HNO JULIO SALUDOS,QUIERO PREGUNTARLE SI NOS ES LICITO MENTIR EN OCASIONES,UNA DE ELLAS ES SI HAY PELIGRO DE MUERTE,O PARA SALVAR LE VIDA DE ALGUIEN COMO LO HIZO RAHAB, AGRADEZCO SU RESPUESTA,BENDICIONES. JAVIER (Facebook).

Apreciado hermano Javier, gracias por enviarnos su pregunta.
Es necesario iniciar respondiendo que la ley de Dios prohíbe tajantemente la mentira: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Éx. 20:16). La santa Ley de Dios es una manifestación de su carácter, por esa razón él no puede mentir (1 S. 15:29; Tit. 1:2), en consecuencia, siendo que los creyentes somos llamados a ser santos así como él es santo (Lev. 11:45; 1 P. 1:16), la mentira no debe estar en nuestros labios: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despodajo del viejo hombre con sus hechos” (Col. 3:9). Los que practican la mentira no entrarán a la Nueva Jerusalén que Dios tiene preparada para sus santos (Ap. 21:27; 22:15).
La mentira es un pecado horrible porque “esencialmente la mentira es una afirmación de lo que es falso con intención de engañar (Jue. 16:10, 13)[1] Sus fines son malvados: hacer fraude, inculpar injustamente a otros, enseñar la falsa doctrina. Jesús dijo que el padre de la mentira es Satanás (Jn. 8:44).
Ahora, respecto a la mentira de Rahab (Josué 2), como un posible fundamento para justificar las mentiras, en caso de que fuera necesario hacerlo con el fin de salvar la vida, es necesario aclarar lo siguiente: Rahab era una mujer pagana, vivía en medio de un pueblo enceguecido por el pecado. Dios la había escogido para ser una heroína de la fe (Heb. 11:31) y miembro del pueblo santo, pero, en el momento en el cual recibe a los espías, ellá aún estaba en oscuridad. El Señor ya estaba inclinando su corazón para amar al pueblo de Israel, pero aún no era una creyente. De manera que ella, en su deseo de ayudar al pueblo santo, mintió. Ahora, la pregunta que algunos se hacen es: ¿Por qué Dios usó la mentira de una mujer para proteger a los espías? Bueno, Dios no se complace en el pecado ni en las mentiras, pero, nuestro Dios, en el ejercicio de su Soberanía puede, y en efecto lo hace, usar las acciones pecaminosas de los hombres para sus propios fines. Por ejemplo, Dios usó la envidia de los hermanos de José para enviarlo a Egipto y luego proteger a la familia que se convertiría en el pueblo de Israel (Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Gén. 50:20). De la misma manera Dios usó algunas acciones pecaminosas de los hombres para cumplir sus santos propósitos. Pero esto no significa que Dios se gozó en las acciones malas, o que él las apruebe, de ninguna manera. Todos ellos sufrieron las consecuencias de sus maldades, aunque Dios las usó para el bienestar de su pueblo.
De manera que la mentira no es aprobada por Dios, aún ni en el caso de Rahab.
Pero, algunos teólogos y hermanos, con sinceridad se hacen estas preguntas:
¿Deberá mentir un creyente cuando un asesino está buscando a su hijo o a otra persona que ha buscando refugio en su casa, y le preguntan si la persona está allí? ¿Qué maldad, fraude, injusticia, perjuicio hay en ello?
Creo que si un día nos enfrentamos con una situación tan difícil el Señor nos ayudará a decir o hacer lo que procure Su gloria, la santidad y el bienestar de nosotros y del prójimo, así como el juicio de los malvados.
 
Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez
 
Nota: Usted puede ver la respuesta a esta y otras preguntas ingresando a: http://forobiblico.blogspot.com/


[1] Bruce, F.F. Nuevo Diccionario Bíblico Certeza. Página 876