lunes, 20 de enero de 2014

¿Qué significa cuando Jesús dice que vio a Satanás caer como un rayo del cielo? ¿Venció Jesús a Satanás en la cruz? ¿Actualmente está atado Satanás?

Pastor bendiciones, espero no molestarlo, solo tengo una pregunta, en lucas 10:17-18 dice Jesús que vio a Satanás caer del cielo como un rayo, no se qué significa...
Sé que está ocupado, solo le comparto mi duda por si pudiera ayudarme....
Dios lo guarde




Jesús envió a setenta de sus discípulos a predicar las buenas nuevas de salvación, estos discípulos regresan gozosos de su misión, pues con la predicación del evangelio aún los demonios no tenían otra alternativa que sujetarse y huir. Es en este contexto que Jesús afirma “ Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”. Los discípulos podían tener poder sobre los demonios a causa de la obra de Cristo, el poder del Diablo había sido quebrantado. “el diablo cae del cielo cuando cae del trono que ocupa en el corazón de los hombres. Cristo conocía de antemano que, dondequiera fuese recibido el reino de los cielos, caería el reino de Satanás. Pero fue en la cruz donde Cristo asestó a Satanás el golpe mortal.”[1]

A partir de la obra de Cristo en su primera venida, Satanás había sido quebrantado en el poder y control que ejercía sobre buena parte de los hombres. Ahora, un poder mayor estaba actuando sobre los corazones de los hombres. El poder del Evangelio puede derribar la opresión y esclavitud ejercida por Satanás. Nuevamente recalco que Jesús no habla de hacer ciertos rituales para que de una forma misteriosa el poder de Satanás caiga en cierto territorio, lo que debemos hacer es proclamar el Evangelio de Salvación, y cuando hagamos esto el poder de Satanás irá cayendo de todas aquellas personas que sean llamadas por Dios para salvación.

No podemos convertir al cristianismo en una religión misteriosa y espiritualista a través de rituales que parecen mas propios de las religiones animistas y ocultistas. Hacer ritos para destruir el poder del diablo como: Danzas de guerra espiritual, movimientos corporales frenéticos, repetir frases destruyendo el poder del diablo, cultos de guerra espiritual, golpear el piso con los pies, rociar aceite sobre ciudades y otras prácticas misteriosas; esto no es mas que desconocer el gran triunfo que obtuvo Cristo en la Cruz, y, en realidad, lo que hacemos es dar un énfasis exagerado al poder de Satanás. Nuestra verdadera lucha consiste en PREDICAR el evangelio de Salvación por doquier, y cada vez que lo hacemos el poder del diablo va retrocediendo.

E. Jesús, en la cruz, despojó a los principados y potestades triunfando sobre ellos Colosenses 2:14-15.

Este pasaje forma parte de un capítulo en el cual Pablo advierte a los Colosenses en contra de las enseñanzas legalistas de algunos judaizantes que habían entrado a la Iglesia de Colosas y pretendían añadir a la Gracia del Evangelio el someterse a las ordenanzas de la Ley como medio de Salvación.
Esto no podría ser porque el creyente “está completo en Cristo” (v. 10), es decir, hemos alcanzado plenitud. “En Cristo poseemos la fuente de la cual fluye la corriente de bendiciones que puede satisfacer cualquier necesidad que tengáis, sea en esta vida o en la venidera. Por tanto permaneced en él (Jn. 15:4,7,9), y continuaréis experimentando que “de su plenitud todos recibimos gracia sobre gracia” (Jn.1:16).[2]

Esta plenitud en Cristo incluye el total perdón de nuestros pecados, pasados – presentes y futuros porque, en Él, Dios nos libró de la maldición de la Ley, la cual era adversa a nosotros, pues producía muerte en vez de vida. No éramos capaces de cumplir todas las demandas de esta ley y, en vez de salvarnos, nos juzgaba, condenaba y maldecía.

Cristo, al ser crucificado, también clavó en la cruz esa ley que nos era contraria, es decir, que nos juzgaba y maldecía. Ahora somos libres de la maldición de la Ley, y no tenemos que cumplirla como medio de Salvación. Esto no quiere decir que las demandas morales de la Ley han sido abrogadas, pues, sus principios morales son eternos, y el creyente se goza en cumplirlos y en agradar a Dios.

Satanás se aprovechaba de nuestra debilidad en cumplir la Ley para acusarnos y conducirnos cada vez más a hundirnos en el pecado. Pero Cristo, no solo clavó la maldición que producía la Ley en la cruz, sino que, al hacer esto, quitó a Satanás una de las armas más poderosas que tenía sobre los hombres: La acusación.  De allí que San Pablo pregunte a los Romanos (8:33-34) “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”.

Siendo tal la victoria de Cristo sobre Satanás, el apóstol Pablo anima a los Colosenses a no tener miedo de este antiguo enemigo, porque su derrota en la cruz es evidente y ahora no podrá ejercer todo el poder que antes ejercía sobre los hombres.  Cristo triunfó sobre Satanás y todas sus huestes, y ahora esa victoria es nuestra, esta victoria es nuestra vida y nuestro gozo, en Cristo estamos completos.

F. Satanás ha sido vencido por la sangre del Cordero. Apocalipsis 12:11. “Y ellos han vencido por medio de la sangre del Cordero y la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”

Satanás siempre ha sido el opositor de Dios y de su pueblo. Su labor incesante consiste en mantener al hombre en la esclavitud del pecado y la rebeldía en contra de la Ley de Dios. Su influencia sobre el hombre se ha mantenido desde la caída inicial en Edén. Cuando el hombre escuchó la voz de Satanás en el paraíso se convirtió en su esclavo y cedió su lugar de gobernante sobre la creación al enemigo de las almas. Dios había dicho al hombre que “llenara la tierra…, gobernara.,,, y soguzgara” Génesis 2:28. Pero al ceder ante Satanás había un nuevo gobernador. Es así que encontramos a Satanás como el “dios de este siglo”, es decir, con potestad para interferir en los asuntos del hombre. Ahora este horrible ser podría presentarse ante Dios para acusar a los hombres: En Job 2 lo encontramos pidiendo permiso para atormentar al siervo de Dios, en Zacarías 3:1 y 2 hallamos a Satanás al lado del Sacerdote Josué para acusarle. En otros textos se nos presenta a Satanás como teniendo acceso al cielo para acusar a los hombres. Cuando Jesús dice que vio a Satanás descender del cielo como un rayo, está mostrando que tenía cierto permiso para gobernar sobre los hombres, estaba en una posición alta, era señor de una raza pecadora.

