miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Somos los creyentes dioses pequeños?

¿Es correcto pensar que nosotros los creyentes somos dioses, basados en el Salmo 82:6? Juan 10:34-35 

Esta pregunta tiene gran relevancia para nuestros tiempos, ya que por todos los lugares escuchamos de nuevo las palabras del gran enemigo de las almas “seréis como Dios” y los hombres, incluyendo a muchos que se identifican como cristianos, están pensando que ellos son algo así como una especie de dioses pequeños.
La Nueva Era es un movimiento que está ganando mucho campo en todas las esferas de la sociedad debido a que también insiste en presentar al hombre como un ser casi divino. Sabemos que muchas personas hoy, incluyendo a predicadores y líderes religiosos, están usando este salmo y la cita que Jesús hace de él en Juan 10:34-35 como un argumento para creer en la divinidad del hombre. Pero nuevamente insistimos en que para interpretar de manera correcta, y conforme a la revelación de Dios, cualquier pasaje bíblico, es indispensable que tengamos en cuenta todo el contexto.
La Biblia es un libro coherente que no tiene contradicciones, ni cada versículo puede ser interpretado de manera aislada, sino que toda la Palabra de Dios debe ser tenida en cuenta a la hora de interpretar cualquier texto.
 Analicemos entonces el contexto en el cual Dios dice “dioses sois” y a quiénes se refería con esta designación. Leamos todo el Salmo 82: Salmo de Asaf.

 1 Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga. 2 ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, Y aceptaréis las personas de los impíos? Selah 3 Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. 4 Librad al afligido y al necesitado; Libradlo de mano de los impíos. 5 No saben, no entienden, Andan en tinieblas; Tiemblan todos los cimientos de la tierra. 6 Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo; 7 Pero como hombres moriréis, Y como cualquiera de los príncipes caeréis. 8 Levántate, oh Dios, juzga la tierra; Porque tú heredarás todas las naciones. 

 Este es un salmo inspirado por el Espíritu Santo a través de Asaf, quien actúa como un profeta que lleva palabras de amonestación y juicio de parte de Dios para todos los magistrados y jueces que ejecutan la Ley en medio del pueblo.
Que esto es así lo demuestran las siguientes expresiones: En medio de los dioses juzga (1), ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente? (2), Haced justicia al afligido y al menesteroso (3). Ahora, los jueces y los gobernantes de la tierra tienen una autoridad designada por Dios, ellos gobiernan y ejecutan el juicio con autoridad divina.
Pablo enseña esto cuando dice: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste, y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pues si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues, es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo, por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto también pagáis los tributos porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.” Rom. 13:1-6.

 Es preciso que miremos con mas detenimiento algunas declaraciones de Pablo con respecto a los magistrados y jueces, para poder entender el sentido del Salmo 82. Los creyentes del Antiguo y del Nuevo Testamento tenían muy en claro que los jueces, magistrados y el rey, es decir, toda autoridad civil y militar, eran ejercidas con autoridad divina, incluyendo los gobernantes no creyentes, como era el caso del imperio romano en el tiempo de Pablo. No obstante Pablo considera que estos jueces, magistrados y reyes son: Establecidos por Dios mismo (es decir, son servidores de Dios), servidores de Dios para el mantenimiento del orden social. Es por eso que ellos son sostenidos con nuestros impuestos, porque son necesarios para el bienestar de las sociedades.