Incluso en la tentación de Cristo en el desierto observamos el señorío que Satanás tenía sobre la tierra caída. La Biblia dice que el Espíritu Santo llevó a Cristo hasta el desierto para ser tentado por el Diablo. ¿Por qué era necesario que Cristo fuera tentado por Satanás?  Siendo que Cristo venía con el propósito de rescatar al hombre del poder del pecado para que ahora viviera en Santidad para la Gloria de Dios, era necesario que primero venciera al que tenía el “imperio de la muerte”. Satanás había recibido del hombre la facultad de gobernarlo y de mantenerlo en esclavitud (“todo aquel que hace pecado esclavo es del pecado” Juan 8:34. “Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que le venció” 2 Pedro 2:19). Jesús debía vencer a Satanás y así cumplir con toda justicia para ser el Salvador del hombre caído.

En Edén Satanás probó la fidelidad del hombre hacia la Ley de Dios. El nuevo Adán es probado también por Satanás. Jesús iba a convertirse en la cabeza de una nueva creación, pero antes debía derrotar al que “gobernaba” la antigua creación caída. Este es el propósito de la tentación de Cristo. Jesús venía a lanzar fuera a Satanás: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones, y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el Dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”. Apocalipsis 12:5, 7-11

La mayoría de los comentaristas bíblicos coinciden en afirmar que el hijo que está a punto de dar a la luz la mujer es Cristo, el hijo de Dios, el varón que aplastaría la cabeza de la serpiente. Esta escena descrita por Juan nos deja ver el propósito por el cual fue escrito el libro de Apocalipsis: Presentar la victoria de Cristo sobre la obra de Satanás. La Iglesia del primer siglo, a la cual le escribe Juan, es una Iglesia perseguida, sufriente, una iglesia que tiene como misión proclamar el evangelio de Salvación en medio de una generación pagana, idólatra, entregada a Satanás. Parecía que el diablo tuviera garantizada la victoria porque la hechicería, la brujería, los ritos satánicos y la adoración al diablo era la moda de esa entonces. ¿Qué esperanza tenía la iglesia de triunfar en medio de un mundo “controlado” por Satanás?

Esta visión de Juan nos presenta lo que estaba sucediendo en el mundo espiritual. El Hijo del hombre había venido para arrebatar a Satanás lo que el hombre le había cedido en la caída, Jesús iba a comprar un pueblo para Dios. Satanás debía abandonar su posición “alta” (cielo) y sería arrojado a un lugar de humillación (“tierra”), ya no podría ejercer una obra eficaz en contra de los hombres, al menos, sus acusaciones en contra de los santos tendrían una gran barrera: La obra perfecta de Cristo que ofrece justificación perfecta para los pecadores.

Ahora, es importante observar que en el cántico de victoria entonado en los cielos se menciona como herramienta del triunfo “La sangre del Cordero”. En todo el libro de Apocalipsis hallamos que se presenta al Hijo de Dios como el Cordero que fue inmolado, es decir, el cordero que derramó su sangre. Esto tiene un gran significado para la Iglesia de Cristo. Por medio de la Sangre del cordero  el pueblo de Dios ha sido victorioso, por medio de esta preciosa sangre vertida en la cruz del Calvario Jesucristo fue declarado vencedor sobre la muerte, Satanás y el pecado. La Iglesia es vencedora sobre Satanás porque Jesús derramó su sangre. ¿Cuándo pasó esto? Hace mas de Dos mil años, es decir, hace mas de 20 siglos para los creyentes se conquistó la victoria sobre Satanás.

Pero ¿En qué sentido la sangre del cordero ganó la victoria? Recordemos que la consecuencia del pecado en el hombre fue la muerte eterna, es decir, la eterna separación de Dios. Las justas demandas de la Ley establecían que la paga por el pecado es la muerte, y siendo el hombre vendido al pecado, Satanás pudo dominarle a través de la muerte espiritual.

Pero la Ley también establecía que a través del derramamiento de la sangre podía hallarse la propiciación para con Dios, esto es lo que indicaban los diarios sacrificios en el templo de Jerusalén. La raza humana esperaba la llegada del Cordero inmaculado que derramaría su sangre en un sacrificio de valor eterno.

Cuando Jesús vino a la tierra se sometió voluntariamente a la Ley santa de Dios y la cumplió en perfección, pues solo cumpliéndola en todos sus puntos podría ser el substituto perfecto por el hombre pecador. Cumpliendo la Ley, Satanás no podría acusar a Jesucristo de ninguna falta. Pero siendo que la Ley exigía sacrificio de sangre para expiar el pecado, Jesucristo también se sometió voluntariamente al sacrificio de su cuerpo. Cada gota de su sangre significó el cumplimiento de las altas exigencias de la Ley y la completa derrota del dominio de Satanás sobre el hombre pecador que se acogía al substituto ofrecido por Dios mismo.

Su sangre derramada es la prueba mas fehaciente de que ya no estamos en enemistad con Dios, sino que hemos sido reconciliados eternamente con el creador. Ahora Satanás ya no tendrá dominio sobre nosotros sino que deberá huir de nuestro lado porque la sangre del cordero pascual nos ha favorecido para con Dios y contra él Satanás no podrá hacer nada.

Siempre que la Iglesia predica del poder salvador de la sangre de Cristo, la influencia de Satanás sobre los hombres va retrocediendo. Siempre que las almas están siendo lavadas por la sangre de Cristo, al confesar sus pecados con sincero corazón como resultado de la verdadera predicación del Evangelio, la obra de Satanás está recibiendo duros golpes. En este sentido la Iglesia vence cada día a Satanás con la sangre de Cristo.

En este momento quiero aclarar algunas ideas confusas que la gente tiene con respecto a la Sangre de Cristo:

  1. La Biblia nos enseña que la Sangre de Cristo fue derramada por los pecados del hombre. En ninguna parte dice que la sangre del cordero pascual fue derramada para limpiar  cosas. Hoy día muchos cristianos que ignoran lo sublime y santo del sacrificio de Cristo, pretenden utilizar la sangre de Cristo para limpiar todo lo que les ocurra. Recuerdo una vez en la cual me dirigía hacia la casa donde vivía en la ciudad de Barranquilla, iba acompañado de un hermano en la fe el cual estaba muy involucrado en las modernas prácticas de  guerra espiritual, cuando llegamos a la casa y abrí la puerta me encontré en el piso una moneda de 500 pesos, inmediatamente me agaché para tomarla y escuché un grito que me dejó desconcertado. El hermano que me acompañaba gritó con toda su fuerza diciéndome: “No toques esa moneda, tu no sabes quien la puso allí, primero debes lavarla con la sangre de Cristo”. Quedé estupefacto al escuchar a mi hermano pretendiendo utilizar la Sangre de Cristo para limpiar una moneda. ¡Cuánta ignorancia existe en el pueblo de Dios con respecto a los asuntos espirituales! Utilizar la sangre preciosa de Cristo para limpiar objetos, ¡Que aberración! Recordemos las solemnes advertencias de Hebreos 10:29 “Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado…?” Cuando tratamos de utilizar la sangre de Cristo para lo que ella no fue derramada, estamos pisoteándola. Tengamos cuidado con lo que decimos, especialmente en lo que se relaciona con lo espiritual, no son cosas insignificantes, son muy serias, y Dios no tendrá por inocente al que hiciere afrenta a su Hijo Jesucristo.

  1. Otro error muy común asociado con la sangre de Cristo es el considerarla como un objeto de buena suerte o algo mágico. La sangre de Cristo es efectiva en el creyente para limpiar sus pecados. Siendo limpiados, perdonados y aceptados por Dios con base en el sacrificio de Cristo, podemos tener la total seguridad de que ahora gozamos del favor divino, podemos acceder con plena certidumbre de fe al trono de la gracia, y Satanás no será efectivo en sus acusaciones contra nosotros. Todo esto es suministrado al creyente por los beneficios de la sangre derramada del Cordero de Dios y es aplicada cuando el pecador ha sido convencido por el Espíritu Santo de sus pecados y con corazón humillado suplica a Dios misericordia. En ese momento puede ver los sublimes beneficios de la Sangre de Cristo. El apóstol Juan en su primera carta dice que “… si andamos en luz como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” 1:7. Algunas personas piensan que pueden acudir a la sangre de Cristo en cualquier circunstancia. Si alguien nos quiere robar entonces exclamamos “la sangre de Cristo” y al pronunciar estas palabras mágicas todo se arreglará. O si queremos que Dios haga algo a favor nuestro entonces exclamamos “la sangre de Cristo” y Dios se verá obligado a responder por haberse dicho la frase mágica. Esto también es ignorancia con respecto a los asuntos espirituales. Caemos en el pecado de utilizar en vano lo relacionado con Dios y su obra. Recordemos que en uno de los mandamientos de la Santa Ley, Dios prohíbe que utilicemos su nombre en vano, es decir, no tenemos derecho para utilizar el nombre de Dios innecesariamente. De la misma manera no podemos hablar de la sangre de Cristo de una forma vana, es decir, no podemos pensar utilizarla para lo que ella no ha sido derramada. Le invito para que lea en las Sagradas Escrituras el propósito de la sangre de Cristo y, de seguro, hallará que no es para ninguna de las cosas erróneas mencionadas anteriormente.

-       Mateo 26:28 Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada
-       Juan 6:54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna
-       Hechos 20:28 … para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.
-       Romanos 3:25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar en su justicia…
-       Romanos 5:9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
-       Efesios 1:7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia
-       Efesios 2:13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
-       Colosenses 1:14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados
-       Colosenses 1:20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
-       Hebreos 9:7 la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo.
-       Hebreos 9:14 ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

En todos estos versículos podemos ver que la sangre de Cristo fue derramada para el perdón de los pecados, la limpieza y la reconciliación con Dios. No podemos pensar en ella para otros usos. En el Antiguo testamento la sangre de los becerros también se utilizó sobre el tabernáculo y los vasos del ministerio (Hebreos 9:21); ya que estos elementos representaban la presencia de Dios en medio de su pueblo, era necesario que estos objetos de uso religioso fueran “santificados”, es decir, apartados para lo sagrado. Pero hoy día el templo somos nosotros, así que la limpieza por la sangre del Cordero es para nosotros, ya no es utilizada para objetos que consideremos sagrados, porque ahora lo sagrado es el hombre que, apartado por el Espíritu de Dios, es limpiado por la sangre para vivir eternamente agradando a Dios.

Otros pasajes de las Escrituras que podemos estudiar con respecto a la victoria de Cristo sobre Satanás son:

    1. 1 Cor. 15:55-57. Jesús quebrantó el poder de la muerte y echó fuera al destructor. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

    1. Apoca. 12:9. La obra de Cristo ganó la victoria sobre Satanás. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

    1. Marcos 3:27. Jesús ató al hombre fuerte, y ahora arrebata las almas que antes estaban bajo su influencia, para trasladarlas al reino de la luz. 1 Pedro 2:9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

                                                              i.      El establecimiento del reino de Dios requería que el hombre fuerte (Satanás) fuese dominado y aplastado.