 Regresemos al Salmo 82. El versículo 1 dice: “Dios está en la reunión de los dioses, en medio de los dioses juzga”. “los dioses” en este pasaje hace referencia a los que juzgan, ahora habría que preguntarnos ¿Quiénes son los encargados de juzgar? Obviamente los jueces y magistrados, y los gobernantes. Aquí no se refiere a ningún otro ser, ni a los ángeles, ni a seres sobrenaturales, pues ¿Acaso los jueces y magistrados no son los encargados de hacer justicia a los pobres y a los débiles, como dice el resto del Salmo? Y que esto es así lo demuestran las siguientes advertencias .
Dios les declara en el verso 6 “Yo les dije dioses sois”, eso es lo que está escrito en el versículo 1, eran dioses no porque tuvieran la esencia divina, sino porque actuaban en nombre de Dios para ejercer autoridad sobre los hombres. El comentario de Mattew Henry dice al respecto el término dioses “se refiere a los jueces injustos, quienes, como capacitados para juzgar participan del divino privilegio de hacer juicio y justicia” . De la misma manera el comentario de William McDonald dice: “Se les llama dioses porque son representantes de Dios, ordenados por Él para ser sus siervos y así mantengan el orden en la sociedad. Aunque no conozcan personalmente a Dios, todavía son agentes de Dios en sentido oficial y por lo tanto dignificados aquí con el nombre de dioses. El sentido fundamental de esta palabra “dioses” es: “los fuertes” o “seres poderosos” . 2 Crónicas 19:6 El buen rey Josafat se dirige a los jueces de Judá y les exhorta diciendo: “Mirad lo que hacéis porque no jusgáis en lugar de hombre, sino en lugar de Jehová, el cual está con vosotros cuando juzgais
 Ahora, que no se trata de dioses en ningún sentido sobrenatural se dejar ver claramente en la forma como Dios los reprende: “Hasta cuando juzgaréis injustamente?”, o “no saben, no entienden, andan en tinieblas” y luego les dice: “Yo dije vosotros dioses sois, pero como hombres moriréis y como cualquiera de los príncipes caeréis”. Dios se encargará de enviarles sus juicios y caerán como caen el resto de los príncipes y gobernantes de la tierra. Aunque tengan cierta preeminencia sobre los hombres, siendo que la justicia está en sus manos, esto no los librará de sufrir como cualquier otro hombre bajo la poderosa mano del Señor, pues, no han cumplido con la función divina de hacer justicia a los pobres y débiles, sino que se han vendido ante las riquezas de los impíos para hacer agravio a los necesitados del pueblo. Esto es una clara advertencia para todos los que ejercen alguna clase de autoridad, sean gobernantes civiles, militares, jueces, magistrados, cenadores o líderes religiosos, todos tienen la responsabilidad de actuar con equidad y justicia, de lo contrario un día serán sorprendidos por la justicia divina que no pasa en alto ninguna de estas faltas. “La dignidad del oficio de magistrado es reconocida por Dios. Al participar, en cierto modo, de la naturaleza divina deberían conformar su modo de juzgar al de Su Padre celestial. Dios había delegado en ellos, con el poder de juzgar, el poder de regir la sociedad mediante la justicia y su producto, que es la paz pública. A pesar de estos privilegios, en cierto modo divinos, estos jueces se habían comportado tan mal que a continuación se les sentenció a morir como los demás hombres

 En conexión con este pasaje es preciso revisar la cita que hizo Jesús en Juan 10:33-35: “Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús le respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tu blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Los judíos estaban protestando, hasta el punto de la lapidación, porque Jesús estaba reclamando ser igual a Dios, a lo cual Jesús responde con un argumento que ellos podían entender fácilmente: “Si las Sagradas Escrituras que son inquebrantables y sin error le dice dioses a unos hombres encargados de juzgar y gobernar, y ustedes nunca han protestado por eso, entonces porqué reaccionan de esa manera ante mi declaración en la cual afirmo que soy Hijo de Dios”.

 Las Escrituras Sagradas en ninguna parte enseñan que los cristianos seamos divinos o tengamos facultades divinas. Los profetas y apóstoles, que pudieron hacer grandes milagros y portentos, no lo hacían por algún poder inherente a ellos, sino solo por la acción de Dios. La Biblia nos presenta a Dios como la única fuente de poder.
 En otro programa analizaremos un pasaje difícil como es 2 Pedro 1:4, donde dice que los creyentes llegaremos a ser participantes de la naturaleza divina. Un versículo que muchos utilizan para afirmar que somos dioses pequeños, pero que en ninguna manera afirma esa mentira.


Su servidor en Cristo,
Julio César Benítez