                                                            ii.      Lucas 11:20. El reino de Dios llegó y Cristo podía expulsar a los demonios de las personas. Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.

                                                          iii.      Bajo la obra de Cristo, Satanás fue derrotado. Cayó del cielo como un rayo. Lucas 10:17-18 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.

                                                          iv.      La encarnación de Cristo, significó la destrucción de Satanás. Hebreos 2:14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

¿Cuáles son las consecuencias de esta derrota propinada a Satanás?

a. Su poder fue refrenado de modo que no puede seguir engañando a las naciones con la eficacia que lo caracterizó antes de la venida de Jesucristo.

  1. Principalmente, ya no podría estorbar la difusión del evangelio de salvación, y en este sentido no engañaría más a las naciones.

  1. Esto no significa que Satanás no podría estorbar a los siervos de Dios, pero si significa que Satanás no podría impedir la evangelización de todas las naciones.

  1. Como dice Hendriksen: Esta derrota de Satanás “indica que en la era actual del Evangelio, que comienza con la venida de Cristo y se extiende hasta su segunda venida, la influencia maligna de Satanás se restringe de manera que sea incapaz de prevenir la extensión de la Iglesia entre las naciones por medio de un programa misionero. Durante este período se impide que induzca a las naciones – al mundo en general – a destruir la Iglesia como institución misionera y poderosa.”

¿Está verdaderamente derrotado Satanás?

Cuando vemos el avance del paganismo en la cultura occidental, el crecimiento del terrorismo, amenazas de desastres mundiales, paganización de las Iglesias cristianas, aceptación de toda clase de pecados antes rechazados por la sociedad como: el homosexualismo, el aborto, el divorcio y otros.  Pareciera que Satanás está vivo y coleando haciendo de las suyas a su antojo y sin ningún control.

Estudiaremos en el próximo capítulo  cuáles son las implicaciones de la derrota de Satanás y cuál debe ser la actitud del cristiano hacia este personaje siniestro.

También estudiaremos cómo Satanás sigue utilizando su mejor arma: “el engaño”, para acechar al mundo y al cristiano.

Recordemos la victoria de Cristo (Conclusiones):

i. Jesús nos rescató del dominio de las tinieblas. Col. 1:13
ii. Jesús es la cabeza de todo principado y autoridad. Col. 2:10
iii. Los principados y dominios, tronos y dominios, son criaturas, creadas por él, a través de él y para él. Col. 1:16
iv. Jesús triunfó sobre Satanás en la tentación del desierto. Mat. 4:1-11
  1. Jesús ató al hombre fuerte. Mt. 12:29
vi. Jesús vio caer a Satanás como un rayo a causa de la derrota propinada por Cristo. (Luc. 10:18)
vii. Esta victoria de Cristo sobre Satanás se dejó evidenciar en Su poder para echar fuera los demonios. (lea los evangelios)

Podemos preguntar, junto con Hendricksen, en su comentario a Colosenses 2:15 “¿No es cierto, entonces, que mediante estos grandiosos actos redentivos, Dios exhibió públicamente a estos poderes malignos para su vergüenza, llevándolos como cautivos condenados en su desfile militar de triunfo?”[3]



[1] HENRY, Matthew. Comentario Bíblico: Lucas. Editorial Clie. Barcelona. 1999.
[2] Hendricksen, William. Comentario al Nuevo Testamento: Colosenses. Pág. 132. Libros Desafío. 1982. Grand Rapids.
[3] Hendricksen, William. Comentario al Nuevo Testamento. Colosenses. Editorial Desafío. 1982. Grand Rapids.

martes, 7 de enero de 2014

Seminarios Intensivos para Pastores y Líderes. Colombia 2014

SEMINARIO REFORMADO LATINOAMERICANO SRL
(anteriormente: Academia Ministerial la Gracia de Dios)
CALENDARIO DE SEMINARIOS INTENSIVOS PARA PASTORES Y LÍDERES CRISTIANOS. MEDELLÍN 2014




Ø  Introducción al Antiguo Testamento. Con el profesor Daniel Hoffman (Master en Divinidad del Reformed Theological Seminary RTS). Enero 27 a Enero 31 de 2014.
Ø  Cristo: Los pactos divinos. Con el profesor y pastor Dr. Don Galardi (Teólogo y pastor en Owosso, Michigan). Febrero 17 al 21 de 2014.
Ø  Escatología. Con el Dr. Samuel Waldrom (Pastor, teólogo y profesor bautista). Febrero 24 al 28 de 2014.
Ø  Estudios en 2 Corintios. Con el pastor Harry Stolicker. (Pastor y profesor bautista). Marzo 4 al 8 de 2014
Ø  Consejería pastoral. Con el Dr. Rick Jensen. Abril 21 al 25 de 2014
Ø  Doctrina de la Salvación. Con el Dr. Rick Piatt. Junio de 2014 (está por confirmar la semana).
Ø  Teología pastoral. Con el Dr. Thomas Ascol. Julio 7 al 11 de 2014

INSCRIPCIONES: Los pastores y líderes interesados en asistir a todos o cualquiera de los seminarios intensivos deben inscribirse previamente con el hermano Edwin Benjumea en el email: benjumeah88@hotmail.com o al celular 3014269838, o con la secretaria, Clara Agudelo, en el fijo (4) 232 7182.
La inscripción es totalmente GRATUITA e incluye: asistencia a todas las sesiones de conferencias, hospedaje en el campus y alimentación. Cualquier otro gasto será asumido por el asistente.

No olvide que estos seminarios son para Varones.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Seminario Intensivo: Introducción al Nuevo Testamento

Introducción al Nuevo Testamento
Seminario Intensivo para pastores y líderes cristianos
Con el pastor y conferencista:
Dr. James Bears
Dr. En Ministerio del Westminster Theological Seminary



Fecha y Lugar:
Campus de la Academia Ministerial la Gracia de Dios, finca en Santa Elena, Medellín. Inicia el Lunes 9 de Diciembre hasta el viernes 13 de Diciembre a las 4:00 p.m.

¿Quiénes pueden asistir?
Varones pastores o líderes de iglesias cristianas.

Costos e inscripciones:
El Seminario es totalmente gratuito, incluye: conferencias, hospedaje en el campus o finca (por los 5 días) y alimentación. El varón inscrito debe costear su propio transporte hasta la finca y desde ella hasta su lugar de residencia.
Pueden inscribirse escribiendo al email del director administrativo, hermano Edwin Benjumea:benjumeah88@hotmail.com o pueden llamarle al celular 301 4269838

Muy importante: En la finca solo se pueden hospedar hasta 36 hermanos, por lo tanto, los hermanos que se inscriban luego de llenarse el cupo deberán pagar su propio hospedaje en un hotel de Medellín, y todos los días deberán transportarse desde el hotel hasta la finca y viceversa.  

INVITAN:
Iglesia Bautista la Gracia de Dios
Academia Ministerial la Gracia de Dios
Gospel Trough Colombia GTC


www.caractercristiano.org



jueves, 24 de octubre de 2013

El Reino Inconmovible de Cristo ¿Qué es el Reino de Dios?

El Reino Inconmovible de Cristo
Hebreos 12:27-28
“La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia”

Este es un estudio bíblico adaptado de Arthur Pink por Julio C. Benítez. Iglesia Bautista Reformada "La Gracia de Dios" Medellín, Colombia. www.caractercristiano.org

El gran propósito de Dios en la Divina encarnación fue el establecimiento del Reino de Cristo, pero antes de que pudiera ser debidamente establecido se tenía que dar un fuerte temblor con el fin de que las sombras del judaísmo dieran lugar a la sustancia.
La aparición del Mesías hizo necesaria la total disolución de toda la economía judaica: Las instituciones levíticas fueron cumplidas en Cristo, ellas habían alcanzado su propósito, lo cual fue solemnemente representado por el velo rasgado en el templo, y 40 años más tarde por la total destrucción del templo. No obstante, era difícil convencer a los Hebreos cristianos que ese era el caso, y, por lo tanto, el autor acudió al argumento que dio en el 12:18-24 y a la exhortación que dio en el verso 26, citando como prueba un texto de sus propias Escrituras Antiguas.
Las palabras de Hageo, cuando dice que el Señor hará temblar “los cielos y la tierra”, se refieren, como hemos visto, no a las estrellas del cielo o los planetas del cosmos, sino a la constitución judaica bajo la Ley ceremonial – llamándole “los cielos” porque ellas eran tipo de cosas celestiales.
En última instancia, Dios “haría temblar” y eliminaría todos los dominios, tronos y poderes que se oponían al Reino de Cristo – como él hizo más adelante, por ejemplo, con el imperio romano.
“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible”. El propósito del Espíritu Santo en este pasaje era incrementar la estima de los hebreos cristianos por la excelencia y la supremacía del Reino de Cristo, el cual ha sido “traído a la luz” por Su santo Evangelio, y del cual los creyentes han recibido el derecho y la seguridad, pues, estas sacudidas o temblores que se dieron, tuvieron el propósito de dar lugar al Reino de Cristo.

Descargue estudios bíblicos y sermones en pdf, mp3 o video ingresando a www.caractercristiano.org

El autor insiste en que estas “sacudidas” de Dios tuvieron como propósito “remover” lo que dificultaba la manifestación y desarrollo del Reino de Cristo. Esto es una prueba adicional de que la profecía de Hageo no apuntaba hacia la convulsión universal de la naturaleza en el día final, sino a algo que ya tuvo cumplimiento: Los creyentes ahora obtienen el fruto de esa “agitación”, porque ellos reciben, ahora, el reino inconmovible, es decir, el Reino de Cristo que no puede ser movido.
Pero la profecía de Hageo no sólo anunció la superioridad del Cristianismo sobre el judaísmo, sino que dio a entender claramente el sentido último y completo de la dispensación cristiana. Esto es evidente en las palabras de Hebreos 12:27 “Y esta frase: Aún una vez”. Según la interpretación de algunos dispensacionalistas el autor debió haber dicho: “Aún dos veces más”, porque ellos piensan que así como la dispensación Mosaíca fue seguida por el cristianismo, también esta será sucedida por un revivido y glorioso judaísmo en el “milenio”. Sin embargo, “Aún una vez” significa eso, una vez más y después de eso, nada.
El cristianismo es la última cosa que Dios tiene para esta tierra. El último gran cambio dispensacional se hizo cuando el Señor dio el Evangelio al mundo, por eso Pedro pudo decir: “Más el fin de todas las cosas se acerca” (1 P. 4:7), porque Dios ha hablado su última palabra a la humanidad. También Juan dijo: “Hijitos, ya es el último tiempo” (1 J. 2:18), lo cual muestra que no es cierto que otra dispensación deba seguir a la actual.
“Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles” (v. 27). Aquí el autor explica la declaración de Hageo “De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra…” (compare con el “ahora” de Heb. 12:26).
Cuando el autor se refiere a las cosas “sacudidas y removidas” como “cosas hechas” estaba lejos del propósito de adicionar una mera y superflua declaración; él vuelve a insistir en el contraste que ha estado presentando.
La frase “como cosas hechas” es elíptica, porque necesita, para su completo sentido, que se le añada la frase “hechas por manos”. Todas las cosas relacionadas con el judaísmo fueron hechas por manos humanas; incluso, las tablas de piedra donde Dios escribió los Diez mandamientos, fueron “labradas” por Moisés (Éx. 34:1). Además, el tabernáculo, y todas las cosas dentro de él, debió ser “hecho” conforme al “modelo” que Dios le mostró (Éx. 25:8-9). En agudo y bendito contraste, las cosas inmateriales y espirituales del cristianismo, dice Pablo, “no son hechas de manos” (2 Cor. 5:1; Col. 2:11).
“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia”. Aquí el autor presenta una inferencia de lo que había dicho sobre la agitación y remoción del judaísmo y el establecimiento del cristianismo. En primer lugar, aquí se dice que los cristianos hemos entrado a un gran privilegio, es decir, ahora estamos bajo el gobierno espiritual de Jesucristo – a quien Dios ha ungido y establecido como Rey sobre Su santo monte de Sión (Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte Sal. 2:6), aquí llamado “un reino”. En segundo lugar, el carácter esencial de este reino, a diferencia de todos los demás, es inamovible, es eterno y permanente. En tercer lugar, la forma en la cual participan los creyentes de este beneficio es “recibiendo”. “Este reino es, entonces, el gobierno de Cristo en y sobre la Iglesia, lo cual el Apóstol ha demostrado es más excelente que el de la Ley” (Owen). Este reino es el que ahora vamos a considerar.
Al comienzo de la historia humana el Reino de Dios fue manifestado en esta tierra, por lo que no había necesidad de orar “venga tu Reino”. El Reino de Dios fue establecido en Edén, y todas las bendiciones que fluyen de la sujeción a su dominio fueron entonces disfrutadas. La supremacía de Dios fue reconocida gustosa y espontáneamente por todas sus criaturas. Pero el pecado entró, y se produjo un cambio radical. El hombre rechazó el reinado de Dios. Al transgredir sus mandamientos, Adán rechazó su Soberanía. De este modo, al hacer caso a las sugerencias de la serpiente, el reino de Satanás se estableció en este mundo (Mt. 12:26).
Desde la Caída ha habido dos imperios trabajando en esta tierra: “El mundo” y el “Reino de Dios”. Los que forman parte del primero, no le pertenecen a Dios, y los que pertenecen al segundo, profesan sujeción a él.
En tiempos del Antiguo Testamento, la teocracia israelita fue la esfera particular del Reino de Dios sobre la tierra, el dominio donde su autoridad fue manifestada en una forma especial (Jue. 8:23; 1 Sam. 12:12; Oseas 13:9, 10; etc.) Pero la sujeción a él, incluso allí, era, de parte de la nación como un conjunto, parcial y breve. Vino muy pronto el tiempo cuando Jehová tuvo que decir a su siervo: “… por que no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8:7). Entonces Dios señaló a reyes humanos en Israel como sus representantes. Mientras el pacto sinaítico continuó en vigor Jehová se mantuvo como su Rey (Éx. 19:6) – Él fue el rey que “hizo fiestas de bodas para su hijo” (Mt. 22:2). Aunque Saúl, David y sus sucesores dañaron el carácter real, y por lo tanto, en parte fue oscurecido el gobierno divino, el reinado de Dios no fue abolido (2 Cro. 13:8). El trono en el que Salomón se sentó fue llamado “El trono del reino de Jehová” (1 Cr. 28:5).
A través de los profetas de Israel Dios anunció que vendría una manifestación más gloriosa de su gobierno que el que habían visto sus padres en la antigüedad, y prometió que Su dominio tomaría una forma más espiritual en el establecimiento del Reino mesiánico. Esto se convirtió en el gran tema de las predicciones posteriores en el Antiguo Testamento.
La naturaleza y el carácter del Reino por venir fue representado bajo las figuras y formas de aquellas cosas materiales con las cuales la gente estaba familiarizada y por aquellos objetos que eran venerados en el judaísmo.
La creación del reino espiritual e inamovible de Cristo fue el tema y objetivo de todo lo que los profetas declararon (Ver Lc. 1:69, 70; y cf. Daniel 2:24: “Y nos levantó un poderoso Salvador en la casa de David su siervo, como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio” (Lc. 1:69, 70) “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido” (Dan. 2:44)). “Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo (es decir, el mundo venidero de Heb. 2:5, el nuevo mundo traído por Cristo), y no se moverá” (Sal. 93:1), este pasaje es paralelo a Hebreos 12:28 “recibiendo nosotros un reino inconmovible”.
Pero, aunque fue claramente revelado a través de los profetas que el Señor Mesías sería un Rey con un imperio universal, la mayor parte de los descendientes naturales de Abraham se entretuvieron con una concepción errónea de la aparición de Cristo y de la verdadera naturaleza de Su reino; y este error produjo la más perniciosa influencia sobre sus temperamentos y conductas cuando se dio Su primera venida a esta tierra.
El sentido en el que ellos miraban a las profecías mesiánicas halagaba su orgullo y fomentaba su carnalidad. Ignoraban sus necesidades espirituales y se hinchaban con una falsa persuasión de que Dios estaba muy interesado en sus peculiares intereses terrenos por ser descendientes carnales de Abraham (Jn. 8:39, 41). De allí que la vida humilde, la santa enseñanza y los santos reclamos del Señor Jesús fueron amargamente rechazados por ellos (Juan 8:48, 59; Lc. 19:14).
Aunque Dios había hecho muchos anuncios a través de los profetas de Israel que el Mesías ocuparía el oficio real, Dios dio indicios claros de que él sería  muy diferente a los monarcas de la tierra (Is. 53:2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos).
Aunque el dominio y reinado del Mesías había sido descrito a través de símbolos materiales, se había dejado claridad que su reino no sería de este mundo. Zacarías predijo: “He aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zac. 9:9). Cuán diferente fue el esplendor que asumieron los soberanos de la tierra. Qué contraste entre su asno y los magníficos carros reales. La pobreza que caracterizó el aspecto real de Cristo era una evidencia de que su reino no sería temporal. El creador del cielo y tierra, el Señor de los ángeles, desdeñaba las cosas que son altamente estimadas por los hombres.
El error fatal de los judíos en la comprensión de la verdadera naturaleza del reino del Mesías, fue la principal base sobre la cual lo rechazaron y trataron, lo cual se convirtió en su ruina final. Cuánto debemos, entonces, buscar en oración tener una correcta visión del Reino de Cristo y resistir todo lo que tiende a secularizar su santo dominio, no sea que por corromper la economía evangélica, deshonrando así al bendito redentor, finalmente seamos castigados como los enemigos de su gobierno.
La principal causa de la infidelidad de los judíos fue su noción errónea de un reino temporal del Mesías, de la misma manera, la fuente principal para la corrupción del cristianismo ha sido el intento hecho por Roma y sus hijas (y ahora por el neo-carismatismo) de convertir el reino espiritual de Cristo en uno temporal, por medio de la unión de la Iglesia y el Estado, tratando de extender el Reino de Cristo por medios terrenales.
En el evangelio hay una palabra muy significativa después de narrar la entrada real del Señor a Jerusalén sentado sobre el lomo de un pollino: “Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho” (Juan 12:16). Tan prejuiciados estaban los apóstoles por la enseñanza errónea de los fariseos, que ellos no entendieron correctamente la naturaleza del reino de Cristo hasta su Ascensión. Ellos también buscaban un reino material, esperando que apareciera en pompa y gloria externa, y por lo tanto, estaban lejos de aprehender las Escrituras que hablaban del Reino de Cristo como de una apariencia pobre y humilde. Bien dijo Matthew Henry: “La correcta comprensión de la naturaleza espiritual del Reino de Cristo, de sus poderes, glorias y victorias, fue impedida por nuestra mala interpretación  y la aplicación errónea de lo que la Escritura habla sobre el tema”.
¡Ay! Cuán ciegos son todavía los hombres en cuanto a lo que constituye la gloria verdadera del Reino de Cristo, es decir, que este es espiritual, que avanza por medios espirituales, por personas espirituales y con fines espirituales. El reino de Cristo es: “Para someter corazones, no para conquistar reinos; para otorgar las riquezas de Su gracia a los pobres y miserables pecadores, y no como Salomón, para acumular oro, plata y piedras preciosas; para salvar hasta lo sumo a todos los que vienen a Dios por él, y no para propagar la ruina y desolación sobre innumerables provincias (como hicieron César, Carlomagno, Napoleón A. W. P.); para estar rodeado con un ejército de mártires, no con un ejército de soldados; para tener una corte donde los indigentes y los que no son príncipes son libremente bienvenidos” (J. C. Philpot). Solo aquellos que han sido bendecidos con el verdadero discernimiento espiritual serán capaces de percibir en qué consisten los reales honores y glorias del Cordero.
El Rey mediador debe tener necesariamente un reino, incluso en su nacimiento fue proclamado como “Cristo el Señor” (Lc. 2:11); y la primera investigación que hicieron de él fue “¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido?” (Mt. 2:2).
El reinado de Cristo y su reino se derivan de una causa doble: Primero, su soberanía como Dios es esencial a su naturaleza divina siendo: no derivada, absoluta, eterna e inmutable. Segundo, su soberanía como mediador es derivada, siendo dada a él por el Padre como recompensa por su obediencia y sus sufrimientos. Esto tiene dos aspectos distintos: Primero, en su aplicación más amplia y general abarca todo el universo. Segundo, en su administración más estrecha y específica se limita a la iglesia, la elección de gracia.
Además de estas distinciones, es importante resaltar que Cristo nunca afirmó que el establecimiento de su reino en esta tierra dependió de la actitud que tuvieran los judíos hacia él; no, el eterno propósito de Dios nunca quedó supeditado a la conducta de los gusanos de la tierra.
“Cuando los judíos rechazaron a Jesús como el Mesías, él no dijo que la fundación del Reino quedaba pospuesta hasta Su segunda venida, más dijo que el Reino sería quitado de ellos y dado a los gentiles” (W. Masselink, Why the Thousand Years?). “Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a vuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mt. 21:42, 43).
Por otra parte, todos los pasajes en las epístolas hablan del Reino de Cristo como una realidad presente, los cuales refutan la teoría de que Su reino ha sido pospuesto hasta su segunda venida: “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col. 1:13). “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos…” (Ap. 1:9) – El reino de Cristo existía en los días de Juan, y él estaba en él. Cristo es ahora “El soberano de los reyes de la tierra” (Ap. 1:5), y ya ha sido “coronado de gloria y de honra” (Heb. 2:9).
Como consecuencia de la entrada del pecado, Dios ha establecido un reino en antagonismo con el reino de Satanás. Este es esencialmente diferente de los reinos del mundo en su origen, naturaleza, fin, método de avance y permanencia. Es esencialmente un reino de justicia, y su principio fundamental es la lealtad del corazón de sus súbditos al Rey mismo. No es una democracia, sino una absoluta monarquía. La agencia especial para la extensión de este reino son las iglesias de Cristo bíblicamente constituidas con su ministerio regular de predicación.
Por sus operaciones providenciales el Señor Jesús está trabajando en cada esfera y está causando todos los movimientos históricos de pueblos y naciones, civilizadas en incivilizadas, para promover sus intereses y avanzar su crecimiento, aunque mientras se dan tales movimientos, estos quedan ocultos a los sentidos carnales.
La consumación de este reino se dará cuando regrese el Rey, quien recompensará a sus siervos y destruirá a todos sus enemigos.
“Sólo hay un reino o imperio espiritual en el cual Cristo reina para siempre, y que al final será eternamente glorioso en la perfecta gloria de Su rey; sin embargo, en las Escrituras hay tres nombres distintos que se usan para exponer las virtudes y la bendición de ese reino en varios aspectos, a saber, el Reino, la Iglesia y la Ciudad de Dios” (A. A. Hodge).
De los tres términos, la palabra “Reino” es el más flexible, y tiene una gama amplia de usos en el Nuevo Testamento. Designa, en primer lugar, una esfera de gobierno, un reino sobre el cual el gobierno de Cristo se extiende. Significa, en segundo lugar, un reinado o el ejercicio de la autoridad real. Denota, en tercer lugar, los beneficios o bendiciones que resultan del benevolente ejercicio de la regia autoridad de Cristo. “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida – el reino de Cristo no se expresa en esta clase de actividades – sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” – estas son las características de Su reino (Ro. 14:17).
Que el reino de Cristo es de un carácter y de una naturaleza totalmente diferente de los reinos de este mundo se desprende de lo que él mismo enseñó: “Más Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:42-45). Y otra vez dice: “Respondió Jesús: Mi reino noes de este mundo” (Juan 18:36). Observen que él no dijo: “Mi reino no está en este mundo”, sino, “no es de este mundo”. No es una cosa provincial, no es una institución política, no se rige por consideraciones territoriales o materiales, ni es gobernado por políticas carnales, no está compuesto por sujetos no regenerados, ni busca un engrandecimiento mundano. Este es puramente un régimen espiritual, regulado por la Verdad. Esto se deja ver por los medios que él usó en su fundación y sus recursos para su apoyo y ampliación – no la fuerza física, sino la puerta de la gracia.
Algunos hombres que les gusta elaborar innumerables distinciones y contrastes con la excusa de “trazar bien la palabra de Verdad”, establecen una diferencia entre el Reino de Dios y el Reino de Cristo. Pero esto es claramente refutado por el apóstol Pablo cuando dice: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Ef. 5:5), y Juan dice: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo” (Ap. 11:15 cf. 12:10).
Su naturaleza espiritual se deja ver claramente en la declaración de Jehová: “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Sam. 8:7). Su trono y su cetro no eran visibles; de igual manera, cuando los judíos dijeron de Jesús: “no queremos que este reine sobre nosotros” (Lc. 19:14), dieron a entender que no estaban dispuestos a entregar sus corazones a su influencia moral. Así también, cuando Pablo dijo: “Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1 Cor. 4:19-20), él obviamente quería decir: el poder espiritual del reino será experimentado en los corazones.
El reinado de Cristo tiene una doble aplicación: Primero, Él sostiene la relación de un soberano misericordioso con su pueblo redimido, gobernando en amor, sosteniendo sus intereses, supliendo sus necesidades, restringiendo a sus enemigos, capacitándoles por Su servicio ahora y por la gloria que les aguarda en el cielo.
Segundo, Él es el gobernador moral sobre el mundo; y aunque ellos son inconscientes de sus operaciones, todos los hombres son controlados por él, y sus maquinaciones y acciones son dirigidas para que cumplan Sus propios fines. Incluso, las potestades de la tierra son obligadas por su voluntad secreta: “Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia” (Prov. 8:15). “Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová” (Prov. 21:1). Su gobierno sobre el mundo, si, sobre el universo entero, es administrado por una serie de medios sabiamente adaptados, equipados y dirigidos por él.
Es importante reconocer este doble alcance del reinado de Cristo. Al Padre él le dijo: “Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste” (Juan 17:2). El Reino de Cristo como algo interno y espiritual es propio de los elegidos; pero su reino, como algo judicial y externo es universal. Las dos cosas son diferenciadas en el Salmo 2: “Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte” (v. 6) y “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra” (v. 8).
Cristo no es solamente “Rey de los santos” (Ap. 15:3), sino también, “Rey de las naciones” (Jer. 10:7). Él reina sobre toda la humanidad, y sobre todos aquellos que no se someten a Él como Redentor, los cuales estarán frente a él como Juez. “Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás” (Sal. 2:9).
Ahora bien, el Reino de Cristo, considerado en sus aspectos espiritual e interno, dice nuestro autor, es “recibido” por los creyentes, esto es, ellos participan de sus privilegios y bendiciones.
Como el Reino de Cristo no es de este mundo, sino “celestial” (2 Tim. 4:18), entonces, sus sujetos no son de este mundo, sino celestiales. Desde el lado divino, ellos entran a través de la vivificación del Espíritu, porque, “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Desde el lado humano, ellos entran cuando arrojan las armas de su rebelión y toman el yugo de Cristo sobre ellos, porque “si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Juan 18:3).
Fue cuando trasladamos nuestra lealtad de Satanás a Cristo, que pudimos decir: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col. 1:13). Aquellos que han recibido el Evangelio con un corazón honesto han sido admitidos y han sido hechos participantes del Reino de Cristo.
“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible”. Definamos qué es lo que hemos recibido nosotros. Recordemos el significado triple de la palabra “reino”. En primer lugar, significa que somos admitidos en el ámbito o esfera donde Cristo es propietario como Supremo. En segundo lugar, significa que nos hemos rendido al reinado o cetro de Cristo, para que él gobierne sobre nuestros corazones y vidas. En tercer lugar, significa que ahora participamos de las bendiciones del gobierno de Cristo.
La palabra “recibiendo” significa que obtenemos este reino de otro: “Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria” (1 Tes. 2:12). “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? (Sant. 2:5). “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mt. 25:34).

Al afirmar que se trata de un reino “que no se puede mover”, el autor enfatiza una vez más la gran superioridad del cristianismo sobre el judaísmo, y también muestra que el Reino de Cristo es diferente a todos los reinos en la tierra, los cuales están sujetos a convulsiones y conmociones. Este “reino inconmovible” no es más que otro nombre para las “cosas inconmovibles” que “permanecen” del versículo 27. Este reino es la sustancia y realidad de lo que fue tipificado en la economía mosaica. “Hemos recibido un reino que no será movido, ni da lugar a una nueva dispensación. El canon de la Escritura es ahora completo, el Espíritu de la profecía ha cesado, el misterio de Dios ha sido consumado. Él ha puesto su última mano sobre esto.” (Matthew Henry